jueves 08 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Escapar de lo que nos ata para poder volar

Deberíamos entender que el desapego nos libera. Vale la pena dejar ir a quien le corresponda partir y abrirles las puertas a nuevas circunstancias.

Hay que asumir el suficiente valor para desprendernos de ciertas personas o de cosas que, por determinadas razones, ya han perdido vigencia en nuestra vida y hoy solo nos representan un lastre en nuestro crecimiento.

Así nos cueste dar tales pasos, a veces llegan esos momentos que nos exigen transformaciones o cambios sustanciales. Es preciso alejarnos de relaciones tóxicas, de cargos laborales tediosos, de hábitos que nos aminoran, en fin...

¿Si son situaciones negativas, por qué nos da miedo soltarlas? Porque solemos dejarnos llevar por la preocupación y la incertidumbre ante el curso que tomarían nuestras vidas sin ellas.

El desapego no es tan sencillo. Ese proceso exige mucha fuerza de voluntad, constancia y fortaleza para desprendernos.

A veces el tema debe ser tratado incluso como cuando se abordan esas adicciones que se deben superar.

Y eso pasa porque tenemos la errada costumbre de pensar que todo es para siempre.

En las cosas de nuestra vida, tanto en las personales como en las profesionales, nos quedamos en zonas de confort y nos negamos a volar por absurdos temores.

Señores: el mundo da vueltas y se debe dar un paso al costado y entender que algo o alguien debe partir y, de manera especial, hay que dejar ir lo que sea necesario que se aleje.

Y es que nos sujetamos a cosas que aceptamos en otras épocas, cuando tal vez existían mejores condiciones o atravesábamos por otras circunstancias. Sin embargo, esas mismas situaciones hoy se quedan cortas, se volvieron obsoletas y, peor aún, no nos permiten crecer.

Por esos apegos exageramos el valor de las cosas y de las personas y llegamos a pensar que no podremos vivir sin ellas.

Debemos emprender nuevos destinos.

Aceptar esa realidad, con todas sus posibles consecuencias, será la puerta de entrada para poder disfrutar de un nuevo período, tal vez más maravilloso y apasionado, lleno de alegres y preciosas manifestaciones que nos darán mucho color y sabor a nuestras vidas.

También es muy importante que jamás nos olvidemos de ser agradecidos con los compañeros, con los puestos de trabajo, con las relaciones y en general con aquellas personas que de una u otra nos ayudaron a lograr los reconocimientos y los éxitos que hemos tenido a lo largo de nuestra existencia.

Si no somos generosos con ellas, vamos a cerrar por mucho tiempo las puertas de la abundancia.

Es el momento de actuar con mucha comprensión y generosidad, porque si actuamos de esta manera la vida nos seguirá bendiciendo.

Ahora bien, ¡lo que deba pasar que ocurra!

A todos nos corresponde dedicarles todo el esfuerzo y toda la atención a nuevos retos y horizontes.

¿A qué viene este tema?

A que tal vez estemos en épocas de grandes cambios y debemos tener abundante fe en nosotros mismos para transformarnos.

Por último es de vital importancia, en cualquier nuevo proyecto, tener muy clara nuestra escala de valores.

Cuando se tiene claridad sobre qué es lo que queremos es más fácil definir qué es lo que debe hacerse en cada circunstancia y así aprendemos a soltarnos con más facilidad. ¡Les mando un abrazo!

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Desde muy joven quise ganar mucho dinero. No me imaginaba siendo un hombre limitado económicamente o padeciendo los estragos que llegan con la miseria. Por eso siempre he trabajado, de manera limpia, para tener prosperidad. Y puedo garantizarle que lo he logrado. Debo aclararle que, a la par con mi prosperidad, no estoy conectado con religiones ni mucho menos con esos ‘doctores de fe’ que viven pidiéndoles plata a sus seguidores. Pero, de alguna forma me he alejado de cosas que antes sí eran claves y hoy eso hace mella en mi vida. Durante los últimos meses me he sentido desanimado y no sé si será que el afán por tener plata me ha aminorado mi espíritu. Lo leo y quisiera saber su punto de vista”.

Respuesta: Tampoco estoy de acuerdo con esos charlatanes que, amparados con el concepto de Dios, les sacan dinero a sus fieles. Esos son unos estafadores.

No obstante, también tengo claro que la espiritualidad no compite ni con la prosperidad ni con la abundancia.

No me imagino a una persona que haga despliegue de sabiduría y madurez espiritual acosado por las cuentas bancarias, inmerso en la pobreza ni mucho menos aguantando hambre.

Desde esta perspectiva, el dinero y la espiritualidad se complementan y juntos pueden permitirle disfrutar una vida plena en todo sentido.

La verdad, no creo que Dios quiera que nosotros vivamos en la inmunda.

Sí, yo sé que el dinero no puede curar una enfermedad terminal, pero sí puede suministrarle una dosis de tranquilidad sabiendo que usted y su familia afrontan esta dura etapa con la mayor dignidad posible.

Obviamente también debe tener presente que las cosas más importantes de la vida no son materiales, sino las de naturaleza espiritual. Aunque nos hayan enseñado a valorar especialmente el dinero, cosa que no me parece del todo malo, es clave nutrir el alma.

Pienso que lo que le está pasando es relativamente normal, solo que la vida misma le está solicitando que busque

la paz y la armonía interior.

Si cultiva más su espiritualidad estará mejor equipado para enfrentar el momento por el que pasa. No lo digo yo, esta sugerencia la hacen psicoterapeutas e incluso académicos.

Quien abona terreno en la espiritualidad mantiene buenas relaciones con los demás, goza de paz interna e incluso puede hablar del tema Dios de forma sencilla, sin soberbia y sin temores. Además, un ser espiritual es más generoso, tolerante, paciente y se ama con mayor sentido y desapego.

Creo que es hora de volver sobre sí mismo. Haga un alto en el camino y analice con mucho cuidado y sin apasionamiento qué tan razonable es quedarse solo haciendo plata, mientras ciertas cosas de su interioridad permanecen

sin ser atendidas ni asumidas.

Puede ser que por llenarse de compromisos dedicados al arte de la prosperidad económica, haya descuidado valiosos e importantes aspectos de su vida.

Dedíquese más tiempo s usted y, en lo posible, disfrute más momentos al lado de las personas que ama.

Sin alejarse de sus finanzas, poco a poco verá en usted un crecimiento y una transformación que, con seguridad, se traducirá en bienestar, paz, alegría y amor. ¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

REFLEXIONES CORTAS

Nunca se canse de hacer el bien. El que da sin esperar nada a cambio, cosecha bendiciones.

Si pasa por una adversidad, no olvide que Dios siempre da consuelo. ¡Elévele una plegaria!

Jamás algo que valga la pena y que sea grande será fácil. Hay que esforzarse para triunfar.

Usted debe ser una persona y sencilla, pero no debe ir contándole a todo el mundo que lo es.

A veces hay que pasar por caminos difíciles para llegar a destinos maravillosos en la vida.

Por fortuna siempre existirán otros momentos, otros sueños, otras risas y otras personas.

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