jueves 12 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Las caras del alma

¿Quiere ver cómo está alguien?

¡Mírele su cara!

Pero, vaya más allá: ¡observe sus ojos!
Además, intente mantener con ella un contacto visual durante una conversación normal. No le bastará más de veinte segundos para comprobar cuál es su estado de ánimo.

Dicen los oftalmólogos que nuestras pupilas son cámaras especiales, las cuales revelan cosas sorprendentes a cada instante. Argumentan que con una mirada fija alguien puede detectar los sentimientos de los últimos días de quien se observa.

Las investigaciones demuestran que si miramos de manera directa a esas pupilas, podemos detallar esas escenas que demuestran si estamos tristes, ansiosos, aburridos o deprimidos.

¿Y podemos saber si alguien está pleno de felicidad?
¡Claro! sólo basta con ver el brillo de sus ojos. De hecho, esa sería la única pista que tendría alguien para ver si su pareja realmente goza de su compañía.
 
¿Así como se maquilla la cara, se puede ponerle color a la mirada?
¡No! ni siquiera con los llamados ‘ojos de contacto’ alguien puede ocultar su real semblante. El brillo de la mirada nos delata en cualquier momento.
Es tan exacta esta prueba del brillo visual que cuando un buen actor quiere hacer una escena en donde su personaje se vea feliz, cierra los ojos y recuerda algo que le haga sentir emocionado; sólo así su actuación es un éxito.

Muchas miradas, muchas caras le muestra la vida, pero sólo una es real:  

… Se puede aparentar opulencia, pero el brillo de la mirada le reflejará toda su escasez.
… Se puede  fingir amor, pero el brillo de la mirada le desnudará todo su desprecio.
… Se puede hacer creer que nada pasa, pero el brillo de la mirada le gritará que algo anda mal.
… Se puede querer pasar por simpático, pero el brillo de la mirada lo hará ver tedioso y cansón.

La cara real es la que usted lleva dentro de su corazón. Y al final sus latidos encuentran en las pupilas la mejor forma de hacerse notar.
Así que, a partir de hoy, sea auténtico; no se sienta menos que nadie, pero mantenga sus pies sobre la tierra. Nada de falsedades.

Acepte su responsabilidad de edificarse a usted mismo y recuperar el brillo de sus ojos. Tenga el valor de acusarse en el fracaso para volver a empezar corrigiéndose. No se amargue con sus errores, ni tampoco cargue con los de los demás.

Deje de engañarse. No se queje por su pobreza, por su quebranto de salud o por su suerte. Conociéndose de verdad será libre y fuerte y, por supuesto, dejará de ser un títere de las circunstancias.

Enfrente lo que la vida le dé con valor y aceptación. Mírese al espejo y comience a ser sincero. Siendo real, usted tendrá una cara alegre. Trabaje por lo mejor y, por supuesto, Dios le dará siempre la excelencia.

¿POR QUÉ?

¿Por qué se preocupa por tantas cosas?
¿Por qué lleva el peso del ayer que lamenta, si ya no está en sus manos?
¿Por qué finge algo, si eso no lo llevará a ninguna parte?
¿Por qué no lucha por su felicidad?
¿Por qué no vive el día de hoy y se olvida de lo que ya pasó?
¿Por qué le angustia el temor de un mañana que quizás no va a ver?
¿Por qué se queja tanto?
¿Por qué no mira la mañana llena de luz y de fuerza?
¿Por qué no entiende que usted es el que marca su propio destino?
¿Por qué no aprende a levantarse después de cada caída?

LISTA
¿QUIERE HACER FELIZ A ALGUIEN?


Hay varios secretos, muy sencillos por cierto. He aquí algunos de ellos:
1 Acérquese a esa persona sin ceremonias, sin protocolos, sin tonterías. Sólo mírela a los ojos y dígale: ¡Es bueno estar a su lado!

2 Bríndele un poco de calor a ese saludo. La persona debe sentir que su compañía le es grata.

3 En la medida de lo posible, llámela por su nombre. No hay nada más melodioso para los oídos de una persona que escuchar su nombre de pila, ¡bien pronunciado claro está! Ni siquiera un apodo, por muy bello que él sea, remplaza ese instante.

4 Camine en su dirección. Dé un paso a su lado: acompañar a ese ser es algo valioso. Por eso, en los sepelios o en los matrimonios es tan importante la presencia de los familiares y amigos.

5 Cuando sea necesario deje que lleguen las palabras. Brinde un abrazo, una sonrisa o cualquier guiño que le haga sentir al otro que lo quiere.

6 Respete una lágrima, escuche su historia, mire a ese ser a los ojos y, sobre todo, ‘póngase en sus zapatos’.

7 Háblele con confianza. Esa persona debe tener presente que su conversación es íntima y reservada.

8 Ayúdele a resolver su problema. ¡Ojo! no es que usted se lo soluciones, es sólo cuestión de preguntarle: ¿cuál es el problema? ¿cuáles opciones tiene? ¿cuál cree que es la mejor salida? y, sobre todo, ¿qué piensa hacer?

9 Dígale de vez en cuando un simple ‘bien’, ‘disculpe’, ‘muchas gracias’, ‘no tiene importancia’, ‘pídale a Dios’, ¡ánimo! Esas son voces de aliento.

10 Ame a esa persona. Se trata de consentirla y escucharla. Déjele claro que usted es 'el que da' y ella abre sus brazos para recibir su cálido sentimiento de cariño, amor o amistad.

 

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