jueves 25 de junio de 2020 - 12:00 AM

¡Encontrémonos a nosotros mismos!

Si hay algo que nos permite hacer este tiempo de confinamiento o de aislamiento social, es reflexionar y conocernos a nosotros mismos.
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Tal vez este tiempo de pandemia nos tiene ‘enfrentados’ con lo que hemos hecho hasta ahora con nuestras vidas. También es probable que estemos afanados por lo que nos espera.

Aunque las angustias nos invadan, es bueno no dejarlas agrandar y debemos ‘sacudirnos’ de ellas para buscarles las mejores salidas a los problemas y visualizar un mejor porvenir.

Usted, yo y todos en general deberíamos entender que las respuestas a las inquietudes no están afuera, ni dependen de la terminación o no de la pandemia.

En el fondo la vida nos está pidiendo mucha atención y dedicación a nuestros asuntos, para que sigamos la línea correcta y podamos evolucionar. Y en cierta medida, el confinamiento en el que andamos resulta ser un tiempo oportuno para analizar con detenimiento las cosas que hemos realizado y las que están pendientes.

Considero que este es un momento clave para reflexionar. Es una ocasión para revisar nuestra existencia por dentro y para analizar si lo que estamos proyectando es realmente lo importante.

La ‘crisis’ está en la fase decisiva, no por los picos de los contagios del COVID-19 sino por los pasos que debemos dar para hacerle una modificación positiva a nuestra vida y tomar sanas decisiones.

Deberíamos mermarles a la angustia y a la ansiedad que hoy nos acosan y, en la medida de lo posible, tomarnos el tiempo necesario para descansar, para distensionarnos y, sobre todo, para poder pensar con total claridad lo que estamos viviendo.

Realmente todo está por dentro de nosotros. Lo que sucede es que hemos aprendido, de manera desafortunada, a construir barreras infranqueables que nos impiden sincerarnos y no nos dejan ver ‘frente a frente’ para encarar nuestros temores.

Por eso hoy no somos capaces de hacer un análisis objetivo e imparcial, ni ideamos una autocrítica constructiva para saber qué hemos hecho ‘bien’ o ‘mal’ y qué debemos hacer para desintoxicarnos de tanta ‘basura’ que hemos venido acumulando.

Insisto que en lugar de buscar las respuestas fuera de nosotros, debemos indagarlas primero en nuestro interior. Allí encontraremos las piezas que nos hacen falta para completar este rompecabezas que tanto nos afana.

Cuando sabemos cuál es nuestra misión y qué es lo que queremos, las decisiones resultan más fáciles de tomar y más acertadas; con lo cual se evita la comisión de muchos errores.

Pero para que exista esa claridad es muy importante ser sinceros con nosotros mismos.

Es hora de empezar a trabajar en serio y dejar esa vieja manía de quejarnos de todos y de todo. Cualquier actividad que nos saque de la rutina y nos obligue a innovar será la mejor.

También debemos reconciliarnos con nuestra fe, más allá del credo que cada quien tenga. No podemos abandonar el camino del desarrollo espiritual, pues por esta vía encontraremos la fuente de todas las fuerzas que necesitamos para seguir.

De manera precisa, la pandemia nos hizo voltear los ojos al Dios vive en nuestra raíz.

Hoy podemos saber que podemos dejar todos nuestros problemas en las Manos del Señor, no sólo porque Él está por encima de ellos, sino porque la fe nos revitaliza.

Si nos llenamos de esperanza y optimismo, junto a nuestro Creador lograremos cosas maravillosas.

En síntesis, con este sencillo texto sólo planteo la importancia de ir hacia nuestra interioridad, pues allí también hallaremos el poder que nos permitirá vencer las barreras y solucionar cualquier vicisitud.

Detectaremos además las claves para entender los ‘porqués’ de nuestras aflicciones y de nuestros cambios de ánimo.

Nuestro cuerpo y mente tienen muchos secretos para contarnos; sólo nos basta decidirnos a oír nuestra propia conciencia y descubrir cuál realmente es la misión que nos corresponde cumplir.

