jueves 25 de julio de 2019 - 12:00 AM

Inspirémonos con la ‘grandeza de la sencillez’

La soberbia no nos hace grandes; todo lo contrario, nos rebaja. La verdadera grandeza consiste en que podamos brillar sin aplastar a nadie.

Tal vez con la arrogancia alguien podrá sentirse más fuerte y poderoso, pero le garantizo que alguien así nunca será feliz. Quien crea que es el centro de atención y que todos supuestamente debemos someternos a sus caprichos está muy desubicado.

Es una pena que exista gente que se crea más de lo que en realidad es y, peor aún, que bajo esa petulancia trate mal a los demás.

Nadie que utilice un lenguaje soberbio, grosero y malintencionado podrá encontrar el alivio en su alma.

Son muchos los casos de hombres a los que la prepotencia los asfixió. Por causa del orgullo que se anidaba en sus corazones, jamás pudieron volver a levantarse.

La verdad es que existen a nuestro alrededor muchos individuos que alardean sobre sí mismos y que viven obsesionados en sobresalir por encima de los demás.

¡Qué equivocados están!

Lo que más me sorprende de los que se comportan así es que suelen decir que “no necesitan de nadie para sobrevivir”.

Yo les pregunto a esos que dicen eso: ¿Qué es lo que esconden detrás de esa actitud autosuficiente?

Tal vez debajo de ese enorme ego hay una persona con una autoestima muy baja y con una sensación de poca valía personal e inmadurez emocional.

Según los expertos, las personas asumen este comportamiento porque buscan la admiración y el reconocimiento del que con seguridad carecieron durante la infancia.

Me aterra de esa gente la frialdad y la incapacidad de ofrecer de manera espontánea un abrazo, de brindar una caricia o de expresarles a los demás una gota de afecto.

Ni hablar del desdén que evidencian con su mundo espiritual. Es más, ellos se convencen de que no pueden mostrar sus altibajos emocionales y por eso jamás recurren a los demás para compartir sus inquietudes y preocupaciones.

¡Pobres, se quedarán solos!

Ojo: si no moderan su orgullo, si no entienden que la mayor grandeza del ser humano está en la sencillez la vida les pasará la cuenta de cobro.

Siempre será mejor reconocer nuestras propias vulnerabilidades, enmendar los errores que cometamos y evitar que el orgullo más nocivo asuma el control.

Hay que reconocer que la grandeza de la vida misma está en las cosas sencillas y en la humildad.

¿Ha sido víctima de alguien arrogante? ¡No intente cambiarlo! El entorno mismo se encargará de hacerlos estrellar.

Si en su cotidianidad tiene que compartir con gente así, revístase de una dosis de paciencia y tolerancia para soportar sus expresiones exageradas de su supuesta sapiencia.

En caso de que no cambie su actitud, no permita que le afecte ni lastime lo que él le diga o haga. Es mejor orar por esa persona.

Todos debemos aprender a reconocer al otro, es preciso ser empáticos y siempre tener presente que no hay una verdad absoluta, pues cada quien tiene el derecho a mantener sus opiniones respecto a diversos temas.

También nos conviene admitir las fallas propias, ya que ello nos permitirá demostrar gran fortaleza, humildad y transparencia.

Esta es una invitación para frenar la altanería y para que cesen las expresiones arrogantes.

EL CASO D E HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “La vida me está dando señales de modificar algunas costumbres que he venido alimentando a lo largo de mi existencia, pero no he sido capaz de dar ese paso renovador. Vivo en una lucha interior entre mi deseo de tener mucho dinero o pensar más en mi mismo. Menciono mi caso porque estoy ocupado a toda hora y con tanto negocio se me dificulta pensar en algunas cosas personales que he venido aplazando. Lo que pasa es que le apuesto a tener una libertad económica. ¿Eso es malo? Lo cierto es que por ir tras ese objetivo he descuidado otras cosas claves de mi cotidianidad. ¿Qué consejo me daría usted? Muchas gracias”.

Respuesta: Es obvio que necesita apropiarse de una dosis de fuerza de voluntad para actuar y para dedicarse el tiempo que requiere para usted mismo.

¿De qué le sirve oponerse a las señales que la vida le está dando?

Asuma lo que su conciencia le propone, entre otras cosas, por su salud.

Sé, por lo que interpreto en las líneas de su correspondencia, que sí será capaz de hacer grandes cosas renovadoras; solo que tal vez le está faltando decisión para dar ese primer paso.

Despeje su mente y procure analizar los ‘pro’ y los ‘contra’ de esos avisos que percibe en la actualidad. El maravilloso potencial con el que cuenta será fundamental para tomar sabias decisiones.

En ese análisis recuerde que cuando hace algo que le hace sentir bien experimenta alegría, entusiasmo y fuerza.

En cambio, cuando hace algo que lo aleja de su propio bienestar entonces encuentra apatía, tristeza y dolor.

Me habla de que está afanado por tener más. Yo pienso que invertir en usted mismo es uno de los mejores ‘negocios’ que puede hacer y le garantizo que eso le traerá grandes dividendos.

Ahora bien, no está mal que aspire a alcanzar la libertad y la independencia económica, eso suena muy bien y debe seguir pensando en ello. Pero no por eso debe refundirse en ocupaciones y dificultades que, al final, son las que lo alejan de las tareas pendientes con su vida misma.

Hay una frase muy linda que puede interpretar mi respuesta y se lee así: “Hay que cuidar lo de adentro, que lo de afuera es prestado”.

Un poco de equilibrio estaría bien.

El dinero normalmente se atrae, no se persigue. No veo por qué tenga que pensar en buscarlo negándose a vivir.

Aprenda a lograr la plenitud. Tenga la certeza de que podrá ir despejando el camino de la vida al compás de la fuerza de voluntad, la ilusión y las ganas de conocer la verdad de su destino.

Es fundamental pensar más en usted y debe apuntarle a la plenitud, así como a su tranquilidad.

En la medida en que entienda que su felicidad y su realización son las principales metas, podrá alcanzar todo lo que anhela. ¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES CORTAS

¡Libérese!

Se suele pensar que perdonar a otra persona implica permitir que el agresor lo siga ofendiendo y hacer como si nada hubiese pasado. ¡No es así! Perdonar es recordar sin dolor. Significa liberarse de las ataduras de la amargura que produce el daño que otro le hizo. Por eso, el perdón siempre será una decisión totalmente personal e independiente.

Serenidad y paciencia

Siempre trate de estar tranquilo y sereno. Sin importar lo que suceda, debe tomar medidas constantemente para convertir todo lo que le suceda en oportunidades de crecimiento positivo. Jamás pierda la fe, tenga esperanzas, eleve una plegaria a Dios y piense que todo funcionará. Cada cosa volverá a su lugar y usted podrá salir adelante.

Defina para dónde va

Dicen que establecer metas es el primer paso para volver lo invisible en visible. Así las cosas, siempre será fundamental definir sus sueños y emprender una ruta para llegar a ellos. ¿Cuántas veces ha conseguido algo que creía imposible? Recuerde que se tardó más de lo que creía, pero si no hubiese perseverado jamás sabría si lo podría haber conseguido.

La felicidad

Ser feliz no es tener una vida perfecta, sino saber que el mundo es bello a pesar de los obstáculos. La felicidad está ahí, delante de usted. Abra bien los ojos, libérese del miedo, deje de creer que la incertidumbre es mala, escúchese y confíe en usted mismo. ¡Es cuestión de asumir una actitud propositiva!

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