sábado 21 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

La realidad de nuestro espejo

Lo que vemos cada día en el espejo nos recuerda que la felicidad de nuestra vida no depende de las apariencias ni de lo que piensan los demás, sino de nuestras actitudes.
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El espejo es algo más que una superficie en la que se reflejan nuestras imágenes y las de los demás.

Él nos ‘canta la tabla’ en la cara, nos muestra tal cual somos y, de alguna forma, nos hace ‘poner los pies sobre la tierra’, más allá de que queramos ocultar la realidad.

No hay lugar a que veamos algo que no está en nuestra mente, así pretendamos maquillarnos o proyectar otras imágenes.

Sin desconocer los truquitos o los reflejos que vemos frente a ese vidrio, en el fondo no nos podemos autoengañar. Todos sabemos si estamos ‘pasados de kilos’, también identificamos tanto los ‘lunares negros’ como los aspectos positivos y tenemos claro si podemos o no dormir tranquilos.

Sí, a través del espejo podremos entender tanto lo que vemos como lo que sentimos.

Y así no lo digamos de boca para afuera, el espejo siempre será un testigo o una prueba fehaciente de nuestra propia conciencia.

Usted, yo y en general todos sabemos que si proyectamos una imagen llena de apariencias, tarde o temprano, será la esencia la que nos ponga frente al espejo.

Reitero que todos sabemos cómo nos vemos y cómo nos sentimos. En nuestro mundo interior no existe ningún filtro integrado que permita evadir o distorsionar lo que nos pasa o lo que realmente somos.

El espejo, por citar otro ejemplo, nos recuerda que el paso de los años no perdona a nadie. Él nos muestra esas arrugas y se la pasa dándonos avisos de qué tan longevos estamos.

Si alguien se hace una cirugía estética tratando de ocultar sus calendarios, tarde o temprano verá en su espejo los estragos que quedarán en su piel cuando la anestesia, los años y la vida misma le recuerden que ha envejecido.

Siempre he creído que el espejo es esa parte de la realidad que, con o sin gafas, nos dice cómo somos por dentro y por fuera.

No podemos creernos, de manera errada, que nuestros pensamientos no van a tener reflejos en muchas de las cosas que vendrán en el futuro.

Si somos amables eso reflejaremos ante los demás; si odiamos, esa rabia se percibirá en nuestra cotidianidad; si hacemos el bien, cosecharemos bendiciones; y si nos acostumbramos a ser presumidos, esa petulancia terminará pasándonos la cuenta de cobro.

De nuevo insisto: Si somos felices, el espejo nos regalará las imágenes de nuestras sonrisas; y si nos dejamos atrapar por la tristeza, veremos las lágrimas bajar por nuestros rostros.

La actitud que tomemos frente a la vida será la misma que el mundo adoptará frente a nosotros, traduciendo todo a un espejo al que jamás le podremos mentir.

La esencia de nuestra vida es el espejo que se proyecta nuestra alma. Porque es en el interior y no en el exterior en donde ocurren acontecimientos que nos sintonizan con el corazón. Así las cosas, es mejor asumir los problemas, disfrutar cada momento y jamás ocultar lo que pasa en nuestras vidas.

La realidad de nuestro espejo

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto. Envíeme su caso o su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna yo mismo le responderé. Veamos la carta de hoy:

Testimonio: “Tengo una adicción que no me deja tranquilo y casi que me tiene en el piso. Sé que debo dejar esa dependencia, pero no soy capaz. Quisiera que, desde sus sabios consejos, me ofrezca pautas para asumir el reto de renovarme y ver mi vida libre de esa atadura que me aniquila y me baja la autoestima. Espero que atienda mi caso”.

Respuesta: Empezó por donde tenía que iniciar; es decir, por reconocer que tiene un problema. Ese es el primer paso para comenzar la liberación y conseguir la ayuda que requiere.

Ahora bien, debe ser claro en su diagnóstico. Debe definir primero qué tipo de dependencia es la que realmente padece, para saber cómo proceder con ella. Se lo menciono porque en su carta no es preciso al respecto y sería errado aconsejarle algo exacto sin saber qué tipo de apego afronta.

¿Su dependencia es emocional, espiritual, afectiva o material?

Cuando responda esta pregunta, establezca un diálogo interior para que pueda saber en qué momento se aferró tanto a eso que lo tiene anulado y ‘bajo de nota’.

Usted debe ser lo suficientemente valiente como para sentirse como una persona independiente, no simplemente como una extensión de lo que piensan u opinan los demás.

Tenga claro que hace parte de una sociedad o una comunidad; pero no es una parte dual de alguien más, sin importar lo cercano que esa persona pueda llegar a ser.

Le aconsejo creer en usted mismo y recordar que todo está en la mente. Le sugiero que elabore una lista de las cualidades que le gustan de usted mismo y, al mismo tiempo, reconozca que el cometer errores no es el fin del mundo.

Téngase consideración sin importar lo que los demás piensen de usted. Debe fortalecerse y emprender la tarea de soltarse de todo lo que le haga daño.

Si el tema es muy grave y siente que se le sale de las manos, es mi deber recomendarle que tal vez necesita de la ayuda de un especialista, tal vez un sicólogo. Busque ayuda enseguida para no echar a perder esas ganas que tiene de recuperarse.

Los profesionales logran, con terapias claves y médicas, que las dependencias desaparezcan a su debido tiempo.

Ore mucho, pídale a Dios fortaleza y decida salir de ese atolladero en el que se encuentra. Le garantizo que si se lo propone será libre. ¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

La realidad de nuestro espejo

REFLEXIONES BREVES

Agradézcale a Dios

Nunca se canse de darle las gracias a Dios por todo lo que le da. Agradezca por la salud, por su familia, por su trabajo, por el amor, por las experiencias vividas y hasta por las cosas duras que experimenta, pues de todas ellas aprende. Las gracias son las memorias del corazón.

Gente, divino tesoro

No busque tanto en personas vacías; mejor reconozca la abundancia, el amor, la solidaridad, el cariño y toda la serenidad que se encuentran en los hombres honestos, sencillos, trabajadores y tiernos. Hablo de esos seres que disfrutan la vida sin hacerle daño a nadie. Apuéstele a quien sabe reírse de sí mismo y que está dispuesto a brindarle una ‘mano’ sin pedirle nada a cambio.

Asuma su responsabilidad

Usted no puede decidir en dónde nacer o con cuánta plata llegar a este mundo. Un monarca puede mover a un hombre, un padre puede reclamarle a su hijo e incluso con un buen apellido puede tener un buen padrino; sin embargo, no olvide que aunque el poder esté en los reyes, en los hombres o en los nombres ilustres, usted es el único responsable de sus decisiones. Cuando compadezca ante Dios, no podrá decir que actuó mal por culpa de otros.

La fe

Las cosas que usted logra llegan, no solo por las acciones que emprende, sino por la confianza que se tiene. ¡La fe implica creer! Entréguese y camine incansablemente a través de un trayecto fijo que lo conduzca hacia sus ideales. La fe es un eterno buscar y un camino decidido a la gloria; es cerrar los ojos y arrojarse en las Manos de Dios, teniendo la certeza de que Él lo bendecirá.

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