martes 22 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Esta es una invitación a restaurarnos poco a poco

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Sin pretender ser supersticioso, recuerdo que nuestros antepasados siempre vieron la luna como un elemento que influye mucho en la vida de las personas.

Muchos aún sostienen que una luna llena significa plenitud, fuerza y poder espiritual; recalcan que el cuarto menguante nos hace ver las cosas ‘algo grises’; y argumentan que el cuarto creciente representa luz y restauración.

De hecho, nuestros abuelos aseguran que cuando la luna se encuentra en esta última fase, en la del cuarto creciente, están dadas las cosas para afrontar nuevos retos.

Para mí la pandemia está en esta fase anímica, si así podemos llamar a lo que vivimos. Hoy, seis meses después de esta ‘cuarentena’, necesitamos ver la vida de una manera más halagüeña.

Salgamos del cuarto menguante y démosle paso a una nueva etapa, en la que podamos apostarle a renacer.

No nos quedemos en la tragedia de la pandemia, esa que nos opaca y nos trae abatimiento. Desistamos de esa posición pesimista ante los problemas.

Lo que pase con nosotros solo dependerá de cada quien, y si nos animamos a restaurarnos esta difícil situación será más llevadera.

Yo sé que la fe se ve menoscabada por las circunstancias adversas que hemos afrontado, pero creo también que es ahí cuando nos ponemos a prueba.

La vida será nuestra si sabemos que ella es, de manera literal, para disfrutarla.

Es igual ser montaña que ser grano de arena y, en ese orden de ideas, una gota de serenidad puede ser nuestra gran medicina.

Pensemos cuál ha sido la raíz de este pesimismo con el que cargamos desde hace tanto tiempo y preguntémonos: ¿Qué nos aporta tal actitud? ¿Qué logramos con autosabotearnos y estresarnos? ¿Qué será lo que nos hace asumir esa posición tan derrotista?

Los seres humanos somos energía. Por lo tanto cada pensamiento negativo atraerá más cosas funestas y, por supuesto, nos sentiremos peor con nosotros mismos y con quienes nos rodean.

Créanme que no vale la pena llorar y lamentarnos por todo; tomar una actitud tranquila y propositiva ante la vida es más sencillo de lo que parece.

Los reto a pasarla bien y a disfrutar de las bendiciones que Dios nos regala cada día.

Jesús no nos manda cosas ni metas imposibles. Él, al ordenar lo que quiere para nosotros, nos invita a hacer ‘lo que podamos’ y pedir por lo que no esté al alcance de nuestras manos.

No vivamos tristes porque eso no nos conducirá a nada bueno. El desencanto será progresivo si no hacemos algo para sacudirnos de esta aura gris que pretende obnubilarnos.

Debemos conjugar el verbo reinventar. Debemos hacer cosas que nos generen chispas motivacionales; es decir, diseñemos un proyecto de vida interesante, que nos permita ser mejores personas cada día.

Creo firmemente que siempre hay posibilidades de lograr un cambio y, aunque no es fácil, debemos intentarlo. Esa opción es mejor que vivir en el plano de la ‘quejadera’.

Debemos poner de nuestra parte y ser perseverantes en la idea de recomponer el camino con la oración, sin olvidarnos de hacer un esfuerzo por crecer.

Por ahí dicen que debemos orar como si todo dependiera de Dios, pero al mismo tiempo trabajar como si todo dependiera de nosotros mismos. Esa es la ecuación perfecta.

La vida es una sola y no aprovecharla con lo que tenemos en nuestras manos es un ‘sacrilegio’. Seamos felices y pongámosle mente positiva a este tiempo.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos y reflexionaremos al respecto en esta columna. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com y él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Solo veo nubarrones en mi vida. Vivo frustrado con lo que me pasó: era un ejecutivo reconocido y todo se me fue a pique, pues me echaron por la pandemia. No entiendo por qué este año llegó con este caos. ¿Qué hice mal para que estos acontecimientos imprevistos me arruinen la vida? Estoy lleno de temores y ni siquiera tengo fe en Dios, pues hace poco me metí a una religión y descubrí que toda ella es una farsa. Quisiera un consejo”.

Respuesta: Más allá de que vea nubarrones a su alrededor y que las cosas no estén bien, no pierda la fe en usted mismo.

¡Por favor, no se quede en lamentos! Eso lo único que hace es paralizarlo y no lo deja actuar. En cambio, una actitud mental positiva le permitirá captar las luces que le mostrarán el mejor camino a seguir.

No recrimine tanto su vida por los acontecimientos imprevistos ya que, de alguna forma, ellos le brindarán la oportunidad de darle otro impulso a su quehacer diario.

Tampoco permita que los miedos y la inseguridad lo invadan. Debe enfrentar sus temores y definir hacia dónde debe redirigir su mundo. Solo entonces logrará retomar las riendas de su destino y obtener la estabilidad profesional que tenía.

La voluntad y la valentía que demuestre para querer superar esta apremiante situación lo van a llevar, de manera segura, a salir de esta confusa etapa.

Una buena percepción de la realidad y una alta dosis de serenidad serán claves para salir triunfante en este momento crítico. Tome los problemas con calma y cabeza fría, para que la salud física no se resienta.

Escudriñe en su interior para que pueda ver más claramente las cosas de su existencia y para que pueda encontrar fácilmente las soluciones a todos sus problemas.

No descarte de sus considerandos la posibilidad de restaurar su relación con Dios. Entiendo el hecho de que no le interese el plano espiritual porque, ante tantos líos y la experiencia vivida con el credo del que habla, puede haber perdido su interés por cultivar la fe.

Pero si entiende que la espiritualidad y la religión son dos cosas completamente distintas, podrá entablar un diálogo sincero con el Creador y Él lo bendecirá.

Lo que debe hacer ahora es sentir la paz y encontrarse de nuevo con su cuerpo y mente. Debe hacerlo porque, de lo contrario, su salud y su sistema nervioso podrían complicarse más de la cuenta.

Reconcíliese con su propia confianza, pues eso hará más fácil el camino. ¡Tranquilo! Poco a poco saldrá de esta crisis. ¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES CORTAS

* El día que se ‘suelte’ se dará cuenta de que el nudo era usted.

* ¿Todo parecía estar bien y, de un momento a otro, se vio en una situación que nunca pensó que estaría? ¡No se desespere! No tiene que temer, solo debe creer en que se recuperará. Vienen mejores tiempos y aunque el mundo esté experimentando momentos de oscuridad, usted será bendecido.

* Si entendiéramos el daño que hace la envidia, dejaríamos todo y correríamos de urgencias a un profesional de la salud mental.

* Aprenda a vivir con energía positiva en cada instante y piense siempre que las cosas que son para usted le llegarán a su debido momento. Tenga un poco de paciencia.

* Debemos refugiarnos en Dios en tiempos de dificultad, porque eso nos brindará alivio, paz y esperanza. El Creador nos dará poder, fuerza, entendimiento y claridad para visualizar un mejor sendero. Refugiémonos de los momentos complicados en Jesús.

* Si quiere que sus sueños se hagan realidad, el primer paso consistirá en levantarse.

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