Es hora de animarnos y seguir asumiendo el arte de vivir.

Claro está que debemos hacerlo de una forma diferente, pues al conocernos nosotros mismos iluminaremos nuestro camino con la luz que viene del Dios y que está en cada uno de nosotros.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo durante esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Antes de la pandemia todo era armonía en mi vida. Tuve buenas entradas económicas durante los últimos 5 años y, con mi forma de trabajar, todo me resultaba súper. La cosa cambió con la cuarentena y hoy estoy endeudado hasta los tuétanos. Me da miedo que cuando se inicie la reapertura las cosas se compliquen más y mi cuadro financiero empeore. Temo arriesgar lo poco que me queda en cosas nuevas o inciertas, incluso algunos me reprochan el hecho de que no sepa cómo actuar. ¿Sabe? Yo no era así, era decidido, seguro y valiente. Hoy me siento bajo de nota y preocupado por mi futuro. Me gustaría que me ofreciera algún consejo. Gracias”.

Respuesta: Lo entiendo, muchos estamos así. Pero no le ponga límites a su vida, pues ello podría representar una barrera para su progreso personal y su crecimiento profesional. No permita que la pasajera crisis económica por la cual atraviesa en estos momentos arruine la serenidad que venía irradiando su mundo. Esta dura situación de la pandemia no puede hacerle perder el equilibrio ni su buen estado de ánimo.

La vida está cambiando permanentemente y este 2020 obvio no es la excepción. Tal vez en el pasado reciente sus tácticas le funcionaron y le fueron útiles; pero el COVID-19 nos obliga a rehacernos.

Como buen “león”, afile sus garras, recupere sus fuerzas y salga a devorarse el mundo, teniendo en cuenta que obviamente estamos en una época de transformación. ¡Asúmalo frontalmente y sin eludir sus responsabilidades!

Deshágase de los pensamientos tristes, de los sentimientos negativos, de las esperanzas infundadas y de esa vieja tendencia a agarrarse, entre otras cosas, porque la clave de la vida está en soltarse. Elimine esos mensajes catastróficos, porque una vez termine todo esto vendrán sanos tiempos en los que podremos darle un giro alentador a nuestras vidas.

Llegó el tiempo de pensar en grande. Tenga claro que Dios lo bendecirá y por ende vendrán para usted valiosas oportunidades.

No obstante, no puede desaprovechar las circunstancias que el mundo le dará. No se niegue a las oportunidades. No soy quién para asesorarlo en sus proyectos económicos, pero pienso que una dosis de riesgo moderado le será conveniente.

Si actúa con seguridad y valentía podrá demostrarse a usted y especialmente a sus detractores de qué pasta está hecho, así como su verdadera capacidad. Con disciplina, perseverancia y fuerza de voluntad superará esta etapa, aún en lo económico. Sé que todas las fuerzas de la vida se pondrán a favor suyo. ¡Hágame caso y pídale a Dios fuerza y claridad para que pueda salir adelante!

REFLEXIONES CORTAS

* No olvide que la mejor bendición que Dios le da hoy es un día más de vida. Procure no empezar esta jornada con las partes rotas de ayer; esta mañana tómese un café y despierte a un nuevo comienzo. No desaproveche su existencia, disfrútela y tenga la certeza de que el Señor estará a su lado. Respire, sonría y haga lo que tanto anhela; para ello sólo basta una buena actitud.

* Una vez que adquiere un compromiso, es necesario disciplina y trabajo duro para cumplir con él. Lo invito a ser un hombre trabajador, pero no se convierta en un ser que quiere controlarlo todo. No se encasille en reglas tercas; usted debe ser consciente de que es un humano y puede evolucionar.

* Nuestra realidad está sesgada por los estados de ánimo, el peso de nuestros recuerdos, y nuestras interpretaciones y pensamientos. Por eso nos corresponde aprender a ser arquitectos de nuestra cotidianidad viendo la vida tal y como ella es, sin espejismos o ilusiones baratas. El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes ni en viajar mucho, sino en tener otros ojos. Es maravilloso comprobar cómo cambia la vida cuando eliminamos un pensamiento terco.

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