domingo 08 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Los aprendizajes del fracaso

¿Quién no ha tenido un resultado adverso? Es obvio que todos queremos que las cosas nos vayan de la mejor manera posible. No obstante, si fracasamos eso no significa que sea el fin de todo.
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¿Qué tan preparados estamos para afrontar la amargura de un fracaso? Difícil pregunta, sobre todo sabiendo que no queremos trastabillar en nada.

A pesar de que hagamos las cosas bien y con amor, no estaremos exentos de dar un paso en falso.

En determinadas circunstancias y más allá del empeño que les imprimamos a nuestros objetivos, a veces es preciso asumir que esos logros que tanto deseamos no se nos darán por algún motivo en especial.

Si no tenemos presente eso, en cualquier momento usted y yo podríamos ingresar a la enorme lista de individuos que se sienten fracasados, frustrados o desdichados ante el más mínimo revés.

Y si no tenemos la suficiente entereza para superar los baches de la vida podríamos colapsar.

He seleccionado hoy el tema del fracaso porque todos, de alguna forma, hemos sentido las nefastas consecuencias de no lograr algún objetivo. Cuando eso nos pasa, el abatimiento, el estrés, la depresión y la inseguridad son las peores secuelas.

Ante un fracaso solo hay dos opciones

1. Aprender la lección.

2. Corregir y recomenzar.

De cada fracaso debemos obtener una enseñanza y ver ese traspié como una oportunidad de hacernos más fuertes.

El fracaso no es el final, incluso puede ser el comienzo de algo mejor.

Fracasar no significa que no hayamos logrado nada, sino que hemos aprendido algo, que estuvimos dispuestos a probar y que de ahora en adelante debemos hacer las cosas de otro modo.

Lo ‘positivo’ del fracaso es que nos recuerda que somos vulnerables y, al mismo tiempo, nos enseña a aceptar que no somos perfectos y que, por ende, hay que buscar razones para empezar de nuevo y trabajar con más tesón.

Debo reiterar que cada fracaso es una experiencia personal que, si no se sabe manejar, puede traer consecuencias devastadoras.

Y es que la vivencia del fracaso se relaciona mucho con la autoestima. Es decir, la reacción de una persona ante un hecho crítico depende de lo que piense de sí misma.

Un fracaso de cualquier tipo puede ser un reto para salir adelante en algunos; y para otros (los que generalmente se sienten fracasados) es una crisis en la cual se quedan adoloridos o culpando a los demás.

Alguien que tiene una baja autoestima se enfrenta a la vida con pocas herramientas y tiene un nivel de frustración muy bajo; y por eso cualquier hecho lo altera.

La persona que se siente ‘hundida’ es muy consciente de su estado y eso a su vez le resta iniciativa, autonomía o seguridad para asumir nuevas posiciones o retos.

Mejor dicho: El fracaso es un asunto de actitud mental. Considero que toda frustración debe ser superada.

Además, el éxito nadie lo tiene garantizado en ninguna actividad. Pero si cualquier tarea o situación se mira con seguridad y se fijan metas y se hacen proyectos y además hay constancia, existen grandes posibilidades de sacarla adelante y de sentirse bien, aunque algo pueda salir mal.

Entre tanto, una persona con poca autoestima ve más rápidamente los ‘peros’ y las dificultades, y en vez de buscarles alternativas se frena para actuar. Ahí los resultados negativos son casi garantizados.

¿Cuáles son las limitaciones que usted tiene en la vida?

Debe plantearse metas que pueda cumplir y trabajar por ellas.

Esta es una invitación a asumir la responsabilidad de sí mismo, de sus actos y de sus sentimientos. No espere que cambie el mundo exterior, pues el entorno no lo hará si usted no cambia desde adentro.

Haga un balance de su vida actual: salud, finanzas, trabajo, afectividad, imagen, etc... Luego pregúntese ¿Cuáles de esos aspectos le gustaría cambiar?

Piense que podrá hacerlo y que debe intentar lo que se proponga. Obviamente debe tener el propósito y actuar. Si se queda solo con el deseo, nada logrará. ¡Dios lo bendiga!

