jueves 11 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

Nada bueno deja el husmear la vida de los demás

La persona chismosa se ‘nutre’ de falsedades y casi siempre tergiversa la información de los demás. ¡Aléjese de esa gente!
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Suelen hablar de todo aquello que les gustaría hacer y que por alguna razón no han logrado; además, mantienen una profunda dependencia del entorno social y prácticamente se podría decir que sus vidas se concretan a husmear el proceder de sus vecinos. ¿Los conoce? Hablamos de los chismosos.

De manera desafortunada a diario en nuestros ambientes de trabajo y en las reuniones sociales esos sujetos ‘tejen’ y lideran conversaciones tendenciosas y maliciosas, las cuales difaman o ultrajan a los demás.

La verdad es que estas personas, que se vuelven tóxicas hasta más no poder, disminuyen la confianza entre los compañeros y amigos, convirtiendo las agendas y las actuaciones de quienes están a sus alrededores en sus ‘comidillas’.

No hay nada que cree un peor ambiente que el chisme. Incluso, en las Sagradas Escrituras, de manera más exacta en uno de los apartes de Proverbios, se lee que la perversidad de la lengua quebranta nuestro espíritu.

Este apunte sagrado es válido para estos tiempos de habladurías en los que vivimos. Hoy, en medio de tantas mensajes que suelen hacer eco en las redes sociales y en las conversaciones de amigos, somos víctimas de mentiras y de rumores.

Las dos acciones, la de mentir y la de ‘chismear’, desatan ambientes de hipocresía, de falsedad y de tensión, los cuales son capaces de destruir todo lo que se les atraviese en el camino.

Tanto mentir como rumorar son las formas más morbosas de ‘hablar del prójimo’. De manera desafortunada, esas son dos de las actividades que más les gustan a los imprudentes.

La esencia de estos venenos es siempre la misma: ‘rajar de los demás’, ‘chicanear’ y aparentar.

El chisme es el adorno desproporcionado de algo que ocurrió. Mejor dicho: cada uno le da su toque o su distorsión personal.

El rumor o la mentira lastiman. Las personas inescrupulosas, esas que se entrometen en todo, al mejor estilo de los grupos que antes conformaban las señoras envidiosas y que vivían ocupadas de la desgracia ajena, solo ocasionan problemas, enredos y malos momentos.

¿Cómo contrarrestar los chismes?

Es un asunto de decisión personal. Para eliminar la toxicidad que generan las habladurías, es clave crear una cultura en donde compartamos historias positivas sobre el trabajo, sobre la vida, sobre nuestras agendas, en fin...

Si lo hacemos, veremos como el simple hecho de hablar y resaltar las cosas buenas de nuestros semejantes puede llegar a expandirse y generar la satisfacción de saber que estamos rodeados de gente sana, honesta y transparente.

Ojo: la lengua siempre nos pasará la cuenta de cobro cuando de hablar mal de los demás se trate. Si difamamos a alguien, al final lo dicho se nos devolverá. ¡Digamos no al chisme!

BREVES REFLEXIONES

Nada bueno deja el husmear la vida de los demás

* Las mejores hojas del ‘árbol de la vida’ son las que tienen valor: hablo del respeto, de la lealtad, de la sinceridad, de la honestidad y del amor. Los valores son principios que nos permiten orientar nuestro comportamiento hacia el bien.

* Es mejor retirarse y dejar un bonito recuerdo, que insistir y convertirse en una verdadera molestia. No se pierde lo que no se tiene o lo que no es suyo; y no se puede aferrar a alguien que definitivamente no se quiere quedar.

* Cada quien actúa según su esencia, según sus principios y según sus sentimientos. Un hombre ‘malo’ nunca cambia, así se le trate como rey. Si entendemos eso nos evitaremos más de un mal momento.

* Dese cuenta, de una vez por todas, que el perdón no se trata de aceptar, de olvidar o de excusar el feo comportamiento de los demás; es cuestión de dejar ir eso que le hace daño y, sobre todo, evitar que alguien le destruya su corazón.

EL CASO DE HOY

Nada bueno deja el husmear la vida de los demás

Las angustias asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan inquietudes, sobre todo en esta época. Sin embargo, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y de aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al e-mail: ardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Me siento solo, aunque debo aclararle que tengo un trabajo y llevo una vida relativamente normal. Aunque no es que esté desesperado por vivir rodeado de mucha gente, creo que me hace falta tener más contacto con los demás. A veces no sé qué hacer, pues paso demasiado tiempo de mi vida sin compañía alguna. ¿Qué me aconseja?”

Respuesta: Le podría enunciar varias estrategias que le ayudarían a aceptar su soledad, a mejorar su ánimo y, al mismo tiempo, a conectarse con la gente; sin embargo, primero será preciso que usted mismo identifique la causa de sus sentimientos y, en general, debe responderse esta pregunta: ¿Por qué me siento solo?

Tal vez le resulte difícil ser dolorosamente honesto con esa respuesta, pero debe tener claro el motivo por el que ha llegado a tal situación en su vida. Una vez tenga claro el origen de su soledad, será el momento de reconciliarse con ella o incluso aprender a cambiar sus perspectivas, ya sea mejorando sus habilidades sociales o participando en más agendas, si eso es lo que le interesa.

Ahora bien, no piense que por estar acompañado usted será realmente feliz o se sentirá mejor.

La verdad es que no lo digo yo, lo dicen varios sicólogos: la soledad no es tan mala como la pintan.

Es decir, si se siente solo debería sacarle una buena tajada a esa situación y empezar por disfrutar ese estado. Si lo hace, podrá descubrir que pasando tiempo a solas se conocerá mejor, ordenará sus pensamientos y, al mismo tiempo, entenderá más cuál es su misión en esta vida.

La propuesta es que se sienta cómodo en su propia compañía; eso es algo que a muchos les ha servido para nutrir su autonomía y de paso para proyectarse hacia los demás.

Otra sugerencia: una de las maneras de aliviar la soledad y que le haría dejar de pensar en ella consiste en hacer algo por los demás.

Un espíritu solidario y lleno de fe es más compañía que un tumulto de gente. ¡Ánimo que su situación no es tan grave! Dios lo bendiga.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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