jueves 18 de abril de 2019 - 12:00 AM

Las nubes grises no deben opacar nuestra cotidianidad

Tras cada amanecer mencionemos la palabra “gracias”, caminemos con la frente en alto y propongámonos lucir una sonrisa durante el mayor tiempo posible.

Todos los seres humanos pasamos por inseguridades e inestabilidades en algún momento de nuestra vida. ¡Eso es relativamente normal! El problema se complica cuando nos acostumbramos a sentirnos así y nos volvemos ‘esclavos de los pesares’.

Así cultivamos pensamientos grises y vamos nutriendo conductas que nos hacen desconfiar de nuestras capacidades.

De esta forma hacemos que nuestra cotidianidad sea una auténtica pesadilla y, en más de una ocasión, caemos en frustraciones.

Ojo: Debemos prestarle atención al sentido común y no dejarnos llevar por esos patrones que no hemos sabido manejar y que, en últimas, son los que nos traen los referidos miedos.

¿Le ha ocurrido alguna vez que es asaltado por la inseguridad de su alma y baja la guardia de su vida?

¡A mí me ha ocurrido!

Sin embargo, le cuento que desde hace varios años descubrí que todo eso me pasaba porque era una persona muy cuadriculada.

Si las cosas no me salían al 100% como yo quería me desanimaba, perdía el interés y botaba todo a la basura.

Por esa fea actitud perdí grandes oportunidades en mi vida que, si bien no me quedé lamentándolas, sí creo que debieron ser aprovechadas al máximo.

En mi proceso descubrí que tenía amigos y cercanos que muchas veces -con menos capacidades que las mías- ya habían logrado metas que yo muchas veces tuve la oportunidad de alcanzar; pero como no eran en su totalidad como yo había soñado e imaginado, entonces terminaba desistiendo y tiraba la toalla.

Comprendí que mi gran problema era idealizar y creer que la única forma de ser feliz era si todo me salía como ‘un relojito’. No aceptaba realidades a medias y me encerraba en mis ideas.

Cuando me di cuenta de que eso solo me traía decepción, decidí que era momento de cambiar.

También me propuse evitar que las nubes grises ‘enlutaran’ mi alma.

Entonces supe que tenía que aprender a poner las situaciones en contra a mi favor, a negociar, a ceder y a sacrificarme en algunas cosas para lograr otras.

Y créanme que cuando lo hice, todo empezó a fluir y a tener sentido en mi mundo.

Dejé de preocuparme por cosas que no eran importantes, y empecé a poner como prioridades otros asuntos que realmente eran vitales y no les prestaba tanta atención.

Entendí que para ser feliz la vida no tenía que ser como un libreto y que podía aprender a gozarla en el tiempo de Dios.

Gracias a esto, hace mucho tiempo no sé lo que es vivir preocupado o amargado por cosas que no puedo cambiar. No quiere decir que no afronte problemas, es solo que opté por vivir el ‘día a día’ y le doy a cada situación su propio afán.

Total: No desisto de mi idea de ser feliz y disfruto las bendiciones que Dios me da.

Algo más: Asumo las cosas que me gustan tal cual como ellas vengan, sin que por ello tenga que resignarme a vivir amargado.

¿A qué viene el hecho de que hoy desee contar esta experiencia personal?

Solo deseo sugerirles que se enfoquen en entender cuál es la raíz de esos patrones que los están agobiando y empiecen a trabajarlos hasta dejarlos en el pasado.

¡Háganme caso!

Verán cómo cambian sus vidas y sus relaciones con los demás.

Recuerden que somos lo que nuestros hábitos hacen de nosotros; así que está en sus manos darles un cambio a sus vidas si quieren ver resultados diferentes.

Si no lo hacen y si se dejan llevar por sus inseguridades, las percepciones de ustedes mismos se irán deteriorando cada vez más, interfiriendo en sus expectativas para sobreponerse a los obstáculos o para asumir riesgos futuros.

Mejor dicho: Entiendan que las nubes grises son pasajeras y ustedes tienen el derecho a ser felices.

El caso de hoy

Envíe su testimonio al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En este mismo espacio le contestaré. Vemos la carta de hoy:

Testimonio: “A mis 39 años de edad estoy entrando en una angustia existencial rarísima. Me da miedo envejecer, sobre todo porque a estas alturas de mi vida no he hecho mayor cosa que ‘vaguear’, como dice mi mamá. ¡Bueno! eso de ‘vaguear’ no es tan cierto, porque aunque soy independiente, mal o bien tengo para vivir. El problema es que miro mi futuro y me da terror: ¿Será que me irá bien? ¿Qué será de mi vida? ¿A estas alturas podré contemplar hacer algo exitoso? Son muchas preguntas y, la verdad, no tengo respuestas”.

Respuesta: ¡Tiene 39 años! Cómo quisiera yo poder retroceder el tiempo un poquito y disfrutarme otra vez esta década tan espectacular.

Dicen que la vida comienza a los 40, y no puedo estar más de acuerdo. Alguna vez sentí lo mismo que usted, pero afortunadamente me di cuenta al poco tiempo que no puedo amargarme y sufrir por cosas que no puedo cambiar.

Todos nos haremos viejos algún día, eso es inevitable. Así que si no lo podemos cambiar... ¿Por qué empeñarnos en sufrir por ello? Soy ‘cincuentón’ y siento que soy más feliz que nunca, y eso ha sido porque aprendí a disfrutarme cada día como si fuera el último.

La vejez es simplemente el ocaso de nuestra vida y en esa etapa lo único que nos corresponde es ser felices. En ella ya vivimos lo que teníamos que vivir y ahora solo tenemos que descansar y disfrutar. ¡Obvio usted ni siquiera es viejo... Relájese!

Eso sí: Dependerá mucho de su presente la calidad de su vejez, así que lo único importante en este momento es que siga trabajando, comiendo bien, haciendo deporte, riéndose y viajando para que los años lleguen de la mejor manera. No se preocupe por cosas que aún no sabe si van a llegar, enfóquese en disfrutar el presente y vivir. Un abrazo y le envío mis mejores vibras.

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