sábado 26 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Llevémonos bien, a pesar de nuestras diferencias

En estos momentos de tensión nos caería bien una gota de empatía, ser más amables y apostarle a la tolerancia. La mejor manera de ganarse el respeto es demostrándolo, incluso por encima de nuestras divergencias.
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Hoy, en medio de esta crisis por la que atravesamos, es apenas normal que queramos desahogarnos. Sin embargo, no podemos olvidar que al hacerlo podríamos lastimar o desconocer lo que otros sienten y generar una reacción en cadena que podría amargar otras vidas e incluso la nuestra.

Es claro que todos tenemos la posibilidad de expresar lo que sentimos. Pero como los demás también tienen ese mismo derecho, es fundamental ‘ponernos en los zapatos’ de nuestros semejantes.

De manera desafortunada la intolerancia y el ser presumidos nos tienen sumergidos en una falta de respeto y, en más de una ocasión, casi que nos tratamos ‘a las patadas’.

Las redes sociales, por citar solo algunos de los canales que exacerban nuestro estado de ánimo, se han convertido en unas peligrosas herramientas que expanden cualquier cantidad de rencores.

El momento presente nos obliga a tener al menos una gota de empatía. Esto significa ponernos en el lugar del otro y considerar sus perspectivas sobre la vida, sin desconocer sus sentimientos o creencias.

No es necesario pensar o sentir igual; es cuestión solo de tener en cuenta que los demás tienen derecho a opinar y nuestro deber es intentar comprenderlos, así no compartamos sus posiciones.

¿A qué viene todo esto?

A que cuando somos capaces de entender de qué manera otros se sienten, podemos respetar sus espacios e incluso logramos interactuar con ellos más allá de que pensemos distinto.

Y lo más importante es que desde ese punto de vista transformaremos la comprensión en compasión. De esta manera también ayudaremos y aportaremos nuestro ‘granito de arena’ para calmar y apaciguar un tanto este ‘mar de nervios’.

Lo mejor es que desde la compasión usted y yo podemos conformar un contagio emocional positivo que, sin lugar a dudas, tendrá un efecto revitalizador en la convivencia que todos debemos preservar y que se hace tan necesaria en estos tiempos difíciles.

Hacer esto también nos alimenta el alma, porque cuando nos llevamos bien, el buen ambiente se convierte en un poderoso refuerzo personal y anímico.

Los comentarios malintencionados no nos alimentan y sí ocasionan un mal ambiente que pueden llegar a ser ‘dinamita pura’. Debemos neutralizar los aportes incendiarios que solo generan más violencia.

Y esa es una tarea de todos nosotros, incluso debemos cumplirla en la misma cotidianidad.

Por ejemplo, cuando escuchemos algún chisme asegurémonos de que nuestra primera reacción sea imaginarnos cómo nos sentiríamos nosotros mismos si estuvieran hablando de nuestra vida. Esto nos ayudará a conectarnos con los sentimientos de la otra persona y a rechazar la situación.

Además, el ejercicio empático también nutre nuestra vida pues nos permite aprender de la visión ajena, enriqueciendo el prisma de la realidad con perspectivas diferentes.

Es preciso ser amables, saber escuchar y sobre todo no pretender que somos los únicos que tenemos la razón. En todas las situaciones hay un ‘ser’, un ‘parecer’ y un ‘de pronto’.

¡Les envío un abrazo a todos!

REFLEXIONES CORTAS

* Hoy no es un día más, es el gran principio de otra oportunidad para ser feliz y seguir adelante con su vida.

* Los hombres fuertes son los que saben sonreír todos los días, aún teniendo tantos motivos para llorar.

* Nadie derrumba a quien Dios levanta, ni nadie derrota a quien Jesús protege. ¡Tenga fe, pues Él lo bendecirá!

* No juzgue a nadie, menos por las apariencias. El corazón más rico se esconde bajo la ropa más pobre.

* Viva sin rencores y sin nada que le manche el alma; pero tenga memoria para que no lo vuelvan a maltratar.

* Cuando dos almas están destinadas a estar unidas, sin importar la lejanía, finalmente estarán juntas.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Soy un hombre de 32 años y estoy bastante afanado por lo que vendrá mañana, cuando pase la pandemia. ¿Qué será de mí? ¿Será que podré recomponer mi mundo o la cosa se complicará más? Quisiera adelantarme en el tiempo para ver qué me espera de una vez por todas. No es que hoy esté a la deriva, porque afortunadamente estoy bien de salud y no he perdido mi empleo; pero sí paso la noche en vela imaginando mi futuro y lo que seré una vez el virus se debilite. La impaciencia por mi porvenir me carcome. ¿Qué cree usted que debo hacer? Espero que me asesore con sus consejos. Gracias por su atención”.

Respuesta: Cada cosa tiene su momento bajo el cielo; mejor dicho, cada día tiene su propio afán. Concéntrese en lo que es más importante ahora: ¡En su presente! No deje de dormir pensando en lo que vendrá mañana. ¿Para qué se desgasta?

Sepa, eso sí, que al tiempo usted tiene conducirlo llevando las riendas de su propia vida, permitiéndose aprovechar cada día con buena vibra, siendo feliz y, sobre todo, asumiendo las responsabilidades cuando le corresponda.

Fíjese en las estaciones, las cuales marcan momentos importantes en el año y, tal vez sin saberlo, ellas nos ayudan a todos a reajustar cosas en nuestra cotidianidad interna y nuestras actitudes externas.

¿Cuál es la prisa por saber qué le deparará todo esto mañana, máxime si sabe que es un hombre tan joven?

Eso de querer adelantar el reloj solo alterará y distorsionará su cotidianidad, además de multiplicarle los nervios.

¡No se ocupe antes de tiempo! O sea que es prudente dejar el acelere.

La paciencia es necesaria para vivir en el aquí y en el ahora, disfrutando del momento, viviéndolo con entusiasmo y siendo consciente del mismo.

Su reto no es preocuparse por lo que vendrá después de todo esto, su desafío consiste en afrontar lo que está viviendo hoy y buscar su plenitud.

Así las cosas, es importante saber que el aprovechamiento de este momento será el que al fin de cuentas le hará concretar las oportunidades que la vida misma le ofrezca.

Siempre he creído que lo mejor de la vida no se planea, simplemente sucede.

Con todo esto que le digo no le estoy sugiriendo que viva ‘al garete’. ¡Ni más faltaba! Solo le aconsejo que se relaje un poco y que entienda que esta época que vive es una oportunidad propicia para revisar lo andado, valorar lo alcanzado, analizar lo que siente y buscar lo que le falta.

Sin dejar de ver la realidad y sin olvidarse de vivir cada día con el mayor entusiasmo posible, encuentre de qué forma puede generar cambios positivos en el día a día, intentando transformarse para bien e implementando algo nuevo en la medida de lo posible.

Aproveche este tiempo de pandemia para tomar una pausa prudente en medio de su diario quehacer, que le permita tener la conciencia necesaria para reorientar o confirmar si la ruta que lleva lo está alineando con sus sueños, con sus proyectos y con su felicidad.

También es preciso recordar que Dios tiene un plan perfecto para usted y obviamente debe reconocer y esperar el tiempo del Señor para usted.

Por último, aprenda a confiar no solo en su propia intuición sino también en Jesús. Hágame caso y verá que poco a poco se le darán las cosas. No se afane tanto, pues le esperan mil bendiciones.

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