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio:

“La vida me tiene frente a un penoso caso: a mi mujer le diagnosticaron cáncer terminal. Tiene apenas 34 años, no es justo. Ella está devastada y yo con ella. Ante esa noticia, recuerdo que le he sido infiel y que, aunque ella me ama, la he tratado mal al no saber valorar su gran amor. ¿Qué hago para ayudarla y para no tener esos remordimientos?

Por favor, espero que conteste mi carta. Necesito unas palabras de alivio”.

Los aprendizajes del fracaso

Respuesta:

La vida está llena de penosos momentos que nos estrellan contra la realidad y que, a su vez, mueven muchas fibras ante lo que somos y nuestra forma de actuar.

No me quiero imaginar lo difícil que debe ser enfrentar algo así, tanto para usted como para ella. No obstante, debe saber que no hay circunstancia negativa que no podamos transformar en algo positivo.

¿Sabe algo? Muchas relaciones se hacen más fuertes durante el tratamiento del cáncer; incluso conozco casos exitosos en los que el apoyo de la pareja no solo dignificó la situación, sino que generó milagros.

Asegúrese de ayudar a su pareja, no tanto por sus remordimientos sino porque usted puede llegar a ser justo la ‘medicina’ que ella requiere para sobrellevar esta dura etapa.

¿Cómo hacerlo? Simplemente puede expresar su agradecimiento y hacerle saber que usted entiende que este también es un momento difícil para usted, pero que juntos lo van a afrontar.

Ahora más que nunca usted y su pareja necesitan funcionar como equipo. Quizás ayude si los dos analizan las cosas y toman con gallardía esta dura etapa.

No olviden que la plegaria puede ser un gran bálsamo para los dos.

Debo decirle que a pesar de lo mal que se pueda estar sintiendo frente a su forma de actuar en el pasado, eso ya quedó en el ayer.

¿Qué saca con hacerse recriminaciones? Ya lo único que le queda es el hoy y el tiempo que aún le resta para compartir con ella.

De nada sirve lamentarse y darse golpes de pecho por lo que pasó. Esta es la última oportunidad que tiene para reivindicarse y hacerla lo más feliz posible en nombre de lo que construyeron juntos. No es solo la oportunidad de ella de ser feliz, sino también la de usted.

Es importante que entienda que todo en esta vida pasa para algo. Todo deja un aprendizaje y una reflexión.

Es tiempo de que pueda reestructurar muchas cosas en su vida que quizá lo han alejado de ser un hombre feliz e íntegro. Quizá ella ya no estará con usted mañana, pero lo acompañará en cada paso que dé si usted se lo permite.

En la vida muchas veces nos enfrascamos en cosas sin importancia y empezamos a dejar de lado lo realmente importante. Estoy seguro de que usted tomará las riendas de su existencia de otra manera gracias a esta experiencia, y por lo tanto empezará a ser un hombre más consciente de sí mismo.

Ánimo que aún falta mucho por vivir, y la vida le está poniendo esto en el camino para que valore más el futuro que tiene en sus manos. Su esposa estará orgullosa de usted.

Dios les dé a los dos fortaleza para afrontar este momento. ¡Un abrazo y mil bendiciones!

REFLEXIONES SUELTAS

¡Piense bien!

El pensamiento negativo genera energía gris y al final se transforma en ‘mala vibra’ y estrés.

Cosechará

No se canse de hacer el bien, porque quien da sin esperar nada a cambio cosecha bendiciones.

Sabiduría

Es inteligente el que sabe hasta dónde ir y más sabio el que sabe a dónde ya no debe volver.

Sea alegre

El buen humor, la risa, el reposo y la alegría recuperan la salud y traen larga vida por siempre.

¡Adelante!

Las cosas buenas llegan a los que saben esperar. No se rinda y siga adelante tras su meta.

Agradezca

Al terminar su día agradezca a Dios, aunque haya sido pesado o estresante. Mañana será otro día.

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