jueves 06 de febrero de 2020 - 12:00 AM

El falso ‘trono’ de las apariencias

¿Qué consigue al encubrir la verdadera situación que vive? Lo único que logra es quedarse atrapado en una vida de mentira que, tarde o temprano, lo pondrá en evidencia y lo hará ver ridículo.
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Existen personas que a diario ‘maquillan’ sus vidas. Como sienten una fuerte necesidad de ser reconocidas por los demás, disfrazan su entorno a como dé lugar.

Necesitan vivir de apariencias, pues creen que con el visto bueno que les den los demás llenarán los vacíos que experimentan en sus rutinas.

Aparentar constituye, sin duda alguna, un desacertado mecanismo de defensa que permite ocultar lo doloroso y triste que puede llegar a ser el aceptar la realidad.

Así las cosas, ven en la apariencia la única alternativa para darle vida a ese ‘modelo’ de persona que desearían ser.

Quienes se pasan la vida enmascarando situaciones solo quieren reflejar poder, capacidad económica, éxito laboral, relaciones perfectas, en fin...

¡Qué pena que crean que la clave de la vida sea conjugar el verbo ‘tener’, cuando lo importante es ‘ser’!

Por ello, no es extraño que algunas de estas personas tomen en ocasiones decisiones a la ligera con tal de silenciar cualquier comentario que ponga en entredicho esa imagen, que se han preocupado por proyectar ante los demás.

También el entorno que les rodea hace que estos individuos se vean en la necesidad de asumir diariamente diversos comportamientos que, en últimas, convierten sus vidas en disfraces que usan de acuerdo con las situaciones y con los lugares donde se encuentran.

En ese afán por sentirse parte de un grupo o de determinado estrato, algunas personas incurren en una serie de actuaciones nada originales ni reales, que infortunadamente respaldan los estereotipos que fijan las modas, las publicidades y la sociedad en general.

Cuando las personas pierden su esencia y lesionan su verdadera identidad, además de correr el riesgo de ser descubiertos y hacer el ridículo ante los demás, pueden incurrir en episodios depresivos como producto del conflicto interno que se genera en ellas.

Debe ser difícil asumir que sus existencias solo están adquiriendo sentido a partir del reconocimiento que les pueden dar los otros. Es como vivir en cuerpos ajenos.

Lo peligroso con este juego de las apariencias y mentiras es que muchos naufragan en él al intentar representar un rol que solo corresponde a lo que les gustaría ser. Por ende, se apegan tanto a aquellos bienes materiales que les permiten identificarse con los otros, sin prever que experimentan vacíos que afectan sus vidas.

Es evidente que su inseguridad y la poca tolerancia a la frustración son otras de las razones por la cuales estas personas optan por aparentar de manera compulsiva.

La invitación es, de ahora en adelante, aceptar sus vidas tal y como son, sin que por ello tengan que resignarse a sufrir.

Ser originales es lo único que puede liberarlos de su mitomanía y de la incertidumbre por mostrarse distintos a los que realmente son.

El rol de estas personas y el de cada uno de nosotros en general es ser genuinos y sentirnos orgullos de lo que vamos haciendo de nosotros mismos a través de nuestros caminos de desarrollo personal, profesional y económico.

Nada más grato que mirar a la gente de frente con dignidad y, sobre todo, con la tranquilidad de saber que somos honestos.

Debemos darnos la maravillosa oportunidad de ser transparentes con respecto a quienes somos, más allá de lo que estemos viviendo; solo así encontraremos a las personas y las circunstancias adecuadas, de las cuales extraeremos la experiencia y la madurez necesaria para vivir en paz.

CUÉNTENOS SU CASO

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

El falso ‘trono’ de las apariencias

Testimonio: “Me ocurren demasiados problemas a la vez y quisiera salir corriendo, para esconderme y no atormentarme más. Son contratiempos que tienen que ver con mi cotidianidad. ¡No sé qué hacer! Las personas cercanas me dicen que lo que me pasa es que me quejo mucho, pero la verdad es que me siento estresado y asfixiado con esos líos. Por fortuna no tengo angustias de salud, ni tampoco paso por difíciles condiciones económicas. Sin embargo no logro vivir en paz y armonía. Usted qué tipo de recomendación me daría. Le agradezco su atención”.

Respuesta: Recuerdo una sentencia sabia que siempre les escuchaba a los abuelos que, más allá de ser un juego de palabras, es una realidad: “O enfrenta los problemas o ellos lo aniquilan”.

Asuma de forma valiente sus vicisitudes en lugar de esconderse. Lo mejor que puede hacer es abrir bien los ojos, no solo para darles la cara a los contratiempos sino para solucionarlos.

Es obvio que para ello deberá aplicarse una buena dosis de calma. Aunque a su alrededor exista un verdadero caos, si logra un poco de tranquilidad podrá pensar de una manera más práctica y, por ende, visualizará un entorno esperanzador.

Le corresponderá definir realmente qué es lo que le pasa. De saber con exactitud cuáles son los problemas reales que están afectando su naturalidad.

Total: debe hacer un diagnóstico serio de lo que le sucede.

Pregúntese y respóndase usted mismo qué es lo que la Divina Providencia quiere enseñarle a través de los sucesos que están alterando su estado de ánimo y la normalidad de su agenda.

Los cuestionamientos son precisos: ¿Qué es lo que lo lleva a sentirse así y cuáles son las causas de ello?

Esa clase de reflexión es válida para que pueda procesar lo que está viviendo y sacar de todo el mejor provecho.

Sin embargo, lo más importante es que aprenda las lecciones que el destino quiere darle a través de esas dificultades.

Detrás de todo lo que le sucede -y que le parece incomprensible- se encuentra una enseñanza que debe aprender para seguir adelante en su progreso personal.

Si permanece firme en sus propósitos y en donde está, logrará superar todas las dificultades y hará de cada una de ellas una experiencia exitosa.

Insisto en decirle que salir en estampida sería un grave error. Tampoco tiene sentido que pase todo el tiempo quejándose y renegando de lo que pasa a su alrededor.

Mire las cosas con objetividad y encontrará que tiene muchos elementos para pensar y sentirse de una manera más optimista. Usted mismo lo escribe en su carta: goza de buena salud y no por situaciones económicas adversas.

En medio de sus circunstancias cotidianas, entre esas cosas que le parecen tan difíciles y que considera tan rutinarias en su vida, palpitan otras realidades casi mágicas y valiosas. Descúbralas y se llenará de posibilidades y de interesantes alternativas.

Aprenda a enfrentar sus problemas diarios de una manera positiva y mirando el horizonte, so pena de sentirse más mal y perder las oportunidades que se le van a presentar.

Hágame caso y verá que comenzará a asumir el entorno de una forma distinta y prometedora. Una última recomendación: ¡Pídale a Dios serenidad y sabiduría para actuar!

REFLEXIONES

* Nadie tiene la vida comprada, pues ella se acaba en un ‘abrir y cerrar de ojos’. Todo se nos esfuma de las manos.

* Es fácil juzgar los errores de otros; pero bien difícil es reconocer los propios. Antes de criticar, mírese al espejo.

El falso ‘trono’ de las apariencias

* El tiempo no cambia a las personas, solo les quita las máscaras. De manera desafortunada hay gente así.

* Creo que es mejor hacer el bien que el mal; Dios premia a los justos, a los honestos y a los transparentes.

* Siempre hay tiempo de buscar y de perder; tiempo de guardar y de desechar; tiempo de callar y de hablar.

* La fe es más fuerte que el miedo; un temor solo cuenta con usted, pero la fe cuenta con Dios.

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