martes 16 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

La amargura del envidioso

Las personas que no son capaces
de reconocer los triunfos de sus compañeros por física envidia, tarde
o temprano, tendrán que ‘tragarse’
sus necios comentarios.
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Hay quienes no son capaces de reconocer las cualidades y las virtudes de los demás y, en lugar de alegrarse por los éxitos de sus compañeros, sufren. La razón: no pueden soportar que existan personas que se destaquen y lleguen al podio antes que ellos.

Esa fea costumbre hace que los envidiosos vivan atacando a quienes van progresando, tal vez porque ellos mismos no han sido capaces de avanzar. En ese orden de ideas se incomodan cuando los otros se abren camino y, en consecuencia, se la pasan ‘rajando’ de las victorias ajenas. Cuando no se poseen talentos, se envidian los logros de los que sí los tienen.

Detectemos si quienes nos rodean están más pendientes de cómo nos va a nosotros que a ellos mismos, pues esa es una sospecha de brotes de envidia. Este ‘cáncer’ del alma es una de los mayores enfermedades que se pueden padecer, entre otras cosas, porque al envidiar las personas lo único que hacen es ver muy pálidas sus propias vidas.

Y es que alguien envidioso se ve tan pequeño ante las figuras de los otros, que busca por todos los medios achicarlos a juro, sin darse cuenta de que él es el que se rebaja y queda en evidencia. Si se diera cuenta de que por envidioso estará condenado a morirse de la rabia, desistiría de ese afán por aminorar las victorias de sus compañeros.

Lo que más me preocupa de la envidia no es el que la siente, sino que con su accionar el envidioso se la pasa frenando el vuelo de la gente. La envidia, como el fuego voraz, ennegrece lo que no puede destruir y poco a poco se va convirtiendo en la polilla que intenta carcomer la madera ajena.

Si escucha comentarios tóxicos sobre el éxito de un compañero y se da cuenta de la lengua viperina de alguien, puede neutralizarla con su indiferencia.

Recuerde: si yo gano, usted gana; esa es una máxima que se debe irradiar. Siempre debemos sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado y, al mismo tiempo, hay que aplaudir a quien surge y se abre campo en el camino.

¡Huya de ese pecado capital! La vida es demasiado bella como para malgastarla envidiando a los demás.

No deje que penetre esa ‘maleza’ en su oficina, en sus relaciones sociales ni mucho menos en su hogar. Por favor, no se deje llevar por los celos profesionales ni sienta pena si su vecino triunfa; comprenda que su reto es con usted mismo y no tiene caso vivir comparándose con los demás.

Se debe esforzar por sus propios anhelos y volar lo suficientemente alto, como para que abajo otros se queden murmurando de su altura.

EL CASO DE HOY

Las angustias asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan inquietudes, sobre todo en esta época. Sin embargo, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y de aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al e-mail: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

La amargura del envidioso

Testimonio: “Hay cosas maravillosas que experimenté de joven y que hoy no tengo. Me traslado a mi pasado y recuerdo hazañas y momentos felices que se traducen en añoranzas. Mi realidad actual, sin ser mala, no es ni la sombra de mi vida anterior. Eso me tiene triste. ¿Qué me aconseja?”.

Respuesta: Es evidente que la nostalgia está embadurnando su alma por cosas que fueron bellas, pero que hoy solo son remembranzas.

Si bien es normal añorar lo que ya no está a su lado y que le dio tanta felicidad, debe entender que su realidad ahora es diferente. Es decir, busque la forma de lidiar con el recuerdo de eso bonito que vivió, sin que ello sea una excusa para no conseguir un equilibrio y continuar con su mundo actual.

¡No viva triste por el tiempo que se fue! Dele el puesto que se merece a cada cosa que hoy tiene, a cada detalle que la vida le da y a cada momento que le corresponda protagonizar.

Por lo que interpreto en su carta, se está olvidando de poner la mirada en lo más inmediato: su presente.

Y aunque no me da detalles de lo que hoy tiene, sí admite que no es ‘mala’ su situación actual. ¿No cree que es tiempo de saborear los tesoros que Dios le brinda con cada amanecer?

Yo sé que muchas de las cosas que le encantaba ya no las puede hacer, pero sí puede ajustar bien sus expectativas para divisar otro cielo.

Cuando deje atrás esa parte de su mundo que ya es historia, se sentirá renovado. Lo importante es estar satisfecho con lo que hace y ponerle el alma a cada circunstancia que la vida misma le brinde.

En lugar de estar melancólico siéntase reconfortado, protegido, animado e incluso feliz por el hecho de estar vivo. ¡Dios lo bendiga!

BREVES REFLEXIONES

La amargura del envidioso

* Cuando la adversidad nos sacude nos sentimos en medio de una tempestad abrumadora y creemos, de manera errada, que no tenemos la sombrilla adecuada para ‘capotear’ esa situación. Sin embargo, Dios nos cubre y con Él salimos victoriosos.

* Reflexionemos y meditemos sobre lo que leemos y estudiamos en las Sagradas Escrituras. A la Biblia no hay que tenerla en los papeles con tinta, sino que debemos aprovecharla sabiendo que la palabra del Señor mora en nuestro corazón.

* Esté cerca a gente trabajadora, que pueda admirar y que le permita compartir su buena vibra. Y también usted debe estar dispuesto para dar una mano cuando los demás se lo soliciten, porque eso es lo que en verdad nos ayuda a crecer y a ser mejores

* Algunas personas arrogantes tienden a humillar y a mirar a los demás con desprecio. Si el dinero y el poder los hacen soberbios, la enfermedad y la muerte les mostrarán que son mortales y que todos somos iguales ante los ojos de Dios.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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