jueves 20 de mayo de 2021 - 12:00 AM

La vida se nos va como si fuera arena en las manos

Solo tenemos una vida y el tiempo que nos corresponde estar aquí avanza a pasos desaforados. Debemos aprovechar cada día como si fuera el último y garantizar que cada cosa que hagamos se convierta en algo original y distinto. No perdamos más el tiempo haciendo siempre lo mismo, ni vivamos aburridos. El momento es ahora y debemos enfocarnos en el arte de ser felices.
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La arena seca no se adhiere ni forma grumos; por el contrario, ella fluye casi como un líquido. Si hacemos el ejercicio de tomar un puñado de esa arena en las manos, nos resultará bien complicado evitar que se nos escurra entre los dedos.

Seamos sinceros, así es nuestra vida. Tras de que no nos queda tiempo para hacer lo que queremos, ella se nos desliza a pasos agigantados. ¡Tanto que se nos escabulle sin darnos cuenta!

¿Qué estamos haciendo con nuestra vida y qué pensamos hacer con ella? ¿Nos hemos dado cuenta de que el tiempo no es más que un puño de arena en las manos?

La vida se nos va y aún no hemos hecho lo suficiente.

Además de la brevedad de nuestro mundo, de manera desafortunada no sabemos aprovechar el tiempo que Dios nos deja estar aquí.

Todo transcurre tan veloz que, con excepción de unos pocos, casi todos nos la pasamos preparándonos para estudiar, para vivir y para trabajar. Y cuando menos nos damos cuenta, los años se nos van como la arena entre la mano.

La rutina es casi la misma: comer, ir a la oficina, trabajar y dormir; y así se nos pasan los años mudadizos. Actuamos como un robot, donde la monotonía nos contagia, nos consume y nos arrebata el poco tiempo que poseemos.

El estrés actual, los afanes y en general los problemas que nos agobian no nos dejan momentos para nosotros mismos.

Y si bien se nos ha otorgado una vida corta, también nos hemos propuesto hacerla breve con nuestras necedades, con nuestros derroches y sobre todo con la forma casi irresponsable como actuamos.

Creemos de manera errada que la vida es un largo camino y no nos damos cuenta de que, por estar pendientes de trivialidades, ese trayecto se hace cada vez más corto.

Es hora de darnos cuenta de todo el tiempo que hemos perdido y de aprender a valorar lo que tenemos y lo que podemos alcanzar.

Debemos tomar decisiones ahora mismo, ir hacia donde queramos y hacer lo que queramos cristalizar.

La idea de este escrito es invitarnos a vivir la vida con intensidad y con sanos propósitos, entre otras cosas, porque el tiempo no se detiene por nada ni por nadie.

¿Qué estamos esperando para disfrutar cada minuto? No dejemos que la vida se nos escape.

¿Cómo lograrlo?

¡No es difícil la tarea propuesta! A veces basta con habilitar un poco de tiempo para consentirnos, para aprovechar el sano ocio, para diseñar nuevas estrategias e incluso para olvidarnos de tanto estrés.

No es necesario hacer grandes esfuerzos, aunque sí será preciso poner una dosis de buena voluntad.

Hay una gran variedad de cosas que podemos hacer diferentes, para que cada día sea especial y único.

Es obvio que es preciso salir de esa zona de ‘falso confort’ en la que nos encontramos y decidirnos a aprovechar el tiempo de una vez por todas.

Dejemos los orgullos, los egos, las perezas y las soberbias; dediquémonos a vivir cada día con mayor intensidad, bajémosles el volumen a las preocupaciones y pongámosle emoción a cada nuevo amanecer.

Empecemos a vivir la vida como realmente es, como una aventura que merece ser saboreada.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta dura época que vivimos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila a este e-mail: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.

Testimonio: “Me siento perdido en la vida. Las circunstancias por las que paso, incluyendo la pandemia y la crisis que afecta al país, además de algunas situaciones personales, me están robando la paz, las ganas de seguir adelante, la vitalidad y la energía para actuar. Me considero un hombre de Dios, pero siento que Él me está abandonando. Y sin que eso suene a ‘blasfemia’ por recriminarle a Jesús, le cuento que nunca he estado tan confundido como ahora. Lo peor es que también se me ha extraviado la esperanza. Espero que pueda darme uno de sus consejos”.

La vida se nos va como si fuera arena en las manos

Respuesta: Muchas personas, al igual que usted, en estos momentos se sienten totalmente confundidas por la difícil situación en la que están inmersas y obviamente sus estados de ánimo están en un punto neurálgico.

Por eso me atrevo a decir que lo que siente es ‘relativamente normal’, pues usted y en general todos estamos transitando por momentos bien complicados.

Lo que me parece grave de lo que me escribe en su carta es que esté perdiendo la esperanza. Es fundamental recuperar la confianza en usted mismo y nutrir las ganas de salir adelante, más allá de los tiempos actuales y de las situaciones personales que experimenta.

Si bien preocupa que esté confundido, ha de saber que esa percepción de alguna forma puede llevarlo hacia lo que realmente sea importante para usted.

Es decir, desde todas las aristas, lo que siente lo puede inspirar y darle un real giro a su mundo y, por ende, podrá asumir una vida distinta que le permita sentirse bien.

Pienso que debe darse el espacio y el tiempo para hacer una pequeña reflexión y dirigir su vida hacia lo que realmente necesita. Ese es un proceso que usted mismo debe dar, pues en últimas es quien sabe realmente qué necesita para salir de ese atolladero anímico.

No crea que Dios lo abandonó, lo que sucede es que usted ve las cosas desde un punto de vista y el Señor las visualiza desde su perspectiva divina. Considero que está conminado a aprender lecciones de todo esto.

La conexión espiritual es esencial en estos casos y es mejor aún si la complementa con la acción; es decir, moviéndose paso a paso para hacer que las cosas ocurran.

REFLEXIONES CORTAS

La vida se nos va como si fuera arena en las manos

* Cuando pueda ayudar a alguien, hágalo sin esperar nada a cambio. La vida misma, en el momento preciso, le dará su recompensa.

* No tenga corazón para odiar, ni siquiera odie a quien le haga mal. Mire hacia el frente y no conteste insultos; el tiempo pone a cada quien en su lugar.

* Esté al lado de quienes lo respetan y hacen el bien. Así podrá ser más flexible y abierto. Pero defienda sus ideas, así sean distintas a las de los demás.

* El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanza y se mantiene firme en toda circunstancia, sea difícil o no.

* Todos los días eleve una plegaria al cielo de uno o dos minutos. Hágalo no solo porque necesita algo, sino porque tiene mucho que agradecerle a Dios.

No todos los días son buenos; pese a ello usted dé el máximo. Se sentirá mejor si hace lo que está al alcance de sus propias manos.
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