martes 21 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Los vacíos que sentimos

Los sentimientos de vacío que solemos experimentar, en el fondo, son voces de alerta que nos recuerdan que algo nos falta y que debemos corregir o recomponer el camino.
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Todos, en ciertos momentos, percibimos un entorno gris a nuestro alrededor. De manera inexplicable nos sentimos vacíos a pesar de que, en muchos casos, no afrontamos mayores vicisitudes.

Lo cierto es que hay cosas que no logramos descifrar y que definitivamente hacen mella en nuestros estados de ánimo.

¿Qué es lo que nos sucede?

Que se están uniendo emociones negativas que comienzan a nublarnos el panorama. Así las cosas, es preciso dedicarnos unos minutos para reflexionar sobre el ‘porqué’ de tales grados de desmotivación.

¿Acaso algo nos desilusionó? ¿Realmente estamos enfocando nuestra vida por el camino que es?

Sea como sea, esa angustia tiene una razón de ser. Cada quien debe examinarse, revisar en lo más profundo de su alma y encontrar el motivo que le hace sentirse así.

Puede ser que nos estemos dejando llevar por una inusitada ‘ola de aburrimiento’, de esas que por temporadas arrasan con todo.

Muchas veces eso que nos pasa, en gran parte, es consecuencia de cómo nos tratamos a nosotros mismos, de qué cosas nos remarcamos, de qué nos decimos en nuestros diálogos internos y hasta de cómo hablamos de nosotros mismos ante los demás.

Debemos tener mucho cuidado porque los vacíos son sensaciones que podrían lesionar nuestra alma o causar heridas si no sabemos manejarlas.

Si pretendemos tener una vida significativa es importante tenernos como aliados a nosotros mismos; y eso no es posible si todo el tiempo nos estamos criticando y recordando los desaciertos y lo supuestamente ‘fracasados’ que somos.

No podemos dejarnos hundir con pensamientos grises.

Y si sentimos que vamos a tocar fondo, revisemos nuestro interior para identificar los factores que provocan ese cúmulo de emociones. ¡Solo así podremos salir del hueco en el que estamos!

Desahogarnos es muy saludable en estos casos. Hablar de lo que nos atormenta puede ser una buena manera de comenzar a sanar nuestras heridas emocionales.

El tratamiento debe perseguir, en primer lugar, el reconocimiento de nuestros vacíos y la necesidad de buscarle un sentido a lo que estamos haciendo, plantearnos objetivos vitales y, en general, abrirnos a nuevas oportunidades.

Es preciso mirarnos por dentro. Esta búsqueda interior nos ayudará a detectar qué es lo que ha faltado en nuestra vida o qué debemos hacer, en lugar de buscar cosas fuera de manera desordenada.

Claro está que si el tema es clínico, debemos pedir ayuda profesional. No siempre tenemos todas las herramientas que necesitamos para solucionar nuestros problemas.

Ojo: Pedir ayuda no significa que seamos débiles; todo lo contrario, es un indicio de que tenemos la madurez y la capacidad de darnos cuenta de que necesitamos a alguien para salir de estas angustias existenciales.

Los vacíos que sentimos

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las angustias asaltan con relativa frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan muchas inquietudes. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila a este correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá su inquietud. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Estoy en un dilema: no disfruto de mi trabajo, pero me pagan muy bien. A veces pienso en renunciar de un día para otro, pero me da miedo saber que ya no ganaré el dinero que necesito para vivir de una manera cómoda. ¿Qué hace usted cuando le toca hacer algo que no le gusta? ¿Qué me aconseja? ¿Renuncio o sigo? Gracias por atender mi caso”.

Los vacíos que sentimos

Respuesta: Le diría que en cuestión de dilemas laborales hay dos grupos de empleados: uno es el que prefiere un trabajo bien remunerado, aunque no le guste; y el otro, el que prefiere un trabajo que le gusta, aunque no se gane tan bien.

Le recomiendo que haga un balance y que se responda esta pregunta: ¿Qué pesa más sobre usted: el dinero para vivir cómodo o sentirse pleno en la oficina? Cualquiera que sea la decisión, debe tener presente que si renuncia o si se queda ganará ‘algo’ y al mismo tiempo ‘perderá’ otra cosa.

Obviamente esa decisión es muy personal y por eso no puedo darle una respuesta en concreto. No obstante, déjeme plantear algo que debe analizar antes de cualquier circunstancia.

Si bien podría decirle que renuncie, no me parece indicado dar ese paso en estos tiempos, mucho menos “de un día para otro”, como dice en su carta.

Yo le diría que debe analizar que nada en la vida es para siempre. Desde mi perspectiva, el continuar en la oficina, el estar en movimiento, el sentirse útil en algún cargo laboral y el aprovechar la oportunidad de servir, además de la buena remuneración, son factores claves.

En vez de ver lo negativo del puesto que desempeña, encuéntrele sentido y sáquele el mayor jugo posible. Trabajo es trabajo. Es un deber y hay que cumplir.

En mi caso, cuando debo hacer algo que no me gusta, me fijo más en los ‘pro’ que en los ‘contra’. Ahora bien, siempre le pongo empeño a lo que hago, me guste o no, porque he descubierto que no hay nada más satisfactorio que emprender una labor y llevarla a feliz término.

Sé de docenas de personas que hoy son exitosas y que, en algún momento, pasaron por un proceso difícil como el suyo; pero finalmente triunfaron desde sus propias oficinas.

De alguna forma, un trabajo lo lleva a otro y es probable que ese puesto que hoy tiene le abra otras puertas. Eso sí, la disciplina será fundamental, sobre todo cuando se tiene un propósito específico.

Aunque no le apasione lo que hace, existen formas de mejorar o cambiar la perspectiva de eso que no le apetece.

Por otro lado, si trabajar en donde está le está arruinando la vida, lo tiene estresado, lo atosiga, no lo deja estar en paz y no le permite ser usted mismo o se siente realmente infeliz, tendrá que dar un paso al costado.

Analice bien y proceda como le dicten su corazón y su intuición. También pídale a Dios sabiduría para actuar. Me cuenta cómo le va.

REFLEXIONES CORTAS

Los vacíos que sentimos

* Es mejor vivir con un ‘¿se acuerda?’ que con un ‘¿se imagina?’. Arriésguese, no se quede con las ganas de saber qué pasaría. Dese la oportunidad de escalar en la vida.

* Cuando Dios permite cambios sustanciales en su vida o en su cotidianidad, Él no lo hace para destruirlo sino para llevarlo a lo que realmente le corresponde.

* No existen mayores secretos a la hora de salir adelante; basta con hacer las cosas con dedicación, estar callado mientras todo se da y después cerrarle la boca a más de uno.

* Cargamos perturbaciones por mucho tiempo, pero solo cuando decidimos ser valientes podemos tener la capacidad de levantarnos y afrontar lo que venga.

* ¡Ojo con lo que piensa y con lo que afirma! Recuerde que las palabras y los pensamientos tienen tanto poder que usted termina convirtiéndose en lo que habla y en lo que piensa.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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