jueves 31 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

Encomendemos el año que viene a Dios

Tras un año tan difícil como el que terminamos hoy y dadas las circunstancias actuales en las que nos encontramos, nos corresponde afianzarnos en nuestra fe y mantener la esperanza viva por un 2021 lleno de vida y con nuestro corazón puesto en las Manos de Dios.
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Somos vulnerables: nadie está aislado del dolor o de la tristeza. Con menor o mayor proporción, nos toca transitar por la vida con algunas angustias y siempre hay pruebas, dificultades, depresiones o tiempos asfixiantes.

Entender la realidad que estamos afrontando hoy, reconocer nuestro propio dolor e incluso sanar las heridas que nos hemos hecho a nosotros mismos serán acciones fundamentales para seguir en el camino.

Se nos está permitido sentir, reconocer estas emociones como propias y entender que el miedo y la tristeza embargaron nuestros corazones.

Este 2020 que termina nos movió el piso. Sin embargo, los momentos duros, esos que nos llenaron de oscuridad, también nos ofrecieron elementos para adquirir fortaleza y madurez.

A muchos nos ha correspondido afrontar en estos largos meses de pandemia tremendos retos, pero también todo ese tiempo nos ha dejado enormes enseñanzas.

Y una de ellas es que hay que vivir cada día como si fuera el último, pero al mismo tiempo debemos diseñarla como si no tuviese fin porque no hay chance de quedarnos quietos, con los brazos cruzados ni esperando que todo termine.

A los que perdieron la batalla con el virus no los podremos olvidar jamás; guardaremos sus memorias y desde nuestros corazones debemos prometerles que transformaremos sus aguerridas batallas y sus fortalezas en lindos amaneceres para renacer a pesar de sus partidas.

Debemos seguir apoyándonos con nuestros seres queridos y con todos aquellos que son importantes para nosotros, pues ellos son los que le han dado sentido a nuestra existencia.

No me cansaré de recordarles a través de estas páginas que no nos podemos olvidar de la dimensión espiritual. Solo así podremos superar algunas de las secuelas que tendremos que atender de ahora en adelante para prevenir las futuras crisis desde sus propias raíces.

Finalmente quiero decirles que mientras haya vida, habrá esperanza.

Así las cosas y en medio de la natural zozobra en la que hoy se encuentran muchas familias, es preciso encomendarnos a Dios para encontrar la serenidad que nuestra alma necesita.

Enfrentemos esta etapa árida de la vida teniendo siempre presente que el Señor no nos dará cargas más pesadas de las que podamos soportar.

Además, con la Bendición de Jesús encontraremos el poder de remplazar el caos por la calma.

La clave para salir adelante consiste en asumir con entereza todo lo que llegue a nuestra vida.

Por favor, no les demos importancia a tantas cosas triviales que nos ocurren y vivamos intensamente los buenos momentos, entre otras cosas, para no arrepentirnos más tarde del tiempo perdido.

Más allá de las adversidades, démosles la bienvenida a tiempos mejores. Si no tomamos esa decisión, la vida en esta fase desértica nos resultará más dramática.

En medio de estos momentos que un enemigo nos quita la tranquilidad, es indispensable ser fuertes. La esencia del asunto radica en sobreponernos y alcanzar la paz que, a decir verdad, está dentro de nosotros mismos.

Hay que dar ese paso decisivo hacia nuestra transformación, encomendando el año que viene a Dios. Amén.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. Pero con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo atormentan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Atravieso desde hace mucho rato por una situación que me tiene atado. Hay algo que no soy capaz de dejar y eso atormenta mi vida. A veces pienso que si aguanto ese tedio en el que estoy, algún día podré encontrar mi verdadera felicidad. Llevo mucho tiempo soportando un asunto que, aunque no tiene futuro, me mantiene con la ilusión de que algún día podría cambiar. No siempre me sentí así; al principio era muy pleno con lo que tenía, pero hoy esa plenitud se transformó en aburrimiento. Tengo miedo de dejar todo atrás. ¿Podría darme algún consejo? Se lo agradecería”.

Respuesta: Aunque en su carta usted no es preciso sobre qué es eso que lleva tanto tiempo padeciendo, ni mucho menos me dice qué es en concreto lo que le aburre, déjeme decirle que nada logra quedándose anquilosado esperando lo que al parecer nunca llegará.

Cierre los ojos y por un instante analice en ‘qué’ o en ‘dónde’ se encuentra y ‘qué quiere’ hacer con su vida. Haga un recorrido por lo que ha experimentado durante estos últimos años, analice qué lo llevó a estar mal y, sobre todo, evalúe qué tanto bien le puede hacer el apegarse a algo que, según sus propias palabras, “no tiene futuro”.

Recuerde que cada cosa que experimenta cumple su tiempo y tal vez, por lo que leo en su carta, ese ciclo está a la espera de ser cerrado. Para que pueda cerrar ese capítulo de la mejor manera debe sentirse en libertad de recordar las cosas extraordinarias, las cosas buenas y las cosas malas.

Eso sí, no se ate a esos remordimientos o añoranzas. Si quiere esclarecer lo que vendrá, será preciso perdonar, pasar la página, avanzar y tomar las riendas de su vida.

No siga en su afán por aferrarse a ese ‘algo’ que lo aturde, no insista en arruinar su vida con esperanzas tibias. Si actúa de una manera necia, se desgastará y hará trastabillar su vida.

No sea como esas personas que dejan pasar sus años mudadizos llenándose de canas, de arrugas y de achaques solo por no atreverse a ‘soltarse’ de lo absurdo.

Aprenda a interpretar las ‘mil y una circunstancias’ que le traiga su entorno y tenga la fortaleza suficiente como para asumir la vida con entereza.

Tal vez le duela un poco, pero salir de esta situación será muy saludable en este nuevo año. Tenga presente las lecciones aprendidas y deje ir lo que definitivamente no le hace bien. Agradezca cada instante por lo vivido, sonría y decida visualizar un mejor horizonte.

Si toma decisiones y resuelve de una vez por todas este asunto que viene postergando, Dios lo guiará y bendecirá.

REFLEXIONES CORTAS

* Cuando no se logra interiorizar las consecuencias de determinadas decisiones o de ciertas situaciones, el pasado vuelve una y otra vez. Pero él no siempre lo hace a través de recuerdos, también adopta las formas de las inseguridades y de las recriminaciones; esas son las heridas emocionales que tal vez usted todavía no ha cicatrizado. Si se enfoca en la herida, va a continuar sufriendo; pero si se enfoca en la lección, se sanará.

* Jamás olvide que lo que se busca se encuentra. La persona que pone de su parte, logra dar con algún resultado; de ahí la importancia del esfuerzo y de la perseverancia. Si tiene fe, Dios se apiada e ilumina su camino para que encuentre lo que necesita.

* El secreto de la salud física y mental no es llorar por el pasado, preocuparse por el futuro o anticipar problemas, sino vivir el momento presente con sabiduría y seriedad. O sea que si vive el hoy con naturalidad, ese proceder lo lleva a la felicidad.

* Aunque muchos temen a los cambios, ellos son buenas oportunidades para crecer.

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