sábado 09 de enero de 2021 - 12:00 AM

La luz de la serenidad

La serenidad lo ilumina en los momentos de tensión y de crisis. Ella hace que usted sea más dueño de sus emociones, adquiriendo fortaleza no solo para controlarse sino para soportar y afrontar cualquier adversidad.
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Hay situaciones en las que usted se siente más desbordado que nunca y hasta piensa que no será capaz de controlar esos duros momentos por los que atraviesa.

Durante este tipo de estado de tensión pasan por su mente las preocupaciones pronunciadas con las mismas palabras y, peor aún, construidas con esas barreras que obstaculizan su horizonte y que le llenan de oscuridad su cotidianidad.

Todo eso hace que aumente su ansiedad, perdiendo tiempo, energía y la confianza en usted mismo.

¡Pilas! Por más que su vida esté quebrada, debe estar presto a contrarrestar eso que le arruga el alma.

Así las cosas, la estrategia más práctica es alumbrar su entorno con la luz de la serenidad. Con ella puede sobrellevar esa pesada carga y no desfallecer.

Ella es la única receta que puede aliviar su vida. Solo así podrá enfrentar esas circunstancias complicadas que hoy le alteran su paz.

Y si una tribulación angustiosa lo ha conmovido tanto que ha perdido la serenidad, le conviene que nutra la fe que le garantice el retorno a la calma.

El tratar de estar sosegado , al menos sin exaltarse o deprimirse, le permitirá encontrar las soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.

Es fundamental que sea consciente de que desesperarse no lo conducirá a nada bueno.

Y si considera que en medio de esta adversidad ha cometido algún error, debe perdonarse y entender que siempre tendrá una segunda oportunidad.

Es bueno intentar sacar el lado positivo de las cosas. Así todo esté complicado, trate de verlo desde una óptica diferente que le permita evidenciar lo que la vida le quiere enseñar.

Además, todo tiene remedio. Muchos han experimentado que, al paso del tiempo, las penas pasan, las angustias se desvanecen y la tristeza se cambia en una alegría desbordante.

Insisto en que la clave no está en sufrir, ni mucho menos en plantear una batalla contra la desesperación.

La esencia de la vida está en el sano ritmo que le va a impregnar a su quehacer diario, de tal forma que la serenidad sea su aliada.

Propenda por mantener un estado de ánimo relajado, aún en las circunstancias duras.

Esta tranquilidad interior le permitirá hacerles frente a todos los momentos y dificultades, a medida que vayan apareciendo.

La serenidad del alma le hará comprender de una manera más clara lo que está sucediendo a su alrededor.

Si se llena de calma, podrá alejar la confusión y verá la luz que lo conducirá hacia la solución de sus vicisitudes.

Finalmente la Divina Providencia, como decían nuestras abuelas, con una silenciosa misericordia le irá dando su mano amiga.

Sin notarlo, todo se irá arreglando, incluso mejor de lo que pudiera imaginar. Eso sí, de cada descalabro puede aprender la lección; sin olvidar seguir adelante.

La recomendación de la Página Espiritualidad de hoy es precisa: segundo a segundo vaya abriendo la puerta de salida a ese gran problema que tanto padece y dé los pasos que tenga que dar.

Tenga en cuenta, claro está, que Dios y su corazón son los que le muestran el camino a seguir.

Por eso hoy, mañana y siempre dé gracias al Señor por las bendiciones recibidas.

La gratitud no solo le reconfortará el espíritu sino que, además, le permitirá estar en paz con Él.

BREVES REFLEXIONES

* Puede ir a una montaña para encontrar la tranquilidad en su vida. ¡Eso está bien! No niego que ese escenario sea propicio para descansar la mente; sin embargo, la única paz que encontrará en esa cima será la misma que usted mismo decida llevar allá.

* El secreto es solo uno: ¡Creer que todo saldrá bien y así será!

* No porque el cielo esté nublado las estrellas han muerto. Además, cuando todo parece ir mal pasan cosas buenas que no habrían ocurrido si todo hubiera funcionado. No importa el color del cielo, es usted quien hace el día bonito.

* No hable de lo que no vio ni condene lo que usted no ha sentido. Cada uno sabe el dolor que carga, el peso que lleva, la dificultad por la que atraviesa y la oscuridad que debe desvanecer. Todos tenemos nuestra propia historia de vida, la cual no corresponde ser juzgada por quien no la vivió ni la conoce.

* Recuerde que si pide perdón y perdona demuestra su grandeza. Pero más importante es si también se perdona a usted mismo. Conclusión: pedir perdón es de inteligentes, perdonar es de nobles y perdonarse es de sabios.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Suelo anteponer la razón en cualquier paso que vaya a dar. Sin embargo, hoy estoy frente a una decisión que implica desistir de algo, que es mi presente actual, para lanzarme a una nueva condición que, en el papel, es más interesante. Por encima de ello, algo me dice que no me debo aventurar en ese nuevo entorno y que, en cierta medida, podría incomodarme. Es como una corazonada que me impide dar ese paso con seguridad. Las personas que me rodean me critican y me dicen que ‘no sea bobo’, que siga adelante. De todas formas, estoy indeciso. ¿Cuál sería el consejo que usted podría darme? Muchas gracias”.

Respuesta: Dicen que para tomar una buena decisión, sobre todo cuando se trata de una elección que puede cambiar nuestra vida, es preciso tomar cierta distancia para visualizar el panorama y valorar, desde nuestras aspiraciones, las posibles perspectivas del asunto.

No obstante esa gran verdad, soy de los que cree mucho en la intuición o en eso que usted califica como una ‘corazonada’.

Si bien en casi todas las circunstancias que se le presentan usted confiesa que ‘suele apostarle a la razón’, esta vez no debe acallar esa voz que le susurra al oído.

Aunque no me aclara con detalle en su carta de qué se trata ese paso que podría dar, es probable que su valiosa capacidad de intuición quiera mostrarle el mejor camino a seguir.

No le estoy diciendo que desista, ni que se lance al vacío de sopetón; solo que tenga presente que ese singular pálpito puede estar queriendo decirle algo valioso para su destino.

Antes que nada le planteo que explore cómo se sentiría en caso de renunciar a lo que tiene hoy para gozar de esa nueva condición; pero también analice cómo cree que le iría si desiste de tomar ese nuevo rumbo y tener en cuenta el presentimiento que tiene.

Ojo: parte del crecimiento personal consiste en saber diferenciar lo que le conviene o no, más allá de lo que le digan los demás. Insisto en reafirmarle que no se trata de que se deje guiar exclusivamente por su instinto propiamente dicho, pero sí de que lo escuche y lo analice.

La razón de mi consejo es muy sencilla y práctica: si se siente incómodo con una decisión, es probable que no sea buena para usted. Es obvio que esa incomodidad puede tener un papel crucial en lo que vaya a realizar.

Espero que opte por el mejor camino y, decida lo que decida, prométase a usted mismo que no se va a recriminar si algo no sale como lo tenía planeado. Le reitero: cuando uno se enfrenta a un resultado muy incierto o desconocido, confiar en la intuición y en las emociones puede ser un buen camino.

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