domingo 16 de junio de 2019 - 12:00 AM

¿Está viviendo la vida que usted quiere?

Aunque la vida es muy corta, a veces usted no la sabe aprovechar al máximo. Por sus problemas cotidianos o tal vez por miedos absurdos, que ‘nutre’ a cada rato, deja pasar los mejores momentos.

Algunos quieren tener dinero y cuando les llega no lo disfrutan; otros les piden tiempo a sus seres queridos para compartir con ellos y cuando logran la debida atención arman programas con ‘gente de afuera’; hay quienes quieren ser los dueños de empresas y cuando les llega la oportunidad de invertir les da miedo arriesgarse.

También les ocurre en el amor: Encuentran una relación estable y aún así se vuelven infieles. ¿Por qué ese comportamiento? No entiendo cuál es esa lógica.

La verdad es que a todos nos pasa; de hecho, yo pasé por lo mismo. De manera especial me ocurrió cuando era muy joven. Gracias a Dios descubrí qué era lo que me sucedía y opté por darle un vuelco a mi vida.

En mi caso personal me di cuenta de que nunca había tenido la oportunidad de hablar conmigo mismo para saber realmente qué quería para mi futuro. Había crecido anhelando lo que otras personas me habían dicho que me haría feliz, pero desde las perspectivas de ellas.

Desafortunadamente, desde niños crecemos condicionados por nuestros padres y adultos creyendo que solo hay una forma de ser feliz: tener dinero, casarse y tener hijos.

Llegué a un punto en mi vida en el que me percaté de que no estaba satisfecho y de que a pesar de tener aparentemente ‘todo’, no era feliz. Entonces me puse a pensar por qué estaba así y lo que descubrí me dejó en shock.

Yo simplemente había crecido sin cuestionarme si las cosas que supuestamente me habían dicho que me harían feliz eran lo que realmente quería. Y me pregunté: ¿Quiero tener dinero porque me hace feliz o porque acaso con él compro mi felicidad? ¿Quiero casarme porque eso me hace sentir pleno o porque eso dicta la sociedad? ¿Quiero tener hijos por convicción o porque me dijeron que ‘un hogar sin hijos no era una familia’?

Luego decidí romper con el libreto que otros habían escrito para mí y decidí redactar uno propio. Por ejemplo, entendí que en mi empresa lo importante no era mandar ni ser exitoso, sino servir.

¿Ser Jefe? ¿Para qué? Si yo no soy dueño de ninguna propiedad. Todo es prestado y si no aprovecho mi vida, otras la vivirán por mí.

Si llegó a esta parte del texto y se identifica con este diagnóstico, le sugiero formularse las misma preguntas que yo me hice. Identifique si está haciendo las cosas porque le dijeron que así podría ser feliz o porque usted realmente está convencido de que eso le da plenitud.

Tal vez haya sido una persona algo distraída con usted mismo y no se ha dado la oportunidad de hablarse ante el espejo tal cual es, sin tapujos.

Quizás ha querido satisfacer necesidades automáticamente sin analizar a profundidad por qué. Ojo: ¡Ya es hora de que se conozca mejor!

No viva pendiente del qué dirán: hay muchos por ahí metiéndose en su vida sin tener el más mínimo derecho de hacerlo. No permita que lo juzguen, lo critiquen o lo señalen.

Muchos que lo atacan solo son entrometidos que esconden malas intenciones, sin contar que sus juicios son vacíos.

¡Haga su propio análisis!

Cuando lo haga se sorprenderá al detectar las cualidades y los defectos que antes no había descubierto sobre usted, y empezará a ser más consciente de sí mismo y de lo que quiere para su vida.

Poco a poco irá cambiando sus metas hasta ser el hombre que realmente quiere ser.

Es posible que se dé cuenta de que las convenciones que aceptó por ser “como deberían ser las cosas”, muchas veces lo limitó.

¿Hay algo que está haciendo solo porque “debe” hacerlo? Ese cuestionamiento, también es clave responderlo.

Ánimo, la vida es corta y le falta mucho por disfrutar.

¡Dios le bendiga!

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