sábado 29 de junio de 2019 - 12:00 AM

Hacer la vida más agradable solo depende de nosotros mismos

A veces nos sentimos decepcionados por todo lo que nos rodea y flaqueamos. Así las cosas, poco nos motiva y no queremos emprender nada ante el desgaste anímico en el que nos sumergimos. Desafortunadamente la sociedad actual no hace gala de valores. Pese a ello, no nos dejemos ‘noquear’ tanto por lo que pasa a nuestro alrededor.

Indudablemente vivimos en un mundo que cada vez está más lleno de ambiciones, de malos sentimientos, de ‘egos’ y de panoramas tristes. No obstante, depende de cada uno de nosotros hacernos la vida más agradable y para ello será clave no amilanarnos y ser conscientes de que podremos salir adelante.

De nada sirve ser pesimistas o ver las cosas peor de lo que realmente están. ¡La vida es una cuestión de actitud! Si bien no todo puede ser como queremos, sí podemos hacer que esas situaciones no sean tan ‘malas’ como parecen.

En ese orden de ideas será fundamental desarrollar la capacidad de ver más allá de lo que nuestros ojos ven.

También hay que asumir que hay circunstancias que no podemos cambiar. Cuando partimos de eso, el peso que nos quitamos es increíble.

Si dejamos las comparaciones inoficiosas y comprendemos que la vida en muchas ocasiones suele ser injusta, se nos abre en la mente un universo de posibilidades para tomar decisiones sanas.

Lo que he logrado en la vida hasta este momento es gracias a que entendí todo esto en circunstancias difíciles, y eso me permitió ver mi entorno de una forma diferente. Algunos sujetos incluso han pretendido ‘hacerme daño’, sin darse cuenta de que sus ataques me fortalecen y los lastiman más a ellos.

Yo le recomiendo, amigo lector, que evalúe cuáles cosas ha logrado, qué lo hace sentir orgulloso y de qué se arrepiente. Dependiendo de eso, analice qué lo llevó a tomar determinadas decisiones, tanto las ‘buenas’ como las ‘malas’.

Algo más: Pregúntese qué lograría si decidiera ir hacia adelante con fe.

Si son cosas del exterior y no suyas las que lo atan, es hora de que entienda que no tiene ningún sentido sufrir por hechos que no puede controlar ni cambiar. Si, por el contrario, se da cuenta de que lo que le ocurre es por inseguridades a nivel personal, pues ya sabrá que solo depende de sí mismo cambiar su propia realidad.

Ojo: Nos han metido el cuento de qué en la vida todo tiene que ser ‘perfecto’ para ser felices, y que además esa felicidad también depende de otras personas: llámese parejas, hijos, amigos, etc...

El problema es que no nos dijeron que eso es una añadidura sobre algo que debe estar sólido primero: la autoestima y la capacidad de ser autosuficientes.

Somos personas que nos definimos demasiado por el mundo exterior y no por nosotros mismos.

Con esto me refiero a que si tuviéramos claro que lo importante es nuestro interior, no estaríamos tan afectados como lo estamos ahora por el mundo actual, o en su defecto no habríamos llegado nunca al punto de vivir defraudados de todo.

¿Qué debemos hacer?

Lo primero es analizar qué nos llevó a estar en dónde estamos ahora, independiente de nuestras relaciones interpersonales (pareja, familia, amigos), pues debemos identificar si esos errores los cometimos por ambición y por querer quedar bien con los demás, o si fue por alguna otra razón.

Lo importante ahora es cambiar ese patrón y preguntarnos qué queremos realmente para nuestra vida. Durante este proceso debemos enfocarnos en nuestra misión.

Cuando ya sepamos qué nos está motivando a ser la persona que queremos ser, estaremos preparados para dejar entrar nuevas personas a nuestra vida: llámase pareja, amigos, colegas, etc...

Muchas veces en la vida queremos hacer todo por complacer a los demás y tratamos de ‘comprar’ el cariño para sentirnos amados y apoyados, pero eso difícilmente se da si no nos amamos y nos apoyamos a nosotros mismos primero. Las relaciones humanas basadas en apegos no duran nada, son tan frágiles como una pluma.

