martes 14 de enero de 2020 - 12:00 AM

Las caras con las que ocultamos nuestra realidad

¿Acaso son más ‘importantes’ las apariencias físicas, el dinero y el poder que nuestra esencia? Le rendimos culto a lo que está por fuera, con etiquetas superficiales, mientras que por dentro estamos destrozados.
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Nos hemos acostumbrado, sobre todo en estos tiempos de redes sociales, a mostrarles a los demás imágenes maquilladas de nuestras agendas. Estamos en un mundo de apariencias y, en más de una ocasión, todo ese ‘tejemaneje’ de lo que queremos presumir nos hace perder nuestra identidad.

Al igual que ocurre con lo que subimos al Facebook, los rostros que permitimos ver de nosotros son simples máscaras. Hoy, por física vanidad o por los mismos ‘juegos’ de la publicidad y del ‘qué dirán’, aceptamos unas especies de ‘fotomontajes’ que nublan la esencia de las cosas.

La verdad es que uno de los graves problemas que afrontamos los seres humanos es el de no aceptarnos. Casi siempre vamos por el mundo mostrando caras muy distintas de las que realmente tenemos. Asumimos ese feo proceder en muchos de nuestros espacios con los amigos, con el trabajo y con la vida misma.

¡Estamos refugiados detrás de absurdas caretas!

Vivir proyectando una imagen honesta cuando no somos ningunos santos; mostrar una cara de dureza, cuando realmente somos frágiles; o hacernos los fuertes cuando en realidad somos vulnerables, no nos conduce a ninguna parte. Estamos en una constante lucha contra nuestra propia realidad y pretendemos tapar el sol con las manos.

Lo peor es que con el tiempo comenzamos a creer en esas imágenes ilusorias de nosotros mismos y terminamos siendo personas ‘postizas’.

Así las cosas, al despertarnos caemos en la depresión y la desilusión.

Hay quienes acostumbran protegerse con ‘conchas’ que no dejan ver lo que llevan por dentro; algunos se refugian en la timidez; y otros se disfrazan bajo unas ‘supuestas vidas perfectas’, que no son otras cosas que fachadas ridículas.

Hay otros que adquieren la personalidad de los ‘sobrados’ y aprenden a tratar a todo el mundo con sus absurdas arrogancias. Se esconden bajo caparazones que ocultan sus verdaderas formas de ser y se dedican a hacer daño.

Hay quienes frente a los amigos, son unos ángeles de hombres; pero en las intimidades de sus hogares son malgeniados, necios, intransigentes, maltratadores e intolerantes. Esa doble careta lesiona el alma y destruye hogares.

Deberíamos tratar de ser la mejor expresión de nosotros mismos.

Todos poseemos cosas valiosas para resaltar. Aunque no lo creamos, conservamos mejores cualidades que muchas de las que pretendemos aparentar.

Nos conviene hacer el ejercicio de romper las máscaras para mostrar nuestra verdadera esencia.

La realidad que nos rodea hoy no consiente ‘cosquillas’ de nadie, ni mucho menos mentiras. Y por más conchas ‘protectoras’ que adoptemos, siempre habrá algo que nos desnudará el alma.

No hay que buscar telas finas para taparnos ni vidrios que cubran nuestras caparazones, ni muchos menos utilizar bálsamos para que nuestro cabello brille.

Para dar en el ‘quid’ del asunto de vivir, solo necesitamos ser tal cual somos, sin máscaras.

Cuando estamos al natural podemos brillar más y cumplir de una mejor forma nuestra misión en esta vida.

Nos conviene ser nosotros mismos, no solo porque eso nos aporta bienestar sino porque además las personas que nos aceptan lo están haciendo por lo que somos de verdad. Somos como somos y es mejor mostrarlo para atraer verdades a nuestro mundo, antes que hipocresías.

Y para mostrarnos realmente auténticos es necesario saber quiénes somos, lo que nos apasiona y qué es lo que nos gusta. Hacer ese tipo de autoreflexión es fundamental en este proceso.

