sábado 27 de junio de 2020 - 12:00 AM

Hay que enfrentar la realidad ‘cara a cara’

No nos podemos someter al negativismo ni a la incertidumbre colectiva que ha surgido con la pandemia. Debemos encontrar esperanza y tranquilidad, asimilando los acontecimientos desde una perspectiva más positiva.
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A usted, a mí y en general a todos nos corresponde afrontar los cambios que nos ha planteado el COVID-19. Es tiempo de desapegarnos y de recuperar la confianza.

¡Claro! No va a ser con pañitos de agua tibia ni con falsas ilusiones como vamos a pasar la página de esta dura época. Nos es preciso visualizar nuevas posibilidades y alternativas que antes no contemplábamos.

Lo que el destino quiere de nosotros es que nos enfrentemos ‘cara a cara’ con la realidad y aprendamos a sobrellevar esta crisis con la mayor dignidad posible y sin decaer en el ánimo.

Si queremos superar nuestras angustias y todo lo que no nos deja sacarle el máximo provecho a la vida, debemos ser lo más objetivos posible y decidirnos abiertamente a hacer lo que sea necesario para no dejarnos abatir.

Debemos tener más fe en nuestras propias fuerzas. Obvio que la idea de sobreponernos a esta dura etapa que nos trajo este 2020 no se logra en un abrir y cerrar de ojos. Pero sí es posible salir adelante.

Tampoco nos afanemos más de la cuenta, no podemos dejarnos abatir por las actuales tensiones. Aunque en lo que va del año no hayamos alcanzado los objetivos que nos habíamos trazado, eso no significa que debamos dejar de reaccionar o de actuar.

Si bien nuestros contratiempos se deben en parte a la aparición de la pandemia, debemos admitir que hemos puesto demasiada energía en el virus y no en las soluciones.

Si sabemos capitalizar la experiencia de lo que hemos afrontado, aprenderemos a distinguir lo fundamental de lo simplemente accesorio, y no dilapidaremos nuestras reservas anímicas.

Esta es una invitación a reaccionar de manera oportuna para levantarnos. A pesar de lo vivido, usted y yo debemos considerar que somos personas muy afortunadas. En vez de lamentarnos por “lo que pudo haber sido y no fue”, miremos al frente con decisión para reactivarnos.

Aprovechemos este momento de crisis para afianzar nuestra idea de ser disciplinados, ser resilientes y salir adelante.

En lugar de darle batalla a la situación con la quejadera, mejor encaremos la realidad. Esto significa poner los pies sobre la tierra y seguir con firmeza.

De esa manera la aparente tormenta se convertirá en una valiosa experiencia y en una oportunidad de afianzar las cosas que realmente tienen valor en nuestra vida.

Las crisis son parte inevitable del crecimiento humano. Por más que tratemos de evitarlas y de capotearlas, tarde o temprano aterrizarán en nuestra vida, no para sumergirnos en el caos o para ubicarnos permanentemente en el fracaso, sino para que evolucionemos y para mostrarnos áreas de nuestra vida y situaciones que ameritan un cambio.

En cierta manera estas épocas duras nos desnudan las formas obsoletas de vida que solemos estar llevando.

Hoy, por ejemplo, sabemos que lo que habitualmente manejábamos y funcionaba para ciertas circunstancias, ahora ya no son tan útiles del todo. Esto nos lleva a que las replanteemos y nos permite afrontar esta nueva e inesperada realidad.

Debemos tomar lo que acontece como lo que realmente es: una experiencia y una valiosa oportunidad de aprendizaje.

Si aprendemos la lección, no volveremos a padecer este tipo de problemas.

Más vale que asumamos una actitud de aceptación, no de resignación, y actuemos con madurez.

Percibo que se aproximan grandes éxitos, no sólo en la parte económica sino en nuestra vida espiritual. Con la Venia de Dios, nuestro magnetismo personal estará pletórico de bendiciones más pronto de lo que imaginamos.

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