sábado 23 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Estamos más cerca de Dios

Las situaciones difíciles, los obstáculos y en general los grandes desafíos se convierten en valiosas oportunidades para reforzar nuestra fe.
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Todo lo que nos sucede, de manera especial las situaciones que tildamos de ‘malas’, son pruebas de fe. Y la esperanza para continuar siempre estará viva, por muy duro que sea el camino.

Porque la verdadera actitud ante los problemas no consiste en evadir estas situaciones difíciles, sino estar preparados para asumirlas. Además, cualquier momento será bueno para recomenzar y ningún problema será tan terrible como para claudicar.

No obstante, el camino será más llevadero si en nuestra ruta optamos por ir de la mano de Dios.

En ese orden de ideas, esta pandemia que nos afecta nos ha acercado más a nuestra vida interior. La verdad es que a casi todos nos tocó enfrentar el miedo del COVID-19, no sólo con la información precisa de la ciencia, sino también con el aliento de la fe.

Esta crisis, viéndola desde una arista propositiva, ha servido para que florezcamos espiritualmente y muchos nos hemos dejado guiar por las enseñanzas del Creador.

Yo sé que el corazón de cada uno es un mundo aparte y que más allá de los credos, todos tienen sus puntos de vista. Las respuestas a los tiempos difíciles siempre estarán determinadas por distintas perspectivas o enfoques.

Sin embargo, no hay que negar que la incertidumbre que despertó el coronavirus entre nosotros nos ha conducido más al Señor.

Y el tema no es sólo un asunto de religión o de fanatismo. Si bien por la vía de las palabras y de la razón logramos comunicarnos, por el trayecto de la fe siempre nos vamos a entender así hablemos idiomas distintos.

La confianza en Dios es una manera de decir ‘sí’ a cosas que ningún discurso o estudio científico logra precisar.

Tal vez por eso hoy nos sentimos más solidarios y más respetuosos del dolor de los demás. Con la mirada puesta en el Creador podremos pulverizar el desánimo y veremos el horizonte más claro.

En estos tiempos de angustia y de desazón he visto a más gente manteniéndose en pie, tocando las puertas de la resiliencia y, sobre todo, superando cansancios y desventuras.

Incluso a los que han perdido a seres queridos la fe los ha consolado, pues han aceptado que Dios los ha recibido y les ha otorgado la plenitud de su Ser.

Creo que poco a poco nos hemos dado cuenta de que no podemos distanciar nuestro corazón del Creador, porque sin Él el camino se hace más tortuoso.

Los que después de esta pandemia se han dejado llevar por Dios jamás imaginaron los milagros que les llegarían a sus vidas, porque incluso hoy se sienten más fuertes que ayer.

Y ojo que para tocar en la puerta de Jesús no es necesario que seamos sacerdotes, diáconos o pastores. Podemos hacerlo a través de oraciones individuales, emprendiendo la tarea de fortalecernos, teniéndoles la mano a los desprotegidos y, sobre todo, centrándonos en las ganas de vivir.

Pidámosle al Altísimo que utilice este tiempo de confusión para nuestro despertar espiritual y para fortalecernos. Amén.

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