jueves 07 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Los pensamientos negativos nos mantienen aprisionados

Si nuestros pensamientos son grises o negativos, nuestra cabeza se convierte en un absurdo ‘calabozo’.
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Muchas de las cosas que nos pasan se convierten en ‘problemas’ por el descontento con nosotros mismos y porque solemos indisponernos por bobadas. Lo peor es que eso hace que terminemos presos de nosotros mismos.

¿Por qué llegamos a ese extremo? Porque a nuestra mente le gusta levantar barrotes que convierten nuestra cabeza en una cárcel.

No hemos sido capaces de ‘mantener a raya’ ciertas necedades y terminamos abatidos.

Además, la velocidad de los pensamientos aumenta de manera especial con las cosas que calificamos como ‘malas’. No nos hemos adiestrado para atraer cosas esperanzadoras y, por el contrario, insistimos en meter en nuestra cabeza cuanta basura podemos.

Todos deberíamos permitir que nuestros pensamientos se abonaran con los más nobles propósitos.

Una buena estrategia, en ese sentido, consiste en aprender a escuchar la voz de Dios, no como un susurro en las alturas sino como la certeza de poder despertarnos cada día con una sonrisa a pesar de las complicaciones.

No se puede pagar por el milagro de despertar un día más, pero aún así Dios nos los regala cada 24 horas. Él nos da los árboles y ellos florecen en primavera sin cobrarnos ni un peso por ello.

Además podríamos empezar por entender que la palabra de Dios está dentro cada uno de nosotros.

Los pensamientos negativos son verdaderas prisiones. Cada idea pesimista lleva implícita una connotación no favorable del contexto de lo que estemos afrontando.

Él, con su bendición, nos ilumina, nos corrige y a la vez nos recompensa; y nos perdona y al mismo tiempo nos devuelve la gracia.

El Creador tiene un efecto positivo en nuestro espíritu, alma y cuerpo; así como la medicina hace milagros en el enfermo: si nos lastiman, Dios nos restaura; y si nos desprecian, nos traicionan, o nos hieren, sea por la razón que sea, Él siempre tendrá la capacidad de valorarnos y sanarnos.

Los buenos días no se dan, ellos se hacen. Siempre será bueno dar lo mejor de cada uno de nosotros, para que al final el balance de la jornada sea óptimo.

Recordemos que lo mejor de la promesa de Dios es que ella no solo se pronuncia, sino que también se construye.

¿Cómo llevar este mensaje en nuestra vida diaria si, con relativa frecuencia, nos enfrentamos a situaciones tensas y a problemas económicos?

Volvemos al principio de este texto: debemos eliminar de una vez por todas los pensamientos negativos. Al hacerlo, nos liberaremos y transitaremos por el camino que nos conduce al éxito, a la productividad y a la a expresión de nuestro potencial.

Además, con el Creador el asunto no es solo de abrir la puerta de la celda; también con Él se encuentra la verdadera ruta de la serenidad.

Nuestra felicidad no puede depender de las circunstancias externas y ella debe convertirse en un sano hábito. Este ideario pasa por creer en uno mismo, disfrutar de la vida y entender la importancia de confiar en Dios.

Hay que evitar las amarguras; usted y yo no somos felices por lo demás, sino porque tomamos la decisión de serlo. Jamás dejemos de sonreír, porque cuando compartimos nuestra sonrisa se abre un mundo de posibilidades alrededor.

En síntesis: si queremos alcanzar la paz, debemos empezar por nuestros propios pensamientos.

Es decir, procuremos que las cosas que lleguen a nuestra cabeza nos conecten con la calma antes que con el caos. La felicidad parte de lo que ocurre dentro de nosotros, no afuera.

REFLEXIONES CORTAS

Los pensamientos negativos nos mantienen aprisionados

* En muchas ocasiones, las dificultades y las dolencias físicas tienen su origen en una actitud hostil ante la vida. Visto desde esa perspectiva, en sus manos y en su mente está su sanación. ¡Practique la serenidad como una terapia!

* Hay que decir que la gente sincera dice la verdad porque mentir le produce vergüenza. Recuerde que con las mentiras se puede llegar bien lejos, lo que no se puede hacer es regresar. Si entiende eso, sabrá lo ‘malo’ que le resulta engañar.

* No existen coincidencias en la vida. Usted, yo y todos caminamos cada día hacia lugares, situaciones y personas que nos corresponde vivir o conocer. Tarde o temprano tendremos que cumplir esos destinos que tiene nuestra existencia.

* Cuanto más sienta que tiene un propósito, menos solitario se verá. Sentirse útil suele ser el mejor vitamínico. Abra sus manos y cumpla esa misión que le brinda una valiosa paz interior, sobre todo durante los tiempos difíciles.

* Algunas herramientas para aliviar el estrés son muy concretas: hacer más ejercicio, ingerir alimentos saludables y plantear conversaciones sanas. Sin embargo, la forma más precisa de aliviar el estrés es la espiritualidad.

* ¡Me gusta la sinceridad! Por eso siempre será valiosa esa gente directa y honesta por naturaleza; esa persona que sobresale, sin pasar por encima de nadie; y sobre todo, ese hombre o esa mujer que si tiene que decir algo se lo dice sin excusas.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Los pensamientos negativos nos mantienen aprisionados

Las angustias asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan muchas inquietudes, sobre todo en esta época. Pero con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá su inquietud. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Aunque planeo las cosas y quiero que todo me salga como yo lo diseño, a veces algo no me funciona. ¡Eso me saca de quicio! Me gusta tener el control de lo que hago, pues no quiero que las cosas se me salgan de las manos. Me fastidia que la gente no vaya a mi ritmo y por eso discuto con frecuencia. ¿Qué me sugiere hacer?”.

Los pensamientos negativos nos mantienen aprisionados

Respuesta: ¿Qué saca con querer controlar? Usted no tiene que responder por todo, ni mucho menos tiene que disponer sus asuntos como un ‘relojito’.

A veces hay que cederles el control a otros. Si aprende a conjugar en el tiempo preciso el verbo delegar, desarrollará la capacidad de mantener la relación en una perspectiva de cercanía y no de conflicto. Además orientará sus cosas hacía la serenidad, hará parte de debates productivos y, lo más importante, jamás perderá tiempo en discusiones sin sentido.

¿Qué saca con convertir su entorno un ambiente tóxico? Vivir así no alimenta el espíritu.

Usted tiene la responsabilidad de sentirse parte de una comunidad, pero al mismo tiempo debe darse cuenta de que no es responsable de todo lo que sucede en la vida.

Obviamente puede compartir con quienes le rodean la carga que conllevan los tiempos difíciles, al igual que la felicidad que brindan las cosas buenas de la vida.

Sin embargo, no todo se explica, no todo tiene respuesta, no todo se planea, no todo es justo, no todo es lógico y no todo sale como uno lo anhela. Esas son realidades que debe tener en cuenta para que no se amargue tanto la vida.

Dé más de lo que recibe, vea lo bueno en las personas y en usted mismo; acepte a los demás como son, sin juzgar; sea humilde para escuchar; admita que puede estar equivocado en algunas cosas; y respete la posición del otro. ¡Hágame caso y verá cómo todo le fluirá!

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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