martes 09 de abril de 2019 - 4:20 AM

El poder de la mente

Si usted no tiene la voluntad de salir adelante jamás enfrentará sus problemas y, por ende, nunca los resolverá. Piense de forma positiva, asuma una buena actitud, perdónese y téngase la fe necesaria.
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Usted, yo y todos en general afrontamos diversos problemas... Pero, ¿Cómo los asumimos?

Algunos se quedan sumergidos en un letargo que se combina con el escepticismo, la ansiedad y la desesperación; otros, por el contrario, reavivan sus esperanzas y se

ponen manos a la obra para salir del atolladero. También están los que se aferran a la oración como el camino más seguro o, como dicen algunos, como la ‘medicina perfecta’ para sobreponerse a la adversidad.

¿Qué hace usted? ¿Se queda quieto o hace algo para sacudirse de ese problema?

Siempre he creído que todo está en la mente. No en vano al cerebro se le compara

con una computadora; es decir, con esa máquina compleja que da respuesta a los problemas que se le plantean, conforme a la programación con la que ha sido provista y con la información que se le ha suministrado.

La mente es una gran almacenadora de mensajes procedentes del entorno en el cual está ubicado cada ser humano. Y realiza ese trabajo tanto de día como de noche, incluso desde antes del nacimiento hasta la muerte.

Por eso siempre será clave lo que usted piense, pues obviamente eso será lo que al final le desencadenará la actitud que asuma ante un problema.

Si nos alejamos del hecho de estar matriculado en una religión específica, también yo podría decir que cada quien encuentra en su espiritualidad la verdadera salida a cualquier situación.

En el caso de las personas enfermas, si bien son necesarios los tratamientos médicos, ellas deben propender tanto por su salud física como por su salud mental. Dicen que en la sanación, por citar apenas un ejemplo, el 50% recae en los médicos y el otro 50% en el paciente.

¿Qué es lo que las sana? Yo respondería que es la actitud que demuestren con sus dolencias. Quienes se meten en la cabeza que pueden resolver un problema, antes que cualquier cosa adquieren la fuerza de voluntad suficiente para asumir la situación. En muchos casos eso implica cambiar la forma de ser, actuar de una manera propositiva y, sobre todo, permitir que esa sana actitud se refleje en su entorno.

Considero que en el fondo cada quien tiene el don y la facilidad para sanarse a sí mismo, sea a través de la fe o de su propia energía.

Todo eso es válido, menos el quedarse con los brazos cruzados esperando que la solución caiga del cielo.

Un amigo médico, quien siempre cuestiona muchas cosas de la fe y que obvio se podría tachar de incrédulo, me dice que no puede desmentir los testimonios que le han dado muchas personas que llegaron a sus consultorios con diagnósticos casi que terminales y que, al final, gracias a sus buenas vibras, se marcharon sanas.

Creo que la base fundamental de la sanación está en la mente; el resto va por cuenta de los médicos.

Según la fe de cada persona, uno puede ver con mayor o menor tiempo la evolución de una enfermedad. Y aclaro que en esto no le estoy imprimiendo ningún aire de misticismo ni de religiosidad.

Personas de los más variados credos han acudido a los médicos y gracias a su fe ellas mismas se han sorprendido con los resultados obtenidos.

Señores: el pensar bien, la serenidad y el actuar con buena actitud son las salidas más sensatas que se pueden encontrar, no solo ante una enfermedad que nos agobia sino también ante otros problemas.

Es preciso que canalicemos nuestras energías, trabajemos en nuestro desarrollo espiritual y aprendamos a controlar las emociones.

Para que exista sanación la persona tiene que tener voluntad de cambio y sobre todo apartarse de espacios, de personas, de cosas e incluso de ideas que le causan daño.

Usted no saldrá de algún problema si no tiene paz, si no puede dormir o no alberga la tranquilidad de su alma. ¡La clave es la paz interior! Alguien que esté en la penumbra, por más sicólogos que lo atiendan, no estará en la claridad si no tiene la decisión de ver la luz.

De igual forma, estoy convencido de que tenemos un Ser Superior y que cada uno de nosotros es su instrumento. A Dios hay que invocarlo, pero nada lograremos si no

pensamos ni tenemos la suficiente fe en Él.

El caso de hoy

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Estaba acostumbrado a un ritmo de vida que me resultaba agradable. Sin embargo, con el paso de los años he notado que lo que antes era normal o entretenido, hoy está ‘fuera de lugar’ en mi entorno. Me gustaba que antes yo era ‘como un reloj’ y todo me salía bien, ahora todo es más complicado y no disfruto de nada. Me da miedo cambiar y no sé qué hacer para sacudirme y vivir mi presente. Creo que he sido un tipo rígido, pero cuerdo; por eso no me atrevo a lanzarme a hacer ‘locuras’ y de paso perderme en el valle de mi desorden.

Por favor, deme su consejo”.

Respuesta: Los años pasan y las personas tenemos que cambiar con ellos. Lo que antes nos parecía maravilloso, puede ya no despertar el menor interés. Y es normal que ciertas cosas que pasaban inadvertidas hoy tengan más trascendencia.

Aunque no me cuenta mayores detalles en su carta, todo me indica que está en una fase de evolución y de transformación en su vida. ¡A todos nos pasa eso!

¿Qué le puedo aconsejar?

Pues que saque su vida de la cuadrícula en la cual ha querido mantenerla, para que pueda gozar plenamente su existencia y disfrutar al máximo la valiosa experiencia del aquí y del ahora.

Si se relaja y deja que su vida transcurra siguiendo su propio y natural ritmo, si no comete el error de querer caminar en contravía al fluir propio del mundo que le ha correspondido experimentar, y si evita que su cerebro siga con el vicio de querer andar dictando normas de conducta para usted mismo y para los demás, descubrirá que lo que está afrontando lo enriquecerá.

Es importante que se valore y que aprenda a confiar en sus capacidades, en su buen juicio y en la recta intención de todos sus propósitos.

¿Quién dijo que tiene que perderse en el valle de su desorden?

Debe continuar siendo responsable, aunque sí hay momentos en los que conviene abandonar temporalmente la rigidez y la seriedad, para darles paso a pequeños momentos de desestrés y ‘sana locura’.

Percibo que por andar tan preocupado por el tema de la ‘cordura’, ha dejado de participar en eventos de disipación y de alegría, y en ciertas pequeñas ‘locuras que’ seguramente le hubieran hecho muy feliz.

Habrá momentos en los que deberá hacer caso omiso de ciertas ‘normas’ para aventurarse en nuevos comportamientos y caminos hasta ahora no transitados. Creo que le ha llegado el momento de vivir de una manera más libre, menos atada al ayer y con los ojos puestos en el crecimiento. Suéltese, no sea tan rígido y decida ser feliz. ¡Hágame caso!

¡Dios lo bendiga!

FRASES SUELTAS

Buena vibra’: El mundo no es de quien despierta primero, sino de quien despierta feliz. Deje esa cara de amargado y sonríale a la vida.

Oportunidades: La primera oportunidad se da; la segunda se gana y la tercera no existe. ¡No desaproveche su vida!

Con Jesús: Si los demás le dan la espalda, si nadie le da una mano y la alegría se va de usted, recuerde que Dios sí estará a su lado.

La esencia: A veces para tenerlo todo, hay que aprender a vivir sin nada. ¡Libérese de esa vida material!

Encienda la chispa: La felicidad puede encontrarse en los tiempos oscuros; solo hay que acordarse de encender la luz.

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