martes 12 de octubre de 2021 - 12:00 AM

La procesión suele ir por dentro

Todas las personas tratan de demostrarles a los demás que son felices; pero cada quien vive su propio viacrucis.
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Nos han vendido la falsa idea de que para ser felices debemos tener una vida perfecta, pletórica y sin ningún asomo de problemas. Lo peor es que, en ese afán de demostrárselo a todo el mundo, nos la pasamos presumiendo que todo en nuestra vida nos sonríe, así estemos devastados por dentro.

Si les damos una ‘pasadita’ a las redes sociales entenderemos que nos hemos acostumbrado a mostrarles a nuestros seguidores una falsa imagen. Algunos hacen gala de impecables perfiles en donde dejan ver sus mejores poses, los jerárquicos cargos que ocupan en las empresas, las comodidades, los viajes, el confort, en fin...

Lo peor es que la procesión va por dentro y vivimos de apariencias. A veces ofrecemos esas caras solo para cubrir carencias personales o incluso para competir con otros usuarios.

Y el tema no es solo de redes sociales; también en nuestro entorno solemos vender una hoja de vida muy distante de la que hemos llevado.

¿Qué hay detrás de la falsa apariencia? Hay conveniencias, vidas inmaduras, estrategias y una buena cantidad de vacíos. Por eso, cuando alguna situación difícil toca a nuestras puertas nos volvemos añicos.

Nuestro mundo interior está en pronóstico reservado y desde lo más profundo de nuestro ser vivimos desesperantes angustias.

Allá, en el fondo de nuestro ser, nos quedamos pensando en lo que no tenemos y, peor aún, dejamos de disfrutar lo que tenemos.

¿Se ha sentido alguna vez así?

Si eso percibe, le cuento que lo que experimenta no es otra cosa que una falta de conexión consigo mismo.

Una vez tenga plena conciencia de ello, pregúntese qué es lo que le hace falta a su vida para sentirse realmente bien, sin recurrir a las falsas imágenes ni mucho menos a la aprobación de los demás.

Más allá de intentar ser un hombre perfecto, lo importante es qué tanta comunicación tiene con usted mismo y cuánto se conoce.

La respuesta está en su corazón, por más trillada que parezca la expresión. Nos hemos acostumbrado tanto a mofarnos de esa frase, que olvidamos cuán importante y necesario es hacer esto en cada una de las dimensiones de nuestra vida.

Si no desata los nudos que tiene con su alma y si no se enfrenta a sí mismo desde su intimidad, difícilmente encontrará la respuesta afuera. Lastimosamente nadie más puede hacerlo por usted.

Le recomiendo que se conecte con su niño interior; recuerde qué cosas quería ser a esa edad y compárese con su vida actual, para ver qué ha abandonado de sí mismo.

Revise su vida en todos los aspectos. Pregúntese qué es lo que realmente necesita para sentirse pleno y haga todo lo posible para lograrlo.

La clave para sentirse satisfecho en la vida implica evaluar con lápiz y papel en mano cada dimensión de su vida, mirar por qué está bien o mal en cada punto y ponerse objetivos posibles.

Lo peor que puede hacer es posponer decisiones o intentar mostrar una cara que no corresponde a su verdad.

Es un sacrilegio sentirse mal o, peor aún, fingir lo que no se es. Diviértase, rétese y saque todo lo negativo de su vida para que ahí sí pueda mostrar el hombre que realmente es. ¡Le envío una buena vibra!

¡CUÉNTENOS SU CASO!

La procesión suele ir por dentro

Las angustias asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan muchas inquietudes, sobre todo en esta época de tantas dificultades. Sin embargo, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá su inquietud. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Mis expectativas están en cero desde hace tres años y no sé por qué. He ido perdiendo la energía del ayer y eso me sorprende, entre otras cosas, porque soy una persona relativamente joven. Vivo fastidiado con el mundo. Inexplicablemente presiento que todo me irá mal y eso, en cierta medida, hace que no me atreva a nada. No sé si es que debo hacer un cambio radical con todo lo que me rodea o si es que este tipo de situaciones son normales cundo uno se acerca a los 50 años de vida, aunque le aclaro que tengo 46. ¿Qué piensa de mi caso?”

