jueves 23 de julio de 2020 - 12:00 AM

Jamás olvidemos las lecciones que nos ha dado la vida

Muchas lecciones nos llegarán a cada uno de nosotros en distintas épocas, pero tal vez ningunas serán tan valiosas como las enseñanzas que nos dejará esta pandemia.
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Es fundamental desterrar todo aquello que nos haga sufrir. Esa será una tarea importante para pasar la página del dolor y no convertirnos en seres resentidos.

Es claro que se aprende a ‘vivir viviendo’ y que cada nuevo día debe ser visto de una manera esperanzadora.

Pese a ello, también es esencial no olvidar las enseñanzas que nos dan las adversidades.

Por eso, cuando todo este mal momento por el que atravesamos concluya, debemos mirar hacia el frente sin olvidar lo que hemos tenido que afrontar para no dejarnos vencer.

Mañana, cuando la pandemia sea un asunto del ayer, será crucial reconciliarnos con la vida misma.

Insisto en que se debe recordar este duro episodio, no para amargarnos o refundirnos en remembranzas traumáticas, sino para tener presente que somos vulnerables y, sobre todo, para no volver a creer que somos los dueños del mundo.

Soy de los que piensa que deberíamos escribir todo lo que el virus nos ha dejado, para que nuestra historia no se borre jamás y todas las generaciones futuras sepan lo difícil que fue esta situación y, al mismo tiempo, entiendan el valor que desplegamos para superar esta prueba.

Claro está que para alcanzar tal madurez será preciso mirar los momentos perturbadores como lecciones aprendidas.

Una de esas enseñanzas es que comprendimos que nuestra unidad de medida es la vida misma y que ella no depende tanto de cuánta plata tengamos, si somos altos o bajos o si tenemos apellidos de alcurnia o no.

Hoy sabemos que todos somos iguales y que hay que aprovechar cada segundo.

En próximos años recordaremos que enfrentamos el desafío y que al vencerlo salimos fortalecidos, sobre todo en el área espiritual.

Aprendimos que después de Dios, lo único fijo y estable en el mundo de manera irónica es el cambio, y por eso el universo sigue su marcha y no hay forma de detenerlo.

Además, en vez de pelear por las vueltas que dio el destino, supimos aceptarlo e incluso pudimos sacarle el mayor provecho.

Entendimos que como todas las criaturas del universo, somos seres en proceso de construcción y a cada instante algo de nuestra propia naturaleza está muriendo, mientras cosas nuevas van naciendo.

Tomamos conciencia de la conexión que existe entre lo material y lo espiritual, para que sintiéramos la alegría de ser nosotros mismos y participar en el magnífico Plan Divino.

Porque el destino siempre estuvo y estará disponible para darnos la materia prima que necesitamos en la construcción de la gran obra con la que tanto hemos soñado, y de esa manera poder ser felices.

También nos dimos cuenta de que la posibilidad de recomenzar un nuevo camino es nuestra por completo; está en nuestra manos levantarnos y no hay excusas que valgan.

Si bien nos sentimos arrastrados en dos direcciones: una hacia lo desconocido y otra hacia la búsqueda de la seguridad; sabemos que nuestro poder de decisión sigue intacto.

De igual forma, aprendimos a distinguir bien las cosas del corazón y las cosas de la cabeza y hoy, más que nunca, estamos preparados para el ‘elemento sorpresa’, porque todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

El libreto de nuestra vida no está escrito y cada día es una página más por redactar.

Y lo más esencial de todo esto es que, al mirar bien nuestra realidad, ya somos conscientes de cuán importante es nuestra fe en Dios, porque sin Él no somos nada.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Estoy confundido con mi vida. Miro al cielo y no veo futuro. Me la paso abatido en medio de la inestabilidad que ha desencadenado la pandemia. Las circunstancias actuales me producen tristeza y soledad y todos esos embrollos no me permiten estar bien. No sé si será la impotencia que se respira en el ambiente, pero debo confesarle que jamás me había sentido con tanto miedo e incertidumbre. Mi vida está caótica, mi escalera al cielo frenó en seco y lo peor es que no sé cuál horizonte tomar para salir de esto. Espero su consejo”.

Respuesta: Hoy muchas personas se sienten así. Sin embargo, tenga presente que, más allá del tema de la pandemia, siempre en la vida diaria nos enfrentamos a muchos desafíos que nos generan incertidumbres.

¡Tiene que sacudirse de ese estado!

Aunque la confusión sea la que predomine en este momento de su existencia y tenga dudas, debe tomar las cosas con calma. Le conviene desintoxicar su organismo y desterrar esa percepción de temor en su entorno.

El miedo lo paraliza de formas que muchas veces no dimensiona. Si bien es natural que se sienta así, dada la situación del COVID-19, es mejor que atraiga una mejor vibra.

La etapa por la que está atravesando, la cual usted califica de “caótica”, sólo lo está poniendo a prueba. Le garantizo que esta situación le dejará enseñanzas que más tarde comprenderá y cuando toda esta ‘nube gris’ se haya despejado podrá recomponer sus metas.

Si siente que lo que le rodea no le está brindando suficientes oportunidades para sentirse plenamente a gusto, no dude ni un momento en transformar sus propias circunstancias. Sea consecuente con usted mismo, pues de esta manera podrá establecer con claridad lo que quiere para su mundo.

Reflexione sobre la situación presente y obre con resiliencia. Le reitero que después de la oscuridad por la que pasa vendrá la claridad y con ella recuperará su tranquilidad.

Mantenga una buena actitud y enfrente la situación con la mayor dignidad posible. Si mira las cosas positivamente, podrá salir de ese estado. No se sienta mal por los momentos de tristeza y de soledad; mejor interprete estos momentos críticos como oportunidades para conocerse más.

Confíe en su ángel de la guarda. Con él puede armonizarse en cualquier momento por la vía del corazón y mediante la oración. Tenga fe y pídale a Dios claridad, sabiduría y Bendición.

REFLEXIONES CORTAS

* Nos suele suceder que la armonía que tenemos se rompe. Sin embargo, si nos caemos por nuestros problemas, debemos levantarnos por nuestros sueños. Nunca debemos rendirnos, ni siquiera cuando perdemos la confianza en que todo volverá a ir bien. Nos corresponde recobrar el ánimo, pues a veces las crisis se dan para romper lo viejo y crear algo nuevo.

* Debemos ser capaces de vencer las propias limitaciones y miedos para atrevernos a ser como somos, sin ningún vestigio de apariencia. Es mejor conquistarnos a nosotros mismos que ganar mil batallas. Si lo hacemos, podremos vivir en paz y recibir más bendiciones.

* Es preciso dejar de ser tan cuadriculado y necio. ¿Qué gana con pretender tener todo bajo su control? Eso de vivir preocupado y programando el mañana, no le va a permitir disfrutar el momento presente. Debe dejarse llevar por su corazón, por la fe y por la intuición.

* Espero que el silencio de la noche acompañe su valioso sueño para que pueda descansar bien. También deseo que la Gloria de Dios al amanecer le traiga muchas alegrías. Amén.

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