domingo 09 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Las crisis y los retos que debemos asumir

No podemos seguir anclados a las viejas rutinas pues ellas, de alguna forma, hacen que no avancemos. Si insistimos en abrirle los brazos al tedio, él nos envolverá y nos hará desperdiciar la vida. ¡Debemos apuntarles a nuevas opciones para crecer!
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Las crisis, así no las podamos comprender del todo, pulen nuestro carácter y nos permiten demostrar de qué pasta estamos hechos.

Muchas de ellas llegan para ‘pellizcarnos’ o para hacernos reaccionar ante el letargo en el que andamos; y en otras ocasiones surgen para abrirnos la posibilidad de vivir algo nuevo.

La verdad es que las situaciones adversas nos ponen de frente a esas realidades crudas que, con frecuencia, pretendemos ignorar.

Algunas personas viven anquilosadas en el tiempo y obviamente prefieren permanecer en terrenos ‘ya trajinados’, antes que divisar otros horizontes.

Todos, en cualquier etapa de nuestra existencia, debemos contemplar la posibilidad de cruzar los diversos trayectos que la vida misma nos vaya marcando.

La pandemia, por citar sólo un ejemplo, nos está sacando de la ‘falsa comodidad’ que presumíamos, nos ha hecho trabajar con perspectivas más creativas e incluso nos está haciendo cambiar para bien.

Hay circunstancias de la presente realidad que necesitan de una intervención más franca y decidida de nuestra parte.

Es obvio que el temor a lo nuevo nos sumerge en un ‘mar de nervios’. Eso nos pasa porque lo desconocido suele despertar ‘fantasmas’.

Pero es preciso que veamos la vida de una manera más realista. Además, las nuevas agendas o los proyectos serán más interesantes si aprendemos a disfrutarlos y, sobre todo, si nos quitamos de encima esa carga de miedos.

Dejar pasar opciones por el temor a fracasar o por el simple hecho de no salir de nuestra zona de confort nos estancará.

El no querer actuar es un claro mensaje de que no queremos comprometernos y de que no estamos interesados en tomar las riendas de nuestra vida. Ojo: el mayor riesgo que existe es el de no intentar nada.

La vida empieza todos los días y en cada amanecer es fundamental dejar de lado lo que se ha sido, para disfrutar de una nueva jornada.

Yo sé que no es una tarea fácil desapegarnos, entre otras cosas, porque se deben derrotar temores, replantear ideas, transformar objetivos y tomar la decisión de volar hacia mundos distintos a los de hoy. Pero también hay que entender la importancia de correr ciertos riesgos.

No estoy diciendo que tenemos que tomar salidas radicales; sin embargo, es preciso asumir el ejercicio de emprender acciones distintas a lo normal.

Si no encontramos salidas, tendremos en la oración una gran brújula. Nuestra plegaria permitirá que la mente y el cuerpo se nos tranquilicen, sin contar que Dios nos dará fortaleza para actuar.

La inseguridad se nos desvanecerá si comprendemos que la vida es una serie de experimentos, y entre más nos pongamos en acción más opciones tendremos de avanzar.

Si llegó a esta parte del texto, piense que no tiene otra alternativa distinta a la de mirar hacia el frente. O sea que debe tomar decisiones, ponerlas en práctica y sobreponerse a la adversidad.

¡Dios lo bendiga!

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