Respuesta: Nada saca con enfadarse con el mundo. Tampoco tiene sentido quedarse con las “expectativas en cero” porque, en el fondo, se convertirá en una persona amargada y en cualquier momento podría caer en la depresión.

¿Es eso lo que quiere para su vida?

¡Por favor, no puede dejarse apagar! Le corresponde recuperar la energía; es decir, debe recuperar la motivación para seguir adelante con esperanza.

Ciertamente la proximidad a la llegada de la llamada ‘edad mediana’ podría estar pesando en su forma de ver las cosas. Dicen que ocho de cada diez hombres en esa fase de la vida experimentan cambios sutiles que los afectan en el plano anímico, pudiendo provocarles irritabilidad, desasosiego o disminución de la autoestima. Pero estos desórdenes no están solo asociados al ámbito íntimo o personal, sino también al profesional: es usual la pérdida de empuje y de una cierta agresividad que tanto se requiere para los negocios, el temor ante situaciones laborales que antes eran consideradas como rutinarias y que ahora se escapan del control habitual, etc...

¡Tranquilo! Este es un proceso normal de crecimiento personal, que obviamente requiere de una adecuada gestión emocional que le permita crear nuevas fórmulas para enfrentar su cambio en esta época de su existencia.

¡Destierre el pesimismo! Si tiene ideas propositivas eso lo ayudará a tener una buena relación con lo que le rodea y sobre todo con usted mismo. Esperar lo mejor de las cosas, pero con los pies sobre la tierra, siempre lo llevará por el camino correcto.

No se quede parado, debe aprovechar su vida y vivirla plenamente. No tiene que hacer giros intempestivos; es solo cuestión de establecer pequeños objetivos y poco a poco apostarle a mejorar.

Debe trabajar en cinco puntos claves para erradicar de su vida esa ‘modorra ’ en la que anda. Ellos son:

1. Esfuércese para alcanzar sus objetivos; 2. Aproveche las oportunidades y si no las ve, búsquelas o diséñelas; 3. Propóngase nuevos retos, aunque no tiene que cambiar de un día para otro; 4. Siempre haga una retroalimentación constructiva de lo que hace cada día; y 5. Sea resiliente ante los contratiempos.

Obviamente a todo eso hay que ponerle una buena dosis de acción. De nada sirve establecerse metas si se queda de brazos cruzados esperando que las cosas sucedan solo porque sí: ¡Del cielo nada le lloverá, excepto la Bendición de Dios!

Comience ya y mantenga su mente ocupada de una manera sana.

REFLEXIONES CORTAS

La procesión suele ir por dentro

* La oración con fe tiene mucho poder ante Dios, porque Él lo escucha y le da fuerza, claridad, esperanza y serenidad en los momentos claves de su vida.

* La idea es volverse fuerte de corazón, sin perder la ternura del alma; hablo de una fortaleza de hierro, sin que por ello deba eliminar la sensibilidad y el amor.

* Trabaje más duro en usted que en su trabajo. Hay que aprender a deshacerse de ideas y de creencias preestablecidas. ¡Es preciso que piense más en su felicidad!

* Duerma solo lo necesario, no desaproveche las oportunidades, deje de escuchar a personas negativas y póngase manos a la obra; mejor dicho, no desperdicie su vida.

* La gente bonita es la que es sincera, la que aprieta la mano al saludar y que cuando nos mira logra ver nuestro corazón. Si vive con gente así, usted está bien rodeado.

* La vida es la suma de muchos momentos; por eso cuesta tanto explicarla. Ella no se ha hecho para comprenderla, sino para experimentarla y sentirla.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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