jueves 03 de junio de 2021 - 12:00 AM

La fe en Dios nace en nuestro corazón

Debemos tener ojos para ver y para entender la forma como Jesús sale a nuestro encuentro en esta compleja situación. Independiente de la iglesia a la que pertenezcamos, no podemos dejarnos consumir por el miedo o por la inseguridad, ni mucho menos por la ansiedad. Debemos depositar nuestra confianza en las sabias decisiones de Dios.
Escuchar este artículo

Los complicados momentos que vivimos hacen que muchos pierdan la fe. Eso es relativamente ‘normal’, no solo porque la gente vive con angustia por la pandemia sino también porque la crisis económica, la inestabilidad laboral y la inconformidad social atentan contra la espiritualidad.

El miedo y la incertidumbre palpitan en el aire que respiramos; y esas dos sensaciones se dibujan en las miradas y se sienten en las actitudes y en los gestos de todos. ¡Hoy nos encontramos asustados!

La fortaleza en la que nos creíamos seguros se ha tornado en debilidad: hay grietas en nuestra cotidianidad y nos sentimos vulnerables.

La época actual nos insta a desafiar a la adversidad y a ir más allá del dolor, para reflexionar sobre el sentido profundo de estas duras etapas de pandemia y de protestas.

No podemos dejar de buscar la protección y la fortaleza en Dios en momentos como estos. No importa en dónde estemos ni la religión en la que nos hayamos inscritos, debemos volver a la fe.

Eso implica discernir cómo Dios se hace presente en los actuales acontecimientos. Todo aquel que se acerque al Creador o que se haya relacionado con Él por la oración, sabe que se puede confiar en Él en medio de nuestras angustias y temores.

Más allá de la posición en la que nos encontremos, nos corresponde ser resilientes y resurgir de entre las cenizas.

Si densas tinieblas cubren la cotidianidad, no podemos permitir que la desesperanza se vaya adueñando de nosotros. El silencio aterrador y los vacíos desoladores que paralizan nuestra existencia deben ser derrotados.

Nos corresponde llegar a lo más profundo de nuestro corazón, para darle un sentido a la vida y una razón de ser.

Por fortuna muchas personas han entendido su papel en el momento actual y, tras la pandemia, han dado buenos ejemplos de superación y de solidaridad.

De hecho muchos ciudadanos, entre ellos los médicos, los sacerdotes, los labriegos y los empresarios, entre otros que veíamos a veces refugiados en sus propios intereses, han volcado sus esfuerzos para combatir esta crisis a través del acompañamiento a la gente y con iniciativas destinadas en especial a auxiliar a aquellas personas que sufren los efectos de esta emergencia social.

Al igual que ellos, nosotros debemos hacer algo para no dejarnos obnubilar por la situación. Al mismo tiempo podemos buscar un mensaje de serenidad y tranquilidad.

Hoy, más que nunca, tenemos la oportunidad de levantarnos y de recuperar la confianza en nosotros mismos para mirar hacia el frente, incluso por encima de las problemáticas que estamos padeciendo.

¿Cómo lograrlo?

Simplemente orientemos nuestra fe y recordemos cómo ha obrado el Señor en nuestra vida en situaciones anteriores. Su poder es el mismo hoy que ayer y lo será por siempre; además podemos estar seguros de que su amor por nosotros no ha disminuido.

Quienes confiamos en Él, sabemos que seremos sostenidos y ayudados; y que nada de lo que pueda sucedernos se escapará nunca de sus manos.

Sigamos cultivando la fe, la cual yace y brilla desde nuestro propio corazón.

Atravesamos por tiempos de grandes pruebas. En un mundo tan afectado y en medio de tanto dolor, debemos saber cómo mantener intacta nuestra fe, cómo brindar el mejor testimonio y cómo actuar con sabiduría frente a estas complejas circunstancias.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para aliviar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta sección. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Desde niño siempre quise ser el número 1 en todo: en el colegio, en las competencias y en general en la vida. ¡Algunas veces lo logré, otras no! Pero hoy día las opciones fallidas me llenan de muchas frustraciones. Sentirme así no me hace feliz, pero tampoco sé cómo sacudirme de esa fea sensación. ¿Me podría brindar algún consejo? Muchas gracias por su atención”.

La fe en Dios nace en nuestro corazón

Respuesta: Siempre nos han dicho que si queremos ser zapateros, hay que ser los mejores. Estoy de acuerdo, pero no por eso se tenemos que amargarnos si aparece alguien que nos supere. Es decir, querer ser el mejor no es un problema, siempre y cuando usted pueda entender que no siempre se gana.

Me parece que se complica su vida al obsesionase con la idea de ser tan perfeccionista.

Insisto en decir que trabajar para llegar en primer lugar no es errado; lo complicado es sentirse frustrado porque algo le sale mal. No debe seguir llenándose de inseguridad, de baja autoestima ni de ansiedad por ello.

Debe entender es que esa obsesión lo está desestabilizando. Y si insiste en nutrir ese afán, fortalecerá aún más esa cadena que limita su libertad. Ojo: usted sí puede soltarse de esa atadura, pero para ello tiene que estar comprometido con ese objetivo personal, dándose la oportunidad de dejarse llevar por el día a día y entendiendo que nadie es perfecto.

Si tiene claro que este sentimiento no le hace feliz, ¿Por qué insiste en atormentarse? Vivir constantemente condicionado por este deseo, por lo que veo, eclipsa cualquier otro tipo de expectativa.

Una aclaración: si cree que necesita un apoyo especializado para pasar la página de este episodio de su vida, hágalo ya. Sé que podrá avanzar paso a paso en cada terapia, eliminando la dependencia emocional y contando con el apoyo del especialista que lo trate.

REFLEXIONES CORTAS

La fe en Dios nace en nuestro corazón

* Entre más lo envidien, más cosas le dará Dios; y entre más le deseen el mal, el Señor lo colmará de grandes bendiciones. La indiferencia es la mejor estrategia frente a la envidia.

La fe en Dios nace en nuestro corazón

* Cuando uno extraña un lugar en el que estuvo, no añora el sitio en sí, sino todo lo que vivió allí. No se extrañan las locaciones, se recuerdan los sentires y los momentos.

La fe en Dios nace en nuestro corazón

* Si hablarles con cariño a las plantas les ayuda a crecer, imagínese lo que puede hacer ese buen trato con los hijos, con nuestros amores y en general con la humanidad.

La fe en Dios nace en nuestro corazón

* Si hace algo bueno en favor de otros se sana a usted mismo. Y es que una dosis de altruismo es una cura espiritual. La solidaridad es una gran vitamina para el alma.

La fe en Dios nace en nuestro corazón

* El control de nuestras emociones y sentimientos nos lleva a una vida plena. Recuerde que si dominamos nuestra mente, tendremos acceso la felicidad y a la plenitud.

La fe en Dios nace en nuestro corazón

* La disciplina del yoga le mantiene la promesa de mantenerse centrado en medio de la agitación y de la confusión. No en vano hacer yoga es una práctica que fomenta la espiritualidad.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.
Suscríbete
Publicado por

Etiquetas

Lea también
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad