jueves 25 de junio de 2009 - 10:00 AM

¿Qué es lo que usted busca en la vida?

Comenzó como un ejercicio de clase en una universidad cualquiera. El profesor les preguntó a sus alumnos: ¿qué buscan ustedes en la vida?

Antes de que los jóvenes contestaran, el docente les dijo que se convirtieran en detectives privados, con el fin de indagar en el fondo de sus corazones  lo que querían encontrar en este mundo.

El maestro les solicitó que sacaran lupas y que, al mejor estilo de los inspectores de las series judiciales, siguieran los rastros de las huellas dejadas durante sus años de vida.

La verdad, la escena resultó 'simpática'. Pero, fue algo más que una clase: se trató de una herramienta para remover el pasado, y escudriñar en él si lo que el alumno había soñado de niño correspondía con lo que estaba estudiando en la ‘U’.

El singular ejercicio llevó a algunos de los alumnos a analizar los sueños de la infancia. Lo hicieron como si se trataran de huellas dactilares, y se encontraron con rasgos particulares que les pintaron en sus rostros diversas expresiones: unas de risa, otras de angustia, muchas  de ansiedad y no faltaron las que reflejaban incertidumbre. Se vieron pocas caras de felicidad.

Esos muchachos, entre los 17 y 22 años, se veían con pasos indecisos, con libros en la mano y con ojos inquietos, los cuales perseguían respuestas a todas sus inquietudes.

Luis soñaba con ser bombero y se veía entre mangueras de polietileno apagando incendios; Mario se veía vestido con una bata inmaculada entrando a una sala de cirugía; Luisa comenzó a cantar y se imaginó en un escenario abarrotado de público, interpretando sus propias canciones.

Hoy, el trío de alumnos estaba metido en un aula, un tanto gris, cursando una carrera de 'moda': Criminalística.

Era un escenario real, pero inexistente en el pasado de estos jóvenes. Cada uno de ellos supo que estaba allí, en ese plantel, con la necesidad de ilusionarse por algo, por complacer a ‘papᒠo a ‘mamᒠo por creer que el estudio le cambiará su deprimido panorama económico.

Muy pocos de los jóvenes de la clase se veían como personajes que quisieran propugnar por un cambio en la sociedad, o promover valores profesionales con los cuales la mayoría de la gente se podría identificar.

A casi todos los alumnos les faltaban ganas. Sólo unos cuantos tenían carisma y vocación, indispensables para ser mejores personas cada día.

¡Claro está que no todo fue malo ese día de clase! La actividad planteada fue, tal vez, la mejor enseñanza que estos alumnos pudieron haber recibido en esa carrera.

A muchos de ellos les quedó claro que la vida puede ser  una película que, como ocurre en la  Criminalística, deja huellas claves.
La clase les permitió imaginarse, sólo por unos segundos, qué tanto les había costado el rodaje de cada una de las escenas en donde ellos fueron los protagonistas.

Así como un filme es una secuencia de imágenes fotográficas tomadas con una cámara, todos ellos se animaron a proyectarlas en sus propias salas de cine: las de sus corazones.

Observaron en esas grandes pantallas los sueños del momento, las olas que fueron y vinieron, las sombras que llegaron y se desvanecieron o las secuelas dejadas por los momentos difíciles.

¡Vieron escenas bellas de sus cotidianidades!
De igual forma, entendieron que deben mirar para el frente para encontrar lo que están buscando y que, muchas veces, lo que anhelan es algo más que su formación académica.

Tal como les sucedió a esos estudiantes, nosotros también podríamos convertirnos en detectives.

Lástima, eso sí, que las grabaciones realizadas durante nuestra vida, no se puedan copiar en vídeos. Tal vez por eso nos toca recurrir sólo a la memoria, un recuerdo que de manera desafortunada se nos desvanece por el acelere en el que andamos.

En la realidad, nuestra vida es como la cinta del celuloide, que se impresiona y se revela, no por los procedimientos químicos, sino por los resultados que damos.

Ese es nuestro mundo, un espectáculo cinematográfico que narra una historia interpretada por nosotros mismos pero que, en más de una ocasión, no es la que queremos vivir.

¡Mucho cuidado con lo que estamos haciendo! no olvidemos que para la mayoría de nosotros, la vida verdadera que queremos no es la vida que llevamos en la actualidad.

lo que buscamos, a travÉs del tiempo

En la niñez: La muchedumbre de ensueños de los niños se refleja en los juegos, en los dulces y hasta en las ganas de 'ser grandes'. Muchos de estos anhelos se truncan muy temprano, entre otras cosas, por la falta de cariño.

En la adolescencia: Aunque en esta época los ojos brillan sin ver, uno siente que todo es posible. Hay que advertir, eso sí, que algunos adolescentes se vuelven imprudentes y arruinan sus vidas.

En la juventud: A los 20 años, todo sonríe. Es la época del amor, de la adrenalina y de la libertad. Lo malo es que muchas veces no sabemos ser felices, ni ser amados.

En la madurez: Nos volvemos experimentados y analizamos todo con cautela. Claro está que algunos no saben aprovechar eso que la vida les ha ido enseñando y, sin querer, vuelven a cometer los mismos errores del ayer.

En la vejez: Es una gran época, así muchos no la valoren. Es cierto que llegan las enfermedades, la decrepitud y la soledad; pero también es clave estar preparado para ser un 'veterano'; sólo así esta época no será un dolor de cabeza. 

 

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