La vida resulta más sabrosa cuando la tenemos bien ‘apañada’ con sencillas formas de ser. Hacer otra cosa es solo una falsedad que nos dejará en evidencia en cualquier momento.

Las caras con las que ocultamos nuestra realidad

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. Pero con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Las caras con las que ocultamos nuestra realidad

Testimonio: “Crecí en una familia en donde me enseñaron que ‘entre más plata tuviera, más grande sería’. Eso, al principio, me hizo ser demasiado plástico y trabajar duro para ganar dinero. Le cuento que he estado en un mundo bullicioso y lleno de apariencias. Hoy, en mi medio siglo de vida, siento que no soy yo mismo y que no disfruto como muchos otros que incluso no tienen ni el 10% de lo que he atesorado. Estoy algo extraviado en mi ánimo y quisiera leer de usted su sabio consejo. Mil gracias”.

Respuesta: Es cierto que en varios de nuestros hogares suelen inculcarnos una demasiada importancia al dinero y al supuesto ‘estatus’ que éste otorga. Obviamente no borro de tajo el valor que la plata significa y sería absurdo menospreciarla, porque efectivamente ella es clave en este mundo actual.

Sin embargo creo en el equilibrio frente a este tema, teniendo claro que en la vida hay otras cosas igual de importantes, como los valores, la conducta moral y encontrarse a sí mismo.

Son estas características las que enriquecen internamente a una persona -no la cantidad de dinero que tenga- y estas cualidades no son lo bastante apreciadas por la mayoría.

En mi caso, siempre he creído que la plata es una herramienta y como todo utensilio debe se usarse, pero de una forma acertada. Pero el dinero no es el centro de mi vida.

Creo que, al menos en lo que usted me cuenta, lo hicieron naufragar en un pozo de materialismo que, de alguna forma, está perjudicando su entorno actual.

¿Qué debe hacer?

Mantener el equilibrio y, por supuesto, aprender a vivir sin apegos y de la manera más sencilla posible. Recuerde que la tranquilidad también ‘alimenta’.

Podría empezar por ser usted

mismo. Siéntese a repasar su estilo de vida y descubra si esa forma de ser refleja la esencia de su ser. No todo de lo que tiene es ‘malo’ y tengo la certeza de que de todas formas su estabilidad económica le ha traído grandes beneficios.

Tómese unos momentos para imaginarse lo sencillo que sería si dejara de pensar tanto en lo plástico que es el mundo. Aléjese de tanto compromiso. Aún en medio del bullicio de su cotidianidad puede aprender a disfrutar el silencio porque, aunque no lo crea, la soledad bien empleada produce grandes resultados.

Dedique un minuto de su agitado tiempo para pensar en su tranquilidad y no permita que se la roben más.

Sin perder el horizonte de su mundo financiero, establezca sus propias prioridades; y si está en sus manos, simplifique su vida para bien.

REFLEXIONES SUELTAS

Las caras con las que ocultamos nuestra realidad

* La disciplina comienza con el dominio de sus pensamientos y acciones. Si se distrae, cualquier meta será inalcanzable.

* No se frustre cuando su gente más cercana no entienda ni apoye sus planes. Finalmente la visión es suya y no todos tienen el conocimiento o la capacidad para entender sus pasos.

* Hasta tanto vacíe su alma de todo aquello que le atormenta, podrá llenarla de aquello que le hará feliz. Es hora de dejar atrás las recriminaciones, las rabias y los malos recuerdos.

* Deje de buscar razones para ser infeliz. Mejor enfóquese en las cosas que sí tiene y, sobre todo, en las miles de razones por las que hoy puede sonreír.

* La lealtad es el sentimiento más caro, no espere ese tipo de fidelidad de personas baratas.

* Le llaman suerte, pero es constancia; le llaman casualidad, pero es disciplina; le llaman genética, pero es sacrificio. ¡Siga trabajando con tenacidad!

* Mantenga la boca cerrada y trabaje en silencio; el éxito hará todo el ruido.

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