jueves 09 de julio de 2020 - 12:00 AM

Hoy valoramos más a nuestros hogares

La casa no es simplemente un sitio para ir a dormir, ese es el lugar en donde compartimos el mayor tesoro que tenemos en la vida: ¡Nuestra familia! Irónicamente la pandemia nos hizo valorar más a nuestros hogares.
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Si hay algo realmente positivo en medio del confinamiento actual, es el verdadero lugar que todos les estamos dando al concepto del hogar.

Y es que antes de experimentar lo de la ‘cuarentena’, muchos priorizábamos nuestros intereses de afuera sin darnos cuenta del daño que les estábamos haciendo a nuestros más allegados.

Con relativa frecuencia nos la pasábamos los fines de semana lejos de papá y de mamá y, en más de una ocasión, compartíamos más con nuestros ‘amigotes’ que con nuestros hijos.

Ya en casa, en medio de la ‘cuarentena’, nos dimos cuenta de que nos necesitamos unos a otros y que, de manera precisa, esa alianza es la que nos hace ser más fuertes y mirar hacia al frente, sobre todo en estos tiempos difíciles que afrontamos.

Me alegra saber que muchos hemos vuelto a la linda costumbre que ‘nutrieron’ nuestros abuelos: Hablo de estar juntos a la hora del almuerzo.

¡Qué bueno! Porque compartir la mesa, según decían los viejos y sostienen hoy los sicólogos, es una actividad beneficiosa para lograr el equilibrio físico y mental; además, nos ayuda a reforzar los lazos familiares y a aprender valores.

También esta sencilla actividad de estar juntos en el comedor, que había sido desplazada por las agendas laborales en nuestras empresas, nos permite compartir ideas, impresiones y sentimientos.

Por fortuna ya estamos más pendientes de nuestros padres y abuelos, de nuestras parejas e hijos y en general de todos los miembros de la familia. Como nunca antes, comprendimos que a ellos no los podemos cambiar por una oficina de trabajo, por unas amistades ni por nada del mundo.

La verdad, todos nuestros seres queridos hacen parte del más grande tesoro que Dios nos concedió. ¡Y lo mejor es que ellos no nos fallarán!

Tal vez no vivamos en una casa con todas las comodidades, pero lo cierto del caso es que las bases de ese hogar son el amor y la compañía que, en últimas, son nuestros más certeros antídotos contra las penurias que hoy vivimos por culpa del COVID-19. Incluso muchos de los que hoy están contagiados se encuentran, de manera precisa, recuperándose en casa.

Nuestro hogar es uno de los pocos espacios en los que podemos ser nosotros mismos y en él aprendemos la importancia de la calidez, del respeto, de la bondad e incluso de la tolerancia cuando a veces discutimos.

Al fin y al cabo, la casa es algo así como nuestro patrimonio o la mejor garantía de una vida feliz si somos capaces de cultivarlo con amor, cariño, afecto y comprensión.

Nuestro techo siempre será el lugar que nos arropará, el que nos evocará nuestra niñez e incluso al que siempre querremos retornar en la madurez.

Es importante, por encima del tiempo que dure esta pandemia, compartir más momentos en casa y, sobre todo, ayudarnos cada día.

El simple hecho de interesarnos por cómo vamos a llevar la cotidianidad en la que está inmerso nuestro hogar resulta reconfortante; lo que además nos permite que el clima emocional sea cálido.

Los insto a orar por su familia, porque ella hoy es lo suficientemente fuerte como para soportar las tormentas de la vida.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Soy un hombre de redes sociales y tengo ‘likes’ por montones. Pese a ello, nadie de los que me sigue es realmente amigo de verdad. También en el mismo entorno en el que estoy me veo solo y vivo aburrido en mi apartamento. No sé con quién compartir. Eso me tiene triste. Esta soledad me ha hecho recurrir a relaciones sexuales indiscriminadas, pero de todas ellas salgo igual de vacío. También intento distraerme en mi oficina, pero sigo percibiendo esa sensación de tener mucha gente al lado mío y simultáneamente estar distante. ¿Qué me aconseja para cambiar esa percepción tan fea?”.

Respuesta: Es irónico, pero sucede mucho en estos tiempos de internet: se está más conectado que nunca, pero al mismo tiempo cada quien se siente aislado. En su caso, por más ‘amigos’ virtuales o seguidores que tiene, no hay una sola persona a la que pueda llamar para desahogarse o comunicarse.

De hecho ya es ‘relativamente normal’ encontrar seres humanos que dicen sentirse muy solos. Se la pasan tristes y angustiados porque no tienen una compañía al lado.

No está bien que intente escapar de esa sensación acudiendo a relaciones sexuales sin sentido para supuestamente alejar cualquier vestigio de soledad, porque al final termina tal y como hoy está: vacío. Tampoco debe refugiarse en el trabajo; eso lo único que le hará es frustrarlo, pues sin importar el cargo de jerarquía que tenga dentro de la empresa, seguirá sintiendo la sensación de no poder compartir su alma.

¿Qué le aconsejo? Yo creo que se puede disfrutar de la soledad. ¿Sabe algo? El estar solo le da más tiempo para pensar en lo que sucede; de hecho, cuando la persona está consigo misma llega a conocerse más. Es decir, experimentar la soledad no es del todo ‘malo’. Yo, por ejemplo, disfruto de ese estado que no es otra cosa que el imperio de la conciencia y que, desde mi perspectiva, es muy enriquecedor.

De todas formas, aunque la soledad no alcanza a tener un perfil patológico, sí es evidente que el vacío que se experimenta,

independientemente de dónde esté o con quien viva, puede llegar a causar depresión. Ojo: si se siente así, le recomiendo prestarle mucha atención y buscar orientación profesional.

Yo le daría una ‘receta’ que no es exactamente la solución, pero sí es muy práctica: si usted se siente solo, haga simplemente lo que más le gusta en la vida. Con la Venia de Dios y aprovechando el libre albedrío que se le otorgó, sáquele provecho a su estado. De todas formas, recuerde que su círculo de soledad es tan pequeño como usted quiera que él sea. Sentirse solo es un sentimiento y no hay ningún sentimiento que dure para siempre. Aprenda a disfrutar lo que tiene y abone terreno para compartir más en cualquier momento. ¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES CORTAS

* No puede hacer mayor cosa para cambiar lo que ya pasó; pero sí puede hacer mucho para modificar lo que viene. Con una sana actitud borrará lo triste del ayer y luego dibujará esa sonrisa que requiere para visualizar un presente prometedor.

* Cada dolor lo hace más fuerte; cada traición, más inteligente; cada desilusión, más hábil; y cada experiencia, más sabio.

* Vaya hacia lo más alto que pueda; no para que el mundo lo vea, sino para que entienda que puede subir más allá de lo que usted se imagina. Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida; y al final de cada logro, hay otro reto.

* Atrévase a disfrutar las cosas que le ofrece la vida. Sea capaz de ver nuevas aristas sin dejar de apreciar lo que tiene y aproveche las oportunidades que lleguen a su entorno. La vida es una aventura: respire profundo y láncese a disfrutarla. ¡Dé ese gran salto a la felicidad!

* La oración es como la luciérnaga, una sola es capaz de eliminar la oscuridad.

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