jueves 24 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Entre la oscuridad siempre surge un rayo de luz

No hay que ser pesimistas para constatar que atravesamos por momentos difíciles. Pero también, con bastante objetividad, debemos afianzarnos en nuestra fe para encontrar una luz de esperanza.
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Hoy tendemos a expresar menos sentimientos positivos, pues atravesamos por uno de los peores estados anímicos de los últimos tiempos.

La incertidumbre por lo que vendrá también nos tiene muy ‘achantados’. Cada día que pasa estamos sometidos a mayores niveles de ansiedad y de estrés.

Y la verdad, eso que experimentamos es relativamente ‘normal’ porque afrontamos por una etapa difícil en todos los aspectos.

Sin embargo, no podemos quedarnos en la oscuridad que nos ha embadurnado. Hay que buscar ese rayo de luz que nos devuelva el aliento.

Es preciso ver otra arista de la situación. Es probable que aún no lo hayamos comprendido bien del todo, pero las vicisitudes que nos ha traído esta prolongada pandemia son pruebas que la vida misma nos está dando para sacudirnos de la ‘somnolencia’ en la que veníamos asumiendo con nuestra vida.

Es claro que el coronavirus nos ha golpeado fuerte, pero también nos está haciendo ver la vida bajo otras perspectivas; la clave está en lograr que ellas sean positivas y no negativas.

El confinamiento, del que hasta hace poco estamos saliendo, de alguna forma se convirtió en una oportunidad para replantear nuestro estilo de vida.

Porque si bien no podemos cambiar lo que ya pasó, sí está en nuestra manos asumir la mejor actitud y hacer que esta crisis sea de aprendizaje. Si lo hacemos, mañana podremos decir que ‘todo ha sido para bien’.

Hoy, por fortuna, le damos gran importancia a cultivar nuestra espiritualidad, pues ella puede ayudarnos a descubrir qué es más significativo en nuestra existencia. Y si tenemos claro lo que es más importante, podemos enfocarnos menos en las cosas materiales y convertirnos en mejores seres humanos.

Tras el duro 2020 que hemos vivido, hemos entendido la importancia de acercarnos más a Dios y, sobre todo, empezamos a admirar la grandeza desde lo pequeño, entendiendo por ejemplo que el dinero, los lujos y los egos jamás podrán ser más relevantes que la familia y el verdadero amor.

Aunque hay pandemia, los atardeceres siguen siendo hermosos e incluso creo que ahora los disfrutamos más. No en vano en redes vemos a más de uno regalándonos las imágenes que captan cuando el sol se esconde.

Dios quiere aumentar nuestra fe y solo es necesario que pongamos nuestras cosas en manos de Él.

Por más adversidades que afrontemos, recordemos que junto al Señor podremos derrotarlas.

Nuestro argumento está basado en la fe y eso implica, primero que todo, confiar en el Creador.

Nos corresponde entender que con la Bendición de Él y con nuestra esperanza, sin importar que las circunstancias sean difíciles, saldremos adelante.

Necesitamos tener esa claridad y entender que, aunque la adversidad nos golpee, nos vamos a restaurar.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Nunca me ha gustado asumir riesgos porque, cuando los he aceptado, he tenido mil tropiezos. Y ahora, con esto de la pandemia, me da miedo soltar lo poco que tengo para aventurarme. Es obvio que mis asuntos no marchan bien. Estoy frenado, tengo dudas y me encuentro en medio de una tremenda zozobra. ¿Qué me aconseja”.

Respuesta: No es el único que pasa por esta situación. Sentir cierto temor al cambio, sobre todo con esta indecisión en la que andamos tras la emergencia sanitaria, es más común de lo que piensa. Así las cosas, entiendo su angustia.

No obstante, quiero que analice que si bien el miedo al cambio puede resultar ‘normal’, no permita que lo deje paralizado.

La realidad es que su vida cambió y es fundamental que sea capaz de dejar lo pasado atrás; de lo contrario, correrá el peligro de quedarse rezagado.

Me dice que no le gusta asumir riesgos, por decepciones pasadas. Decida enfrentar con fortaleza este momento y no se autosabotee con un supuesto nuevo descalabro.

Ojo: no lo estoy mandando a dar un paso al vacío. Conservar los pies en la tierra ayuda a focalizar los objetivos.

Lo que trato de decirle es que no vaya por ahí tomando todos los riesgos del mundo, sino que en el momento en el que sienta que algo no marcha bien en algún aspecto, tal y como parece que siente hoy día, tome la decisión de generar una transformación positiva.

Ser precavido al momento de tomar medidas que impliquen un cambio. Pero insisto en que no puede quedarse paralizado. Además, frenarse no le hará sentirse bien.

Es cierto que hay circunstancias en las que no tiene sentido arriesgarse, sobre todo si piensa que sufrirá duros golpes. Es evidente que usted atraviesa por una época en la que las dudas son ‘el pan de cada día’. Pero, si analiza bien, podrá tomar sanas decisiones con serenidad.

Pienso que son los apegos los que le están impidiendo desarrollar un variado y diferente panorama.

Mire más allá de los problemas y verá que el mundo no termina con la pandemia, ni que esto será para toda la vida.

Cierre los ojos y déjese maravillar con el simple hecho de estar vivo. La vida entera es un experimento y cada día es un reto.

Mantenga firmes sus expectativas y esfuércese por renovarse, pero sobre todo, imagine que conseguirá lo que se proponga. De esta forma será más sencillo orientar su camino.

Pídale mucha sabiduría a Dios para que pueda ver más clara la ruta a seguir. ¡Le envío un abrazo!

REFLEXIONES CORTAS

* Muy pronto, cuando todo esto haya pasado y la pandemia sea solo un recuerdo, usted y yo miraremos hacia atrás y estaremos muy felices de no haber renunciado a seguir mirando la vida con un tono propositivo.

* Nada de lo que otros hacen o dicen tiene que ver con usted; es solo la proyección de ellos. No se preocupe por el ‘qué dirán’.

* Cuando diga la palabra ‘lo siento’, asegúrese de comprender que una disculpa tiene tres partes: “Lo siento”, “Es mi culpa y no lo volveré a hacer” y “¿Cómo puedo mejorar las cosas?”. La última inquietud es la más importante”.

* Cada día debemos levantarnos y hacernos un serio llamado a vivir con conciencia. Apaguemos el ‘piloto automático’ en el que vivimos y comencemos a vivir percibiendo todo lo bueno, lo real y lo sagrado que tenemos a nuestro alrededor con amor, honestidad y transparencia.

* Hay que juntarnos con gente buena, comer sin culpa, bailar sin vergüenza, reír a carcajadas sin pena y estar a la lado de esas personas que saben disfrutar la vida sin hacerle daño a nadie.

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