martes 11 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Hoy, más que nunca, hay que ayudar a los demás

Necesitamos abonar el terreno de la solidaridad y desarrollar la capacidad de sentir empatía por nuestros semejantes para ayudarlos cuando lo necesiten, sobre todo en esta dura época.
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¿Cuáles deben ser las verdaderas ‘riquezas’ de nuestra vida durante este tiempo de pandemia?

Además de la salud, yo respondería que los mayores tesoros son: la familia, el amor, la caridad y la entrega desinteresada a la comunidad.

Y hoy, de manera especial, quiero hacer énfasis en el valor de la solidaridad, que no es otra cosa distinta a la misericordia.

Cada vez que les suministramos una ‘dosis de apoyo’ a los menos favorecidos estamos cumpliendo con una de las directrices que nos dictó Dios.

No debemos olvidar que la gente nos necesita. Miles de aplausos para los altruistas, para esos extraordinarios médicos que hoy ayudan a combatir el virus que ha infectado a sus pacientes, para los grandes sacerdotes que cumplen bien con su evangelio y para las entidades que tienen un alto grado de responsabilidad social.

También nosotros, desde nuestra propias fortalezas, podemos tenderles una mano a quien toca a nuestra puerta.

Hoy, más que nunca, necesitamos tratarnos bien, ser amables con los demás y entender que podemos ser útiles a la misma humanidad.

De manera desafortunada, a algunos les hace falta un plan de acción que les permita ser buena gente, ser unos profesionales de servicio, así como ser mejores esposos o amigos.

Y creo que serán demasiado ‘miopes’ si siguen nutriendo el defecto de no ver sino lo que más les conviene.

No pueden continuar como ciegos espirituales y estar fijándose sólo en sus problemas, sin detenerse a pensar en las angustias de sus familiares, compañeros o vecinos.

Todos debemos mirar más allá de ‘nuestras narices’ y manifestar algo de consideración por nuestra comunidad.

Vale reiterar que este tiempo de pandemia nos ha dejado claro que no sólo somos iguales, sino que además somos demasiado vulnerables.

Cuando hay una emergencia, como la que hoy nos aflige, el egoísmo debe ser desterrado de plano. En este caso se debe priorizar, además de la salud, a la solidaridad.

No podemos olvidar que todo lo que hagamos o dejemos de hacer redundará en beneficios o en perjuicios para quienes estén a nuestro alrededor.

Necesitamos más empatía, más compañerismo, más vocación de servicio y más espíritu de colaboración.

Es preciso comprender que los demás también sienten y afrontan grandes necesidades. Pongámonos en los zapatos del otro para imaginar cómo nos sentiríamos en su lugar.

También debemos tener presente que un día podremos estar muy alto, y al siguiente, por algún caso fortuito, nos tocará pararnos en el piso de abajo.

Nunca sabremos cuándo nos tocará empezar de cero.

Hoy vemos cómo muchos han tenido que hacerles una reingeniería a sus vidas, tras perder buena parte de sus inversiones y de sus sueños.

Les quiero dejar una tarea para hoy: realicen un acto amable y solidario por un ser indefenso, sin distinguir a quién le dan la mano. Les garantizo que la vida los recompensará tarde o temprano.

Dándose la posibilidad de ser más considerados y afectuosos acabarán con el egoísmo que tiene acaparado al mundo.

Elijamos ser buenas personas, no sólo porque Dios nos bendecirá por esta forma de ser, sino porque el servicio es una de las mejores prácticas para alcanzar la felicidad.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Muchos están deseosos de que se reactiven las empresas o que al menos se encuentre la vacuna contra el Coronavirus; pero pocos se han detenido a pensar en lo que se está viviendo al interior de nuestras mentes y hogares. En mi casa, luego de casi cinco meses de confinamiento, estamos desesperados: yo no me encuentro bien y veo que mi esposa se desanima cada vez más con el correr de las semanas. También mi niño me preocupa. Pienso que todo empeora y no hallo alivio para mi alma. Hoy padezco ansiedad y no hago sino pensar en lo tedioso que ha sido este duro 2020. Me gustaría leer unas palabras de aliento, tanto para mí como para mis seres queridos. Espero algunos de sus sabios consejos. Gracias”.

Respuesta: Entiendo su preocupación y debe sacar fuerzas de lo más profundo de su ser para no dejarse vencer por esa ansiedad y, sobre todo, para que su familia también vea en usted un ejemplo de entereza.

Más allá del tema económico, del mismo desempleo o incluso de los retos que la vida nos ha impuesto a todos con la pandemia, hay que prestarle mucha atención a la salud emocional y a la salud mental. Creería que el deterioro de nuestros pensamientos, que han sido ‘los caldos de cultivo’ para el pesimismo, conforman las peores secuelas que nos ha dejado este virus.

Desde mi perspectiva pienso que se registran muchas afectaciones en el estado de ánimo en general. Hay temor, angustia y ansiedad por afrontar este aislamiento, tal y como usted mismo lo dice. Ojo: los gobiernos no han pensado en ello.

Lo peor es que todas estas secuelas de la pandemia se conjugan con el diario vivir. Frente a los impactos psicológicos de la ‘cuarentena’, entre los que están la confusión, la frustración y la tristeza, hay que actuar con gran decisión.

No olvide hacer actividades cotidianas como el ejercicio físico, mantener un relativo orden en sus rutinas; y dialogar con su esposa, pues los dos deben apoyarse y ser muy tolerantes. Cuiden a su hijo, tratando de no transmitirles sus angustias.

También no se atosiguen con ideas pesimistas, ni se saturen con tanta información de la pandemia, pues es claro que eso les está alterando el comportamiento.

Tampoco olviden reír, a pesar de lo que hoy sucede. Cada sonrisa reduce la producción de hormonas que generan el estrés.

Pero sobre todas las cosas, nunca se olviden de Dios. Han de saber que con su Bendición lograrán arroparse juntos con la cobija de la serenidad y de la esperanza. No se dejen bajar de nota; les garantizo que la borrasca pronto amainará. ¡Así será!

REFLEXIONES CORTAS

* Si alguien le diera una caja que reuniera allí todo lo que alguna vez ha pedido, excepto dinero, prestigio, belleza o poder, ¿qué sería lo primero que debería encontrar en ella? Intente responder tal cuestionamiento con absoluta sinceridad. Yo pienso que tal vez deberían estar allí su Dios, su fe, su salud y su verdadero amor. ¿Qué opina?

* Aquel que disfruta su soledad logra hacer una conexión con el entorno y con él mismo, pues aprende a reflexionar sobre su mundo. Además, siempre escoge mejor las compañías. En cambio, quien no puede estar solo escoge ‘cualquier cosa’ por física desesperación.

* Lea con devoción esta plegaria:

Señor, le solicito que me dé consuelo. Conduzca mis pasos y lléneme de valor para afrontar lo que disponga para mi vida. Cuando me sienta confundido o débil, deme fortaleza y nunca se aparte de mí. Lo necesito más que ayer, porque cada día que pasa es otra jornada que necesito de su Bendición; sólo Usted me da la paz que mi corazón necesita. Con su Venia sé que este día será de bendiciones y de bienestar. Gracias Señor por ayudarme a mí y a mi familia, y perdóneme por las veces que me ha visto triste, cuando usted me da todo para ser feliz. Protégeme y cuide mi hogar. Amén.

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