martes 03 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

El real significado de las luces de estos días

Diciembre es algo más que luces y que ese ‘barniz’ que se usa para ocultar los ‘lunares’ de la casa. Este es un tiempo de reflexión, es un renacer que nos invita también a poner los pies sobre la tierra y nos ayuda a encarrilar nuestra vida hacia sanos propósitos.
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En estos días vemos tumultos de gente comprando artículos de fin de año por doquier: Unos quieren adquirir los más modernos nacimientos, otros están interesados en conseguir la mejor ‘pinta’ para la Nochebuena y algunos más anhelan ‘vestirse’ con las tonalidades de la Navidad. Hay quienes quedan endeudados hasta la coronilla.

Por regla general todos sacan los tarros de barniz para pintar las fachadas de sus casas y en algunos barrios se reúnen para adornar con faroles las cuadras de una manera reluciente.

¡Obvio que ese espíritu no se puede perder y hay que conservar esta bella tradición!

Sin embargo, antes de aplicar ese barniz en nuestros predios o de gastar hasta el último centavo en las compras de esta temporada, deberíamos pintarnos el corazón de colores.

Si bien cada quien conmemora y vive este mes a su manera, durante los últimos años esto se ha vuelto más un hecho comercial que un acontecimiento espiritual.

Es tiempo de desempolvar los baúles de los recuerdos y hacer planes en familia de verdad. Porque más allá de las fiestas o de los aguinaldos, es precisa una ‘revolución’ del alma y de la mente para entender que estos días son algo más que derroches o extravagancias.

Necesitamos que el objetivo de este tiempo sea el de compartir en familia. La idea no es ver quién es el que más se emborracha, el que luce la mejor ropa o el que más presume los regalos del 25.

Debemos comprender que las sanas acciones y hacer bien el trabajo nos garantizan transparencia y sencillez. Estas dos fórmulas nos impermeabilizan y no nos dejan ser frívolos.

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También hay otras acciones que podemos liderar que son sencillas y que, por lo tanto, brillan sin arandelas. Hablo de un saludo, de un reconocimiento en público, de un simple ‘te quiero’ o tal vez de brindar una mano amiga al más necesitado.

Diciembre nos sirve para mirar las cosas de otro modo, así los problemas nos estén asfixiando. No estoy hablando de hacer como que nada nos pasa, pero sí de tener un tono más esperanzador.

También las luces de esta época nos sirven para acabar con la mugre que nos cae, para lijar las asperezas y para eliminar esas ‘taras’ que no nos dejan crecer.

Si limpiamos el alma podremos cubrir aquellas cosas a las que siempre vemos grises. Y lo mejor es que obtendremos una terminación ‘mate’ o con el brillo suficiente para darle vida a un sueño, a un proyecto, a un amor e incluso a un acto tan sencillo como vivir.

Hace parte de diciembre tener tolerancia con quienes opinan distinto y no basarnos solo en los defectos o cosas que nos limitan. Tampoco es conveniente ser duros con nosotros mismos, pues nos corresponde aceptarnos tal y como somos.

Son las formas como asumimos el mundo las que nos dan el significado ético de lo que hacemos.

La verdad ya estamos cansados de promesas falsas o de buenas intenciones sin ejecuciones. La idea es proyectar la verdadera voluntad de cambio.

A pesar de la sencillez que puede tener hoy esta página, hay que admitir que ahí radica la verdadera celebración de la Navidad: en el barniz transparente de nuestras acciones. ¡Dios nos bendiga!

Nos formulan preguntas, vía vanguardia.com

El real significado de las luces de estos días

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar otro horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son los temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

El real significado de las luces de estos días

Testimonio: “Paso por una situación complicada y no sé qué hacer. Quiero decirle que es algo muy personal que, de alguna forma, me mantiene angustiado a diario. No quiero darle detalles de lo que es, pero sí debe saber que a veces me lleno de impaciencia y me inundan los nervios. Percibo que esto jamás terminará. Quisiera hacer como si nada y pensar que todo está resuelto, pero eso solo prolonga mi agonía. He leído alguno de sus escritos y quisiera una voz amiga que me aconseje. Mil gracias por la atención prestada a mi inquietud”.

Respuesta: Ante una circunstancia adversa siempre podrá escoger la actitud con la que afronte ese sufrimiento; es decir, la forma como vea ese problema le permitirá encontrar una solución o no. Aunque no me suministra datos de lo que le pasa, le pregunto: ¿Saca algo con llenarse de temores?

Dicho de otra forma: todo depende del cristal a través del que decida observar lo que le sucede. Es obvio que no puede quedarse contemplando su tristeza o pasar las 24 horas del día desesperado por tal adversidad; debe respirar profundo, tomar decisiones y ponerse manos a la obra.

Eso que le atormenta no puede inundar la totalidad de su ser. Jamás la angustia o la impaciencia serán buenas herramientas para encontrar respuestas eficaces. Es preciso eliminar los nervios y enfrentar la vida. Permanecer con el temor tatuado en la mente sería una indeseable fuente de sufrimiento. Ante una dificultad puede responder de cualquier forma, pero lo que no debe hacer es prolongar la agonía por físico miedo.

¡Ojo... no todo se soluciona ya! Dese tiempo para proceder y permita que cada día tenga su propio afán. Si bien nada se soluciona ‘solo porque sí’, con calma podrá encontrar el camino.

¡Tiene que apropiarse de entereza para salir adelante!

Soy de los que cree que nada es para siempre y que los problemas no son infinitos: Todo tiene un inicio, un recorrido y un final. Se lo digo porque si logra vislumbrar en qué parte se encuentra y detecta lo que originó esa circunstancia, podrá resolver cualquier problema con inteligencia y serenidad.

En conclusión siga estos seis pasos:

1. No niegue lo que le pasa y enfréntelo. 2. Detecte las causas que lo llevan a padecer esa angustia. 3. No se desespere si no encuentra de una la salida. 4. No pierda la esperanza. 5. Busque a Dios o, si lo prefiere, solicite una orientación profesional. 6. Actúe de la manera más adecuada, pues las soluciones no solo se piensan, sino que además se llevan a la práctica.

¡Tranquilo! Eso que hoy le parece insufrible, mañana será una nimiedad. Hágame caso y me cuenta cómo le va. Le envío un fuerte abrazo.

Reflexiones sueltas

El real significado de las luces de estos días

* Lo que está destinado a usted, se esconde detrás de las casualidades, de los imprevistos, de las vueltas que da la vida, de las sorpresas y de los momentos sin planear. Permita que el argumento de su existencia fluya. Todo está conectado con un hilo invisible. Y a pesar del tiempo, del lugar o de las circunstancias todo en la vida se aclara. Ese hilo se puede apretar y hasta enredarse, pero nunca se romperá. ¡Es así de sencillo!

* Todos somos espirituales, incluso los que algunos tildan de ‘malos’. La espiritualidad no es exclusividad de nadie. Ella está en nuestro ADN, no para compensar el fracaso de la vida sino para entender nuestra misión. Ella es algo interno que le da luz a nuestra humanidad para seguir adelante con fe y esperanza. Hasta que tenga claro lo que lleva en su inconsciente, este último dirigirá su vida y usted le llamará ‘destino’. Acepte la vida en todos sus aspectos, pero jamás se resigne a sufrir.

* Si al nacer no trae nada y cuando muere no se lleva nada... ¡Dedíquese entonces a ser feliz! Siga a su corazón, él lo conducirá a esos lugares a los que su mente nunca podrá llevarlo. ¡Relájese, más de lo que Dios quiera no pasa!

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