martes 23 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Esa carrera desaforada por ser ‘el mejor’

¿Por qué ese afán de querer llegar de primero? En esa carrera desaforada por ganarles a los demás, nos estamos perdiendo la posibilidad de disfrutar la vida misma.
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En el pasado ser el mejor era un asunto de calidad y de crecimiento personal. Ahora parece que lograr el primer lugar es una fea práctica en la que cada quien quiere pasar por encima de ‘todo y de todos’.

Tenemos una imperiosa necesidad de ser reconocidos, no importa el precio que debamos pagar por ello. Y ese afán de protagonismo nos está generando muchos problemas cotidianos.

Sucede que en esa guerra por ganar se desbordan los egos; y es tal frenesí que se han venido ahogando los valores y las calidades humanes, sin contar que se está apagando la confianza en las demás personas y en sus capacidades.

El accionar de quien quiere ser el número uno, de manera peligrosa, hace que todo sea válido; incluso hasta quitarles el mérito y las oportunidades a los supuestos rivales.

¿Vale la pena llegar primero a la meta a toda costa? ¿No es más válido esforzarnos para hacer la diferencia bajo los preceptos del respeto por el otro, siendo nosotros mismos y sin mayores aspavientos que los de servir y de ser útiles en nuestro medio?

¡Claro que es bueno ser el mejor! Pero mejor profesional, mejor persona, mejor esposo, mejor amigo, mejor compañero de trabajo, mejor papá, mejor hijo, en fin...

Es probable que la culpa no sea del todo de los que quieren ganar, sino de un mundo globalizado que está enseñando a la gente a llegar al tope de las estadísticas, en las que supuestamente hay que ser el ‘más vivo’ al precio que sea.

Los profesionales de hoy día viven bajo una fuerte presión por alcanzar determinados resultados; y eso, de alguna forma, les impide disfrutar sus trabajos y los lanza a cuadros profundos de frustración.

Ojo: no estoy diciendo que elevar nuestras expectativas y fijarnos estándares que nos lleven a mejorar sea malo; de hecho creo que ese es el método clave para conseguir grandes éxitos en cualquier área, sea personal o profesional.

No obstante, hay que tener presente que hay centenares de casos de personas exitosas, con fama, con dinero, bien esculpidas físicamente que, a pesar de ser los número uno en todo, confiesan que no son felices y, en más de una ocasión sus vidas han desembocado en largos episodios de depresión.

Esa absurda idea de ganarnos la vida ‘llevándonos por delante a los demás’ e incluso por encima de nuestra propia tranquilidad, lo único que ha hecho es multiplicar los casos de personas amargadas con tales estilos de vida.

Insisto en decir que no le estoy haciendo una apología a la mediocridad. ¡Ni más faltaba! Sin embargo, en nuestro ‘día a día’ podemos contemplar la posibilidad de no ser los ‘chachos’ de todo.

Creo que nos está haciendo falta una buena dosis de equilibrio y de humildad para ganar o perder, cuando sea el caso.

Es decir, hay que apostarle a ser buenos, siempre y cuando ello no nos sumerja en una guerra en la que debamos destruir a quienes compiten en nuestro medio.

Usted, yo y en general todos debemos ser los protagonistas de nuestras propias historias, trabajando para alcanzar nuestros sueños ‘con’ y ‘entre’ los demás, pero no ‘a pesar de ellos’.

Es decir, se trata de un protagonismo visto en términos positivos, en tanto que debemos hacer uso de una libertad para actuar, dejándonos llevar por la misión de ser útiles a la sociedad y realizando aquello que de verdad nos dignifica.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me siento desanimado y malhumorado. También he venido perdiendo la confianza en mis capacidades y lo peor es que no logro restaurar el entusiasmo ni mis energías. No sabría decirle exactamente por qué me siento así, aunque obviamente tengo problemas. Se podría decir que no tengo aliento para hacer nada. ¿Qué me podría aconsejar?”

Respuesta: En muchas ocasiones nos vemos enfrentados a situaciones que nos generan ese tipo de fastidio y que afectan nuestro estado de ánimo.

Es relativamente ‘normal’ que tengamos problemas; pero si estamos desanimados para enfrentarlos, la situación se vuelve más difícil.

Las mismas Sagradas Escrituras afirman que “el desánimo es como un ladrón que nos roba la confianza, el valor y la alegría que necesitamos para luchar contra las adversidades”.

De todas formas hay que entender que la vida a veces se torna abrumadora y estresante. Obviamente eso lo hace sentir decepcionado, ansioso y malhumorado, tal y como me lo confiesa en su carta.

Pero no puede quedarse en ese estado de aburrimiento. Puede que no sea fácil enfrentar la razón que le roba las energías, pero es crucial que identifique ya la causa de tal abatimiento.

Es preciso recuperar fuerzas para seguir adelante y sobre todo le corresponde recuperar la confianza en usted mismo, pues solo así podrá hacerle frente a esto que vive hoy.

Indague desde lo más profundo de su ser qué es eso que le impide encarar la situación, de manera tal que pueda transformar lo que hoy afronta en una oportunidad para conocerse mejor.

Tal vez debe buscar nuevas ilusiones, emprender proyectos diferentes o hacer cosas menos rutinarias para reconstruir su vida.

Recuerde que las fuerzas, las ganas de hacer algo y la misma voluntad tienen que partir de usted mismo, no de afuera.

Automotivarse es darse las razones, el impulso, el entusiasmo y el interés para salir de ese estado que describe.

De todas formas no deje pasar la lección que la vida le quiere brindar porque, de alguna forma, lo que siente es un indicio de que debe cambiar algo de su mundo. Nota de la redacción: si ve que definitivamente no tiene el control de la situación ni de lo que siente, es prudente pedir ayuda a un especialista para descartar problemas médicos.

REFLEXIONES BREVES

*A veces los ‘milagros’ son los buenos seres humanos que se cruzan en nuestro camino. Hablo de esos ‘ángeles’, de carne y hueso, que se preocupan cuando estamos mal y que elevan a Dios una oración por la tranquilidad de nuestra vida.

* La actitud es el pincel con el que la mente colorea nuestra y somos nosotros quienes elegimos los diseños. Así las cosas, dejemos de ponerle ese tono gris a la vida y empecemos desde hoy a pensar en ideas esperanzadoras y propositivas.

* La paz interior llega cuando decidimos no permitirle a nadie controlar las emociones que sentimos. Recordemos que cuando no hay odio dentro de nosotros, no hay ningún enemigo afuera que pueda trastocar esa filosofía de vida.

* Es cierto que cuesta mucho pedir perdón, sobre todo si solemos acumular rencores; también suele ser difícil perdonar. Sin embargo, deberíamos saber que esta es la mejor medicina que podemos tener para no amargarnos la existencia.

* Los valores son las herramientas con las que podemos alcanzar un bienestar y un equilibrio en varios aspectos de la vida. Por eso, no busquemos personas con nuestros mismos gustos, sino con nuestros mismos valores.

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