martes 21 de julio de 2020 - 12:00 AM

LA CONSULTA DEL DÍA

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Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:
Testimonio: “Estoy muy afanado y lleno de problemas. Le cuento que soy uno de los pacientes espirituales que requiere de sus sabios consejos. La crisis de la pandemia me tiene sin plata, me trajo dolores de cabeza y en general no me deja en paz con los angustias diarias. Me la paso pensando en estas problemáticas y me lleno de preocupaciones; también reniego por lo que me sucede. Me siento vulnerable. ¿Qué debo hacer para encontrarle la paz a mi alma?”.
Respuesta: En esta época en la que el mundo entero habla de crisis, todos podríamos llegar a ser unos “pacientes espirituales”.
Entiendo cuando me habla de su vulnerabilidad, pues casi todos nos sentimos así y nos cuesta trabajo encontrar las soluciones que necesitamos.
Pero es, en estos momentos cuando usted y todos debemos buscar las herramientas adecuadas para no desvanecer.
Antes que nada, no permita que sus pensamientos alimenten más sus preocupaciones. Recuerde que la imaginación no tiene límites y trabaja a una gran velocidad; y en más de una ocasión sus problemas tienen soluciones.
No permita que los problemas de plata, los quebrantos de salud o las angustias del día a día terminen enfermándole más el alma.
Usted no ve las soluciones porque está demasiado sumergido en la confusión. Trate de analizar cada situación como si estuviera fuera del embrollo mismo, para que pueda ver su entorno con más objetividad y claridad.
Mire a sus vicisitudes desde varias perspectivas y asúmalas como retos en vez de verlas como amenazas. Así, entendiendo estos obstáculos de una manera propositiva, estará utilizando una fuente de motivación que produce mucho menos estrés y más satisfacción.
Una vez que sea plenamente consciente de los problemas que afronta, llegará el momento de establecer estrategias para solventarlos. Y como ya sabe sus objetivos y la magnitud de los obstáculos, piense en las salidas más viables. Todos los dolores de cabeza, por muy intensos que sean, tienen sus ‘medicamentos’.
Use de manera racional su buen sentido común para resolver sus afugias, pero sin precipitación alguna. Permanezca en silencio y pida ayuda divina: una voz muy clara y límpida le señalará el camino a seguir.
Aprenda a escuchar la voz interior que existe en su alma. Ella tiene las soluciones para todas sus inquietudes. Y una vez decidido, siga el rumbo aconsejable: el de caminar hacia adelante.
También le propongo recurrir a sus reservas espirituales y a confiar más en su intuición. Debe saber que no está solo. Cuenta con la intervención de alguien que desde arriba lo acompaña, cualquiera sea el momento por el que esté atravesando.
Usted puede sentirse hundido, pero no es así. Por muy oscura que sea la noche, al fin amanece y de, todas formas, en las tinieblas o en la claridad Dios escucha al que padece.
Deje de renegar por su vida, que nada saca con asumir el rol de víctima. Recupere la autoconfianza. Le reitero que debe buscar la mejor cápsula y la más efectiva receta que doctor alguno le podrá recomendar: la del Creador.
Por último, le recomiendo que eleve al cielo esta plegaria, la cual reza así:
Señor, permita que todas las situaciones de mi vida pasen como las aguas del río; que todas ellas se ahoguen en la corriente del tiempo. Amén.
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