Quien no se ama a sí mismo no está preparado para dar amor a los demás, y por supuesto todas sus relaciones serán débiles.

Insisto en decir que los problemas en la vida vienen desde adentro y no desde afuera; así que permitámonos ser los hombres que queremos ser sin depender de los demás.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Tengo 43 años y me siento perdido. Sé que necesito un cambio, pero no sé qué debo hacer. Por momentos me resigno a mi suerte. Lo leo y por sus escritos me atrevo a preguntarle si ha vivido algo similar. Si es así, dígame qué hizo para salir del atolladero”.

Respuesta: Hay momentos en los que, tal y como le ocurre en este momento, no se sabe qué hacer con la vida.

Cuando me siento un poco perdido experimento ráfagas de tristeza y me desmotivo un poco. Eso es relativamente normal. ¡Y créame que esa sensación no será para siempre y, por ende, no se puede resignar a vivir amargado!

En el fondo, como lo señala usted mismo con su percepción, hay algo que tiene que cambiar y debe averiguar qué es eso que debe modificar.

Pienso que en estos momentos debe rehacerse para salir de ese letargo anímico.

Aunque no me da muchos detalles en su carta, pienso que tal vez ha ido postergando algún sueño o de pronto lo que ve a su alrededor no cumple con sus expectativas. Creo que algo lo está alejando de su verdadero camino.

Para reinventarse tiene que partir de una autoreflexión en donde analice lo que tiene, lo que necesita y, sobre todo, lo que sería capaz de realizar para que su mundo tenga sentido.

No le está permitido ahogarse en el mar de la frustración.

Por más duro que sea ese momento, puede flotar y nadar lo suficiente como para atravesar el río de orilla a orilla.

Me gustaría contarle un poco más de mi forma de ser, para que entienda mejor hasta qué punto puedo ayudarle. Soy un profesional que intenta hacer las cosas bien. De joven sabía lo que deseaba estudiar, decidí no ambicionarme con el dinero ni con ser el jefe de la empresa; y he querido ser una buena persona. Pese a ello y obviamente por situaciones difíciles que viví y que nunca imaginé que me ocurrieran, como la muerte temprana de mis padres, aprendí que nada es para siempre y que tenía que remar bastante para no quedarme refugiado en mi tristeza.

También me di cuenta de que algunas cosas me saldrían bien y que en otras no tendría tanto éxito. ¡Es cuestión de actitud! ¿Sabe algo? Apenas voy por el 20% de lo que diseñé ayer; no obstante, estoy orgulloso de lo que he logrado y no pienso bajar la guardia, así tenga bajones anímicos.

Conclusión: Me he perdido y me he vuelto a encontrar, pero sigo adelante. Soy un hombre de Dios y alimento mi fe para no decaer. ¡Reinvéntese!

Actúe ya y no se deje desanimar. No se quede esperando que todo le caiga del cielo.

REFLEXIONES CORTAS

Amplíe el horizonte

La confianza le permite ampliar su horizonte, asumir mayores riesgos y llegar más lejos de lo que imagina.

Él lo acompaña

Dios está con usted, le responde en el momento preciso, le hace descansar, no le falla, nunca lo desampara, lo bendice y, sobre todo, lo ama.

¡A veces!

La vida a veces duele, a veces cansa, a veces hiere y, de manera definitiva, no siempre es perfecta. A veces no es fácil, a veces no es justa y no es eterna; pero a pesar de todo ello, la vida siempre es bella.

Juego de palabras

Para tener éxito no hay que hacer cosas extraordinarias; hay que hacer cosas ordinarias, pero extraordinariamente bien.

Tenga un motivo

Que cada día de su vida sea más bello que el anterior y que siempre tenga un motivo más para sonreír.

Mensaje

Hay distancias que se acortan con solo un mensaje de aprecio y cariño.

Lo que le apasiona

Si se dedica a aquello que le gusta y le apasiona, no es necesario contar con ningún plan maestro.

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