martes 23 de julio de 2019 - 12:00 AM

¿Estamos preparados para ir al ritmo de la vida?

Solemos creer que la vida nos saldrá tal y como nos la imaginamos y cuando tropezamos nos frustramos. ¡Debemos estar preparados para vivir!

Alguien me preguntó que si me sentía preparado para morir en este momento. Ese cuestionamiento, en lugar de angustiarme, me hizo pensar en algo en lo que muchas veces no cavilamos: Qué tan dispuestos estamos, no para la muerte sino para la vida misma.

Dispondremos de una eternidad para descansar y, en cambio, escasamente tenemos una vida para aprovechar.

Porque si bien la muerte está escriturada, ninguna otra cosa en este mundo está asegurada: ni el éxito, ni el dinero, ni el amor, casi que ni la salud misma porque es probable que hasta la más leve gripe nos mande a la clínica.

Muchas personas se quedan con los brazos cruzados permitiendo que sus años ‘mudadizos’ se vayan, desperdiciando sus propios tiempos. Jamás adquieren el control de sus proyectos de vida.

Por eso, ante cualquier eventualidad muchos se van al piso: los derriba una traición, una echada del trabajo, la partida de un ser querido, la llegada de la vejez e incluso las mismas injusticias.

Ellos y todos nosotros debemos estar preparados para que nada de lo que suceda a nuestro alrededor, sea ‘bueno’, ‘raro’ o ‘malo’, nos tome fuera de base.

Debemos tener presente que lo que hoy es verdad mañana probablemente podría ser mentira, y no por eso el mundo se nos acabará.

Al final de cuentas todo en la vida está en continuo movimiento; lo propio pasa con las personas y también sus ideas cambian de manera permanente.

Si tenemos en cuenta esta realidad, podremos estar en todo momento en estado de alerta para enfrentar positivamente cualquier imprevisto.

Aunque todo nos parezca muy seguro y aunque nuestros asuntos vayan ‘sobre ruedas’, no nos podemos quedar dormidos sobre los laureles.

Si bien no podemos hacernos la ilusión de que tenemos todas las cosas de nuestra vida bajo control, sí podríamos anticiparnos a los acontecimientos no para conocer nuestro futuro sino para que la vida no se nos vaya sin haber hecho lo suficiente.

Hay que tener las cosas claras para saber en dónde estamos parados y, sobre todo, entender que todo está en movimiento y por ende mañana la vida podría sorprendernos.

Tenemos tiempo por delante y hay que aprovecharlo. La vida no se nos puede ir de las manos sin disfrutarla.

Es indudable que somos vulnerables y el entorno nos puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

Esta página no pretende angustiarlo existencialmente, como tal vez lo quiso hacer la persona que me preguntó si estaba listo par partir de este mundo.

Lo único que quiero transmitir es que en más de una ocasión nos veremos enfrentados a episodios tristes, a situaciones difíciles, a momentos dolorosos y en general a muchos imprevistos que se nos saldrán de la mano. No obstante tenemos que estar preparados para levantarnos, para aprender y para crecer.

Lo anterior implica abrir un poco más nuestros corazones, porque eso hará que nuestra vida se enriquezca.

Si damos amor en abundancia nuestra vida se dinamizará y adelantaremos notablemente en nuestro desarrollo espiritual, con lo cual la existencia misma estará siempre a nuestro servicio.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Suelo levantarme con una gran incertidumbre por mi entorno y, cuando eso me pasa, el día se me va en un completo desasosiego que no alcanzo a comprender del todo. Soy un hombre joven que ha vivido hechos inesperados, de los cuales no quiero especificar en esta carta; sin embargo, le cuento que sí han alterado mi vida y de alguna forma esos sucesos me están robando mi tranquilidad. ¿Qué debo hacer para alcanzar la serenidad que requiero en mi vida cotidiana? Espero su amable respuesta. Mil gracias por leer mi caso”.

Respuesta: Todos experimentamos en ciertos momentos de la vida ese desasosiego que hoy lo asalta. Nos producen miedos ciertos cambios o situaciones imprevistas, tal y como percibo que le está ocurriendo a usted en estos momentos.

Aunque no me da mayores detalles de los hechos inesperados de los que menciona, es preciso que enfrente la realidad que está viviendo. ¿Sabe algo? Las cosas ‘son como son’ y no siempre se dan como las imaginamos.

Sé que asumir o encajar esas cosas que le han ocurrido no será una tarea fácil, pero hay que hacerlo ‘sí o sí’. Debe superar esas situaciones si quiere alcanzar una serenidad real y duradera.

Sea honesto con usted mismo y analice qué parte de responsabilidad tiene en esos hechos que le han modificado su existencia. Debe hacerlo, no para culparse sino para admitir sus equivocaciones e intentar recomponer el camino. Puede considerar sus errores como oportunidades de aprendizaje o como hechos que pueden ‘retroalimentar’ su proyecto de vida.

¡Debe mantener la fe en que podrá salir adelante!

Dese cuenta de que solo usted puede cambiar su entorno. ¿Qué le quiero decir? Que, en últimas, usted tiene el control de su destino. Decida qué es importante para usted y fije su mente en ello. Elimine la inseguridad y tenga la confianza de que podrá alcanzar todo lo que anhela.

Es mi deber advertirle que si su preocupación es incontrolable y percibe un temor inexplicable ante la misma cotidianidad, el cual supera las situaciones que está viviendo, podría estar pasando por un episodio de ansiedad. Si siente que este diagnóstico es el que encuadra en su realidad de hoy, tenga mucho cuidado. Se lo digo porque este tipo de trastorno es un problema habitual de salud mental que afecta la capacidad de trabajo, la autoestima, las relaciones interpersonales y, en general y el desempeño cotidiano. Con ayuda psicológica podría encontrar las causas profundas de lo que le pasa.

Sea como sea, decida vivir. Usted es muy joven como para estar preso de las frustraciones. ¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES CORTAS

Para tener presente

La vida no es fácil, pero hay un motor llamado corazón, un seguro llamado fe y un conductor llamado Dios. La fuerza no proviene de la capacidad física sino de la voluntad del alma. ¡Conéctese con usted mismo y sea feliz!

Volar con los pies en la tierra

Hay que tener sueños y dejar que nos guíen. Siempre mantengamos los pies en el suelo, pero dejemos que nuestros corazones se eleven tan alto como ellos puedan. Y también pídale al Señor que le bendiga y le haga resplandecer su rostro sobre usted.

Triunfar

La felicidad no se puede poseer, comprar, ganar o consumir. La felicidad es la experiencia espiritual de vivir cada minuto con amor, gracia y gratitud. También recuerde que la vida le da el tiempo que necesite para hacer lo que quiera, pero si se queda en el momento presente.

No escape de la vida

¿De qué huye? ¿Acaso no sabe que lo que lleva dentro lo seguirá hasta donde vaya? Debe lidiar con cualquier dificultad por la que atraviese con la mayor dignidad posible. Enfrente la vida de una vez por todas, no escape ni deje que sus angustias se hagan más grandes y difíciles de resolver.

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