jueves 30 de noviembre de 2023 - 6:00 PM

Jesús nos pide que midamos el alcance de nuestras palabras

Si sabemos que nuestras palabras tienen poder, ¿por qué insistimos en decir cosas que lastiman? Dios nos recuerda que podemos elegir usar ese poder para edificar y bendecir a los demás, o para destruir y herir.
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En medio de nuestras charlas o conversaciones, además de la forma como expresamos nuestras opiniones, olvidamos que Dios siempre nos ha instado a medir el alcance de nuestras palabras.

Deberíamos tener presente que tanto las cosas que les pronunciamos a los demás como las que nos decimos a nosotros mismos pueden ser constructivas o detonantes de dolor.

A veces no nos damos cuenta, pero con relativa frecuencia les causamos heridas a las personas, incluso a aquellas que más amamos, justo porque no sabemos expresarnos.

De igual forma, estamos acostumbrados a repetirnos tantas necedades y ociosidades que finalmente terminamos haciéndonos daño.

A menudo, lo que decimos en un momento de emoción o descuido puede dejar cicatrices profundas en el corazón de alguien.

Jesús enseñó que nuestras palabras deben ser reflejos de amor y gracia, y no pueden ser instrumentos de división, envidia, rencor o dolor.

Dios nos recuerda que nuestras palabras pueden ser como semillas, que crecerán y darán frutos en la vida de los demás; pero también ellas pueden ser el abono, que luego se traducirán en insultos y maltratos.

Nos corresponde darnos cuenta de todo cuanto decimos. Si nuestras palabras no han de servir para edificar, es mejor callar. Dicho de otra forma, es a través de las palabras que edificamos o destruimos.

Si nos la pasamos repitiendo groserías ‘una y otra vez’, si somos problemáticos e histéricos o si creemos que todo se tiene que decir a los gritos, estamos equivocados.

¿Por qué hablamos hoy de este tema? Porque las palabras son anclas que despiertan en cada persona estados emocionales precisos.

No es lo mismo cuando decimos las cosas con amabilidad que cuando hablamos de una forma vulgar. Es hora de desechar las malas palabras.

Cuando medimos el alcance de nuestras frases, estamos reconociendo que cada línea que sale de nuestra boca tiene un impacto en los demás y en nosotros mismos. También estamos reconociendo que nuestras palabras tienen el poder de construir puentes o levantar barreras, de sembrar esperanza o desesperanza.

Jesús nos pide que midamos el alcance de nuestras palabras

También nos corresponde erradicar toda experiencia negativa del pasado. Por lo general existen voces internas, que no son otra cosa que ecos de malas experiencias, que nos frenan simplemente porque al escucharlas nuestro subconsciente se bloquea.

Por lo general dichas voces pertenecen a los mismos padres o maestros que cohibieron ciertas actitudes y reprimieron diciendo frases como “usted no va a ser capaz”, “usted no sirve para nada”...

Reflexionemos sobre esto y tengamos muy claro que el modo en que hablemos con los demás o con nosotros mismos también es sinónimo de bienestar o de sufrimiento.

EL CASO DE HOY

Jesús nos pide que midamos el alcance de nuestras palabras

Testimonio: “Paso por una temporada que me parece triste y sin sentido. Lo que me ocurre es que soy un hombre de principios y veo a mi alrededor mucha gente que va a la deriva y sin escrúpulos. Eso me aflige porque no entiendo cómo los demás se hacen los de la ‘vista gorda’ ante las cosas realmente importantes de la vida. Todo eso me deprime. Al respecto, me gustaría leer una reflexión suya. Muchas gracias”.

Respuesta: Recuerde que, como lo sugería y lo recomendaba el patrono de los Salesianos, San Juan Bosco, “hay que ser muy firmes en los principios, pero muy suaves en las formas”.

Tenga claro que, como lo expresa la sabiduría popular, “la disciplina debe ser para usted, y al mismo tiempo la comprensión y la tolerancia tienen que acompañarlo”.

La mejor terapia para salir de esa angustia en la que se encuentra, está en el disfrute de las cosas sencillas y bellas de la vida; basta con apreciar y disfrutar de un paisaje bello, dialogar con los amigos de corazón a corazón, leer un buen libro, mirar hacia el frente con optimismo, en fin...

Estas serán estrategias útiles para enfrentar este tiempo que, en sus palabras, “no tiene sentido”. ¡No se complique!

Ojo: está bien que no comparta la forma de ser de algunos, pero tampoco tiene que amargarse porque los demás sean personas sin valores. Reflexione sobre eso que hoy experimenta y sea pragmático.

Si el buen juicio lo guía, tenga claro que los demás no están obligados a pensar como usted. Así las cosas, siga sus principios y relájese. Por lo demás, siga adelante y decida ser feliz. ¡Dios lo bendiga!

BREVES REFLEXIONES

Jesús nos pide que midamos el alcance de nuestras palabras

En medio de nuestra cotidianidad recibimos servicios, favores y regalos que obviamente nos instan a decir “gracias”. Esa palabra es una de las más grandes expresiones de amor y de correspondencia en la vida; además, una persona agradecida es un imán de una montaña de cosas buenas.

¿Conoce a personas que sólo lo saludan cuando necesitan que usted les haga algún favor? ¡Suele pasar que cuando quieren algo de nosotros se muestran amables! Hay muchas personas interesadas que nos usan con gran descaro. Recuerde que el interés se huele a kilómetros y que lo mismo pasa con el desinterés.

Ni usted ni yo ni nadie es indispensable en la vida de nadie. Todo sigue su rumbo y nada se detiene. Y aunque no hay nadie imprescindible, definitivamente sí hay gente inolvidable. Procure que en todo lo que haga quede la huella indeleble del bien que hizo o de lo bella gente que usted fue.

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Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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