domingo 29 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Las verdaderas caras de nuestras emociones

Dicen que la cara es el espejo del alma. Y aunque podamos sonreír a flor de labios, eso no quiere decir que estemos bien. ¡Es fundamental saber cómo nos sentimos!

Es bueno que seamos propositivos y entusiastas; pero no por eso podemos creer que todo el tiempo estaremos así de plenos y de felices. Tal vez un día amaneceremos abatidos o acongojados.

No me mal interpreten, solo quiero decirles que si bien me parece acertado que exista gente optimista, no siempre será así. Mantenerse en ese estado de plenitud las 24 horas del día no es un decreto, una ley o un requisito.

¡Ni modo, hay épocas en las que nos sentimos bajos de nota! ¿O acaso no se ha levantado en esos días en los que piensa que está en un callejón sin salida y, sin saber por qué, percibe que no tiene opciones para seguir adelante?

Así como debemos apostarle a la plenitud para irradiarla, hay que poner los pies sobre la tierra y asumir que podemos pasar por días en los que no nos encontramos.

Esto no es una ‘oda’ a la tristeza, ni a la frustración, ni mucho menos a la resignación, porque nadie vino a este mundo a sufrir. Esta es solo una reflexión para comprender que, más allá de que queramos ser exitosos y felices, los malos momentos también tocan a nuestra puerta. Y si bien no hay que regocijarnos con ellos, hay que saber entender lo que nos pasa para poder sobrellevar la vida misma.

Hay que tener claro que, más allá de que nos pongamos una ‘cara de ponqué’, si no nos sanamos por dentro, la desesperación va a seguirnos a dondequiera que vayamos. ¡Creámoslo o no, todo está dentro de nosotros!

El mundo no es ‘color de rosa’. No basta con leer la Biblia o seguir estos mensajes espirituales para creer que la vida se nos resolverá. ¡Hay que ponernos manos a la obra! No podemos seguir encajonados pensando que del cielo nos lloverán las soluciones o los milagros.

Lo cierto del caso es que hay momentos en los que las situaciones que vivimos se vuelven insostenibles y afectan nuestra vida y todo lo que hacemos. Y es en esa fase, cuando tocamos fondo, que nos corresponde reaccionar y tomar cartas en el asunto.

En este sentido, un buen consejo o una actitud más sana podría consistir en observar las emociones, saber relacionarnos con ellas y tratar de aprender las lecciones que ellas nos quieren ofrecer.

Llorar, por ejemplo nos permite desahogarnos y nos libera de muchos dolores del alma; y también la terapia de la sonrisa produce efectos positivos en nuestra salud.

Simplemente hay que dejar de exigirse o de creer a juro que se está bien, porque no todo nos fluye. Es decir, la clave es lidiar bien con el malestar. Hay momentos en los que nos enfadamos y otros en los que una inusitada alegría nos invade. Es normal, somos humanos, no personajes irreales de un obra de teatro.

Las verdaderas caras de nuestras emociones

REFLEXIONES CORTAS

Las verdaderas caras de nuestras emociones

* Algunos nos aman por ser como somos y otros no nos soportan justamente porque no les agrada nuestra ‘vibra’. Total: por un lado nos van a apoyar moralmente y nos brindarán sonrisas sinceras y palabras de aliento; y por el otro, nos criticarán y cuestionarán ante cada cosa que hagamos.

* La vida consiste en cerrar ciclos, amar, perdonar y dejar lo que nos impide avanzar. ¿Cuándo saber que es tiempo de soltar y dejar ir para no estancarnos? Cuando la situación se vuelve insoportable y afecta nuestra vida y, en general, arruina la cotidianidad.

* Antes de que pueda cultivar una esperanza específica es clave determinar qué tipo de vida es la que usted anhela llevar. Tómese un buen tiempo para pensar en su mundo ideal, qué cosas incluiría y, sobre todo, qué estaría dispuesto a realizar para alcanzarlo.

* Dicen que la felicidad no viene de recompensas externas, de reconocimientos o de las cuentas bancarias, sino del éxito interno. ¡Entre más nos conozcamos por dentro, mejor! Ojo: al reducir nuestras necesidades, podemos aprender a apreciar los placeres más simples.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Las verdaderas caras de nuestras emociones

Testimonio: “Soy joven y todavía no sé qué debo hacer con mi vida. Me asaltan muchas dudas, entre otras cosas, porque no sé cuál debe ser el camino a seguir. Estoy afanado y no sé si debo hacer algo que me guste o algo que me dé plata, dada las actuales circunstancias de este mundo tan material. ¿Me podría dar algún consejo al respecto? Gracias por atender mi carta”.

Respuesta: La inquietud que usted se plantea nos enfrenta a muchos en diversas situaciones y épocas de la vida. Se trata de un asunto de gran importancia y se podría decir que es relativamente ‘normal’ que aparezca este tipo de angustias. Se lo digo porque eso quiere decir que se encuentra justo en el camino de identificar su misión.

Tener claro cómo quiere que sea su vida le ayudará a encontrar la motivación necesaria para moverse cada día en esa dirección. También será preciso dejarse llevar por sus principios e ideales.

Debe identificar y ordenar sus valores. Hacer esto es esencial, porque de esta forma podrá tomar la decisión sobre qué hacer con su vida de un modo coherente; es decir, vivir con congruencia para alcanzar una gran estabilidad sicológica y emocional.

Un profesor del Salesiano me dijo alguna vez, en una de esas clases de educación espiritual, que uno siempre debe tener cuatro cosas antes de escoger el camino a seguir.

Para su caso, y según lo dicho por el docente, debe tener claro: lo que usted ama, lo que se le da bien, lo que cree que el mundo necesita y aquello por lo que le pagarán o le será útil para sus finanzas.

Quiero que les dé respuestas a estos cuatro conceptos, porque sé que descubrirá aquello que necesita para sentir satisfacción y plenitud. ¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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