martes 25 de enero de 2022 - 12:00 AM

Es clave que la vida no nos pese tanto

Los problemas y las angustias suelen pesar demasiado, sobre todo en esta época. Debemos aprender a relajarnos y a ver la vida con ojos más esperanzadores.

A veces nos levantamos con cierta pesadez en nuestro estado de ánimo que no logramos explicar. Nos sentimos decaídos y el desaliento se ‘enquista’ en nuestra alma y no nos deja vivir en paz.

Es como si la vida nos colgara a la espalda una buena cantidad de bultos y nos hiciera caminar con ellos, al punto de debilitarnos y vencernos con ráfagas de apatía, de abatimiento y de temor.

Y, de manera precisa, lo que más nos dobla la espalda es el miedo que genera la incertidumbre de no saber qué es lo que estamos afrontando.

Nuestro afán de control se ve totalmente frustrado cuando se tiene que asumir una situación como ésta. La desazón sobre la continuidad y la calidad de nuestra vida se agudiza porque nuestra esperanza comienza a trastabillar.

¿Se ha sentido así?

Ojo: debemos estar atentos a estas emociones y tomar conciencia del modo en que estas feas sensaciones están incidiendo tanto en nuestra salud mental como en la física.

En muchas ocasiones todo eso obedece al estrés, a las angustias y en general al decaimiento que queda tras los problemas cotidianos.

También nos acostumbramos a nutrir aquellas cosas que son coherentes con nuestro estado emocional y empezamos a recordar el pasado, nos volvemos nostálgicos e incluso nadamos en los recuerdos triste del ayer.

No podemos permitir que la autoestima siga en el piso, porque ella sigue siendo nuestra responsabilidad y por lo tanto debe ser protegida.

Lo peor es que todo eso genera un impacto negativo sobre nuestro cuerpo, sobre todo en el sistema inmunitario que aumentará potencialmente el riesgo de sufrir alguna enfermedad.

El primer paso que debemos dar consiste en identificar lo que estamos sintiendo. Cualquier emoción que nos haga sufrir, requiere aceptación.

Es decir, si reconocemos lo que estamos afrontando, aunque no nos guste, al menos lograremos no pelearnos con lo que no podemos cambiar y podemos usar esta energía para potenciar nuestro autocuidado y buscar el disfrute de lo que tenemos más a la mano.

Una vez entendamos el motivo, debemos trabajar para salir de ahí. Y sea lo que sea, será preciso cambiar el foco y centrarnos, en la medida de lo posible, en cosas positivas que nos permitan reconciliarnos con la vida misma.

Una de las reglas básicas en esta terapia es realizar cosas que nos hagan sentir bien con nosotros mismos, de tal forma que la tristeza vaya perdiendo su espacio y empecemos a vibrar con una energía más esperanzadora, siempre con la Venia de Dios.

Ojo: todo lo que pensamos y sentimos se refleja en el cuerpo. Así las cosas, nos corresponde adoptar una ‘postura de confianza’, que nos haga sentir más relajados. Eso nos permitirá cambiar el semblante y vivir de un modo más práctico y sencillo.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Es clave que la vida no nos pese tanto

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá y lo aconsejará. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “El tiempo pasa volando y no avanzo. De hecho, ya han transcurrido casi cuatro semanas desde la celebración del fin de año y todo ha sido en vano. Recuerdo que la reflexión y la proyección que hice, durante la fiesta del 31, me sugerían abrirme a la esperanza; no obstante, estos días de enero han pasado sin pena ni gloria. Descubrí que eso que soñé es pura fantasía, pues todo es complicado e incierto por culpa de los problemas y los dolores de cabeza que padezco. No sé si es que soy un hombre sin fe o es que no sé visualizar mi futuro. ¿Qué piensa de mi caso?”.

Respuesta: No es posible abrirse a la esperanza cuando su mente vive inundada de desconfianza y cree que todo en su vida es “complejo, difícil e incierto”. Entiendo que los momentos por los que pasa puedan ser difíciles, pero nada logra asumiendo el rol de la víctima.

Además, la esperanza por un mejor porvenir se construye desde pensamientos orientados a objetivos concretos, que le den un sentido a su vida. Le aconsejo que abone las semillas del optimismo y crea más en sus capacidades.

Solo han pasado 25 días del año y usted cree de, manera errada, que la esperanza es un deseo fantasioso. ¡No señor! Sentir esperanza es creer en la posibilidad de cambiar, de sanarse, de fortalecerse y de encontrar la misión que le corresponda cumplir.

Yo pienso que está en mora de trazar un camino que fortalezca su identidad, su espiritualidad y su fe. Si lo hace, podrá avanzar de verdad, será más feliz y se sanará de tanto escepticismo, pues podrá crear un espacio interior de paz y armonía.

No se deje llevar por el estrés cotidiano, por la ansiedad y por todos estos sentimientos que lo afectan al no cumplir determinada meta.

Además, tenga presente que siempre puede acudir a Dios para pedir que le dé sabiduría y le permita cristalizar sus metas. ¡Hágame caso!

REFLEXIONES CORTAS

Es clave que la vida no nos pese tanto

* Viva el presente: La clave es el momento presente, no el ayer ni el mañana. Lo menciono porque, por alguna extraña razón, el tiempo presente parece habérseles perdido a muchos de sus pensamientos. Acuérdense que el ‘después’ puede ser muy tarde. El día es hoy y no estamos en edad de posponer nada.

* Juego de palabras: He aquí una singular definición de una corazonada, al cual reza que ella es eso que “usted sabe, pero que no sabe cómo lo sabe”. ¡Déjese guiar por su intuición! Y cuando se encuentre con un problema y no vea la solución, siga su guía interior. Cuanto más le tenga fe a su instinto, más poderoso se volverá.

* Bonita: La vida es más bonita cuando ama, cuando perdona, cuando comparte, cuando no guarda rencores, cuando es empático, cuando le da la mano a alguien que lo necesita, cuando se tiene fe, cuando mira hacia el frente, cuando es resiliente y, sobre todo, cuando tiene a Dios en su corazón.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.
Suscríbete
Image
Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

Lea también
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad