martes 06 de agosto de 2019 - 12:00 AM

La cotidianidad no es tan ‘mala’ como la pintan

Aunque no lo creamos, la vida diaria puede ser más emocionante de lo que podríamos imaginar. Solemos satanizar nuestras agendas, cuando la clave está en saber disfrutarlas.

Aveces le hacemos ‘mala prensa’ a la cotidianidad. Nos la pasamos diciendo que ‘estamos aburridos de la vida que llevamos’, criticamos que ‘siempre pasa lo mismo’ y vemos el ‘día a día’ con tedio.

No sé por qué hemos llegado a ese punto, sobre todo sabiendo que hay cierto placer en la idea de entregarse de lleno a las cosas de nuestra vida, de nuestra familia o de nuestro trabajo.

Tal vez lo que nos pasa es que, por lo trajinadas que son nuestros programas, no hemos aprendido a disfrutar una conversación, un café, un trabajo y hasta un simple viaje en bus.

De tanto dejar volar nuestra imaginación y anhelar las comodidades de otros o las vidas ajenas, olvidamos que nuestro entorno es valioso y que hay muchas situaciones que vivimos que nos pueden dar la plenitud y la felicidad.

¿Cómo enamorarnos de la vida con la cotidianidad?

Siempre he creído que las claves para una vida más bella están en elementos que en realidad forman parte de lo cotidiano. Hablo de relaciones humanas significativas, de agendas laborales entretenidas, de acciones en pro de la comunidad que trasciendan e incluso de un puesto de trabajo que vaya más allá de un cargo de jefe o de gerente o del salario que se gane.

Si la vida está en el ‘día a día’, dejémonos llevar por la grandeza de las agendas sencillas.

Procuremos reafirmar la fe en nosotros mismos, porque de esta manera podremos ver nuestro entorno con mayor positivismo y claridad, y enfrentar la vida con más alegría o tener más capacidad de disfrute.

Si tenemos una mente nítida, con las ideas debidamente organizadas y dispuestas a dialogar con el mundo, nos revitalizaremos.

Para ello es necesario que redoblemos nuestra voluntad y que pongamos los pies sobre la tierra para agradecer por lo que la vida nos ha dado; de lo contrario seguiremos viviendo en el físico tedio.

Enfrentar lo que conocemos como las adversidades del diario vivir, tal vez sin notarlo, nos permitirá fortificar nuestro espíritu de lucha y alimentar nuestras capacidades de progreso.

Debemos aprovechar cada jornada para aprender algo nuevo, para meditar sobre nuevos aspectos de la existencia diaria, para progresar espiritualmente hablando y para crecer en todos los aspectos.

No nos desanimemos si encontramos muchos obstáculos en el camino porque ellos nos dejan cuotas de aprendizajes y nos dan las experiencias que nos permitirán triunfar en las batallas futuras de la vida.

Démosle gusto a nuestro corazón, pero manteniendo siempre la cabeza en su sitio para que no perdamos el control de las circunstancias que nos corresponda afrontar.

No estoy diciendo que no soñemos, ni los estoy invitando a vivir amargados. Lo que pretendo decir es que siempre es posible sentir nuevas emociones.

¡Es cuestión solo de reinventarnos!

Dicho de otra forma: No se trata de quedarnos estancados y renunciar a las novedades, sino de ser conscientes de que tenemos unas agendas interesantes por cumplir.

Hay que encontrar un equilibrio entre disfrutar lo cotidiano y tener sueños que perseguir.

Es obvio que debemos transformar de manera positiva nuestra propia realidad.

Solo sugiero que nos permitamos soñar abierta y generosamente; pero eso sí, sin perder el control de nuestros actos ni el contacto que debemos mantener permanentemente con la realidad.

La idea es convencernos de que la mejor oportunidad de nuestras vidas se está presentando precisamente ahora, así nos veamos sumidos en las rutinas de siempre.

Ahora bien, no está de más atrevernos a hacer algo original y novedoso con nuestra vida.

