martes 27 de noviembre de 2018 - 4:30 PM

Estamos presos de las decepciones

No deberíamos dejarnos llevar por las frustraciones; si no las sabemos controlar, terminarán mandándonos a las 'celdas' de las desilusiones.

¿Nos la pasamos alucinando con todo lo que queremos y que no puede ser? ¿Cuál es nuestra actitud cuando algo no nos sale como lo esperábamos?

De manera desafortunada, en nuestra forma de ser suelen detectarse muchos rasgos de frustración. Los problemas que nos agobian, la intempestiva pérdida de un empleo, además de nuestros problemas afectivos, entre otras situaciones, hacen que nos sintamos decepcionados.

Lea además: Que su espiritualidad no se convierta en moda

El tema es más grave de lo que podría pensarse, entre otras cosas, porque un sentimiento prolongado de frustración nos puede llevar a la depresión. Desilusionados con todo lo que nos pasa terminamos buscando ‘refugios’ en situaciones que al final solo nos sirven para evidenciar más los vacíos espirituales o para aumentar nuestros desencantos.

Y lo más grave no es la frustración en sí. Lo peor es que las tristezas que nos producen estos hechos nos convierten en personas agresivas, irritables y amargadas.

Todo esto nos perturba y desajusta; incluso algunos optan por tomar decisiones desacertadas.

De hecho, el 80% de los suicidios que se registraron en Bucaramanga el año pasado fue atribuido a algún tipo de frustración; otro 10% está relacionado a problemas de salud mental y el restante 10% todavía es motivo de análisis.

En los seguimientos a 27 de las 62 personas que en esta capital se quitaron la vida en el 2017, se detectaron rasgos certeros de frustraciones como una crisis económica, el desamor de la pareja, un desorden emocional y, sobre todo, inmadurez a la hora de afrontar un problema.

¿Qué hacer? No es fácil potenciar una adecuada tolerancia a la frustración. No obstante esa gran verdad, usted, yo y todos en general debemos aprender a ser asertivos.

La idea no es tragarnos la rabia porque algo no nos salga bien; es expresarlo sin que pensemos que el mundo se termina ahí. Dicho de otra forma: No se trata de aguantarlo todo sin más, si no de no enfrascarse en enfados desgastantes. Entre más constructivos sean nuestros procederes o nuestras reacciones, mejor.

También existen técnicas de relajación que nos ayudan a sobrellevar estas percepciones de fracaso. Asumir las situaciones y sobre todo tener claro que siempre podremos recomenzar son estrategias válidas.

Obvio hay que aprender a darles un manejo adecuado a nuestras emociones y sacudirnos de la ‘modorra’ y de la tristeza que una frustración nos deja. Y si el asunto es más grave, deberíamos recurrir a una orientación médica que, de alguna forma, nos ayude a buscarle salidas a nuestro estado.

También la fe mueve montañas y aferrarse a sus creencias espirituales suelen ser buenos bálsamos. No obstante el tratamiento a seguir va más allá de una consulta profesional o incluso está por encima de cuestiones religiosas.

Es claro que debemos propender por nuestro autocontrol y encontrar la forma de salir del abismo.

 

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad