domingo 10 de febrero de 2019 - 12:00 AM

¡No le demos tanto poder a lo que piensan los demás!

Somos demasiado sensibles a las opiniones que otras personas tienen de nosotros. Creo que, con relativa frecuencia, les damos una excesiva relevancia a ellas y nos centramos con mucha insistencia en lo que podrían estar pensando ‘los otros’ de nuestras vidas.

Si para ejercer nuestra libertad esperamos que los demás nos den sus vistos buenos, nunca lograremos nada.

Debemos actuar libremente y según nuestros rectos criterios, sin atropellar a nadie y sin pensar que hay que mantener contentos a ‘x’ o a ‘y’ persona.

Hoy planteo este tema porque, de manera desafortunada, a veces nos la pasamos buscando la aprobación ajena.

Lo esencial es lo que sentimos y lo que queremos, sin que por eso tengamos que asumir una posición egoísta.

Las cosas que tienen buenas influencias en la vida son esas que hacemos por convicción o por principios.

No les estoy diciendo que nos hagamos los de los ‘oídos sordos’ o que no seamos respetuosos de los otros. La idea es darles prioridad a nuestros sentimientos y tener un cambio de mentalidad, de tal forma que las ‘necedades de otros nos resbalen’.

Hay que aprender a ser diferentes a los demás sin preocuparnos por ello; convencernos de que nuestro destino es ‘solo nuestro’ y que nadie tiene derecho a juzgar las apreciaciones o los planes que hagamos.

Liberémonos de la necesidad de los aplausos y del reconocimiento de los demás porque, de esta forma, encontraremos las vías de las mejores realizaciones.

No pensemos que estamos obligados a ser perfectos, pues en últimas somos seres humanos y, como tales, tenemos derecho a cometer errores, entre otras cosas, para crecer e ir ganando en experiencias y en sabiduría.

Nos corresponde promover y desarrollar los verdaderos talentos y todas nuestras capacidades.

La madurez y el sentido de superación que apliquemos a la vida nos llevarán a la conquista de las metas que nos propongamos, sin contar que eso nos dejará plenitud.

¡No es ir a la ‘topa tolondra’ por la vida!

También necesitamos ser prudentes al actuar. Debemos tener presentes que nuestras debilidades pueden pasarnos la cuenta de cobro.

Tampoco podemos pretender que el ‘hacer lo que queremos’ implica caminar por senderos de irresponsabilidad o del azar.

No serán ni las loterías, ni los brujos, ni los santos quienes harán el trabajo que solo a nosotros nos corresponde realizar.

No sigamos levantando ilusos castillos en el aire, ni nos la pasemos quejándonos de las adversidades o de las circunstancias de la vida.

¡Decidámonos a construir cosas reales!

De esta forma, los cambios que tanto deseamos dar a nuestra vida se convertirán en realidades palpables y concretas.

Abandonemos de una vez por todas y olvidemos para siempre los obsoletos hábitos.

Aunque algunas personas muy apegadas a los conceptos tradicionales aseguren que hay que amar la fuerza de la costumbre y tenerle cierta prevención al cambio, no tenemos por qué creerles demasiado porque en realidad no tienen razón.

Es hora de abandonar esas rutinas y empezar a actuar más con la lógica que con el tradicionalismo y las costumbres.

Es tiempo de mandar a recoger ciertas tradiciones, tanto en lo accesorio como en lo fundamental, antes de que empecemos a odiar el mundo y a aburrirnos con nuestras rutinas y con el ‘qué dirán’.

El caso de hoy

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. Ellas rodean los pensamientos, los atosigan y a veces logran intoxicarnos; tanto que no encontramos respuestas satisfactorias. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o empleando terapias de saneamiento espiritual. ¿Cuáles son esos temores que asaltan su alma? Cuénteme su caso a través del correo: eardila@vanguardia.com

Testimonio: “Me atosiga un remordimiento profundo por algo que hice y que no he podido superar. No quisiera contarle de qué se trata en esta carta, porque hace parte de mi intimidad. Le aclaro, eso sí, que no es ningún delito ni un asunto de desamor. Decido escribirle porque, a cada instante, tengo presente esa sensación de culpa. Me gustaría saber qué podría hacer para erradicar esta pesadumbre y este desasosiego”.

Respuesta: Eso que me cuenta es algo ‘relativamente normal’ y no exagero al decirle que nos ha pasado a todos en algún momento de nuestra vida.

De entrada debo decirle que hay que saber enfrentar esa situación difícil y protegerse del ‘aguacero’ de pensamientos que ella le ha dejado y que, por lo que percibo, lo ha golpeado más de la cuenta.

Usted tiene tres opciones con ese remordimiento que lo asalta una y otra vez: 1. Insistir en recriminarse; 2. Dejar que el tiempo pase y pueda serenarse; y 3. Terminar con él de una manera tajante.

La primera salida no me parece ni válida ni útil, tampoco es saludable. La segunda podría funcionarle, siempre y cuando se relajara y asimilara lo que pasó sin que tenga que sufrir; y la tercera consiste en ponerle punto final a todo esto.

Pregúntese: ¿Cuál es la salida que le podría funcionar?

Me parece que debe aceptar que ese remordimiento existe, pero al mismo tiempo tiene que desterrarlo.

No se juzgue más ni se castigue con tanto desasosiego. Dese un respiro y deje de cargar con ese pesado bulto.

Hágame caso porque los efectos de la culpa son interminables; y si no la frena siempre escuchará ese murmullo al oído, el cual no se cansará de acusarlo.

Pienso que no puede permitir que ese sentimiento de culpabilidad lo siga intranquilizando. ¿Para qué se angustia?

¡Lo hecho, hecho está!

La culpa es un ‘estado de pelea’ entre usted mismo y la idea que tiene de cómo debió actuar en ese momento fallido. Es solo cuestión de enmendar y no volver a cometer el mismo error.

Yo sé que no es fácil hacer ‘como si nada hubiera sucedido’. Pero le garantizo que si se enfoca en conseguirlo, se dará cuenta de que puede perdonarse y, poco a poco, comenzará a obtener resultados satisfactorios.

Casi siempre, cuando uno mismo reconoce el error termina identificando una salida digna. También es clave que usted mismo le apueste a su paz interior.

Es importante que busque la ayuda de un profesional si siente que las cosas se le salen de las manos.

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