Me refiero a realizar alguna cosa realmente distinta y auténtica que nos salga del corazón, que tenga nuestro sello personal y que, de ese modo, nos permita ponerle un ingrediente creativo y apasionante a nuestra vida diaria, aún en medio de la cotidianidad.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes suelen asaltar nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio:

“Siempre he salido adelante. Aunque he tenido muchos problemas, uno a uno los he ido resolviendo con una de mis mejores armas: la perseverancia. Todo lo que he soñado lo he logrado a punta de trabajo y dedicación. Sin embargo, hoy miro el atardecer y le confieso que me siento algo vacío y no le veo sentido a mi vida en determinados instantes. Es difícil de explicar lo que siento, pero sí percibo algo extraño. Teniendo muchas cosas, no me encuentro a mí mismo. Desde su punto de vista qué debo hacer”.

Respuesta:

En ciertos momentos todos vemos nuestras vidas como si no tuvieran sentido. Es una percepción difícil de explicar, tal y como usted mismo lo dice.

En su caso es claro que le hace falta algo por dentro. Mire bien las cosas para hacer un acertado diagnóstico. De entrada, considero que se encuentra en un momento de su vida en el que ‘la angustia existencial’ tiene protagonismo por todo lo experimentado, pero ha de saber que se recuperará.

Su vida ha sido una permanente conquista, siempre venciendo dificultades y limitaciones para conseguir lo que ha logrado. Lo que se ha propuesto,

cuando ha persistido en la lucha, se ha convertido en realidad. Esa es la ley ‘kármica’ de este planeta y así continuará siendo. No se consigue nada gratuito y sin cierto esfuerzo. Pero, por lo que interpreto en sus líneas, le ha llegado la hora de que “se conquiste a usted mismo”.

Es hora de volver su atención a su interioridad, para que mejore sus cualidades y virtudes personales y para que refuerce el poder de su voluntad.

Recuerde que las grandes obras siempre empiezan en la mente. Abra su corazón y procure entablar una comunicación abierta con usted mismo y con Dios, más allá del concepto que tenga de Él.

Si abre su corazón y es sincero, comenzará a irradiar energía y positivismo. Esa sensación de vacío se irá desvaneciendo.

Disfrute el aquí y el ahora.

Sáqueles el máximo provecho a los momentos que le corresponda vivir. Valore lo que tiene a su alrededor y es importante que admita que cada día ha valido la pena. La vida es una experiencia, aprovéchela para cosas nuevas. Termino mi reflexión con esta pregunta: ¿Dejará que su vida esté impregnada de vacío o empezará a disfrutarla?

Por último, le recuerdo la frase con la que empezó su carta y tenga presente que ‘siempre ha salido adelante’.

Estoy seguro de que superará este ‘bache’. Por lo demás, queda invitado para un tinto.

REFLEXIONES CORTAS

En manos de Él

Si deja todo en las manos de Dios, Él lo bendecirá. Recuerde que todo lo que el Creador hace es bueno y todo lo que permite es necesario.

Consejos prácticos

Me molesta la gente que critica sin saber qué hay detrás de cada ser humano. No hable de lo que no vio ni de lo que usted no ha sentido: Cada uno sabe el dolor que carga, el peso que lleva, la dificultad que pasa y la lucha que enfrenta. Todos tenemos nuestra propia historia y a nadie le corresponde juzgarla. El que vive la fiesta es el que la goza; y el que no puede ir a rumbear... ¡pues sus razones tendrá!”

Para recordar

Cuando esté en lo más alto de la vida jamás olvide de dónde fue que Dios lo sacó.

Gran diferencia

Aprenda la diferencia entre conexión y apego: La primera le da energía, el segundo se la roba.

Se lee en la Biblia

El libro de Romanos nos dice: “Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”.

¡Viva la vida!

Lo mejor que puede hacer con la vida para agradecerle es disfrutarla. ¡Deje tanta amargura y decida ser feliz!

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