martes 06 de octubre de 2020 - 12:00 AM

No más llanto, dígale adiós a la ‘quejadera’

Quejarse a toda hora de la vida no es para nada saludable. Más allá de las dificultades o de los problemas, no puede quedarse en el gran vacío que siente o en el desaliento en el que está sumido. Es mejor ser una persona propositiva y asumir el reto de vivir con la ‘mejor vibra’ posible.
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Reconozco que durante los últimos meses, con todo esto de la pandemia, puede haber experimentado el dolor o la tristeza en muchas ocasiones. Sin embargo, recuerde que algunas tribulaciones, de esas que le mueven el piso, son necesarias para que sea más fuerte y valiente.

No se destruya usted mismo con las lamentaciones, ni deje que los problemas acaben con su alegría. ¡Usted es más fuerte que todo lo supuestamente ‘malo’ que le está ocurriendo en la vida!

La ‘quejadera’, sin quererlo, puede convertirse en un enorme obstáculo, peor que las penas del alma. Incluso puede ser algo más complicado que una limitación física o que el mismo virus.

No fije demasiado su atención en la tristeza que lo embarga; tampoco en las dificultades del día, porque al hacerlo, su mente subconsciente formará un muro de contención que bloqueará su felicidad y lo mantendrá abatido a toda hora.

Muchas veces los dolores de los demás, en comparación con sus quejas habituales, no dejan de ser ‘insignificantes’. Usted puede valerse por sí mismo.

Si aspira a que lo aprecien, no debe rebajarse ni pasarse la vida por ahí lamentándose de todo lo que ha querido ser y que no ha podido realizar.

Para qué quejarse de su pesada carga y vivir diciendo que la vida ha sido injusta. Si bien no hay que estar desconectados de los problemas que se le presentan, es fundamental no afanarse más de la cuenta y aprender a sobrellevarlos.

Todos tenemos al frente del camino la misma opción y esa no es otra cosa distinta que la de seguir caminando con entereza. Los que se detienen y cuentan a todos los vientos sus pesares, siempre encuentran personas que se compadecen, pero ¡no más!, pues al final les quedará la misma miseria.

Por eso todas las mañanas, después de haber conciliado el sueño y dar gracias por el nuevo día, elija borrar de su mente los malos pensamientos.

¡Piense que puede y podrá!

Cuando la salida no esté en donde usted la busca, intente por otro lado o con otros medios. No gaste sus energías en lamentarse, sino en construir.

Siempre podrá hacer cosas grandiosas, sobre todo si nutre su propia fe y si se deja sostener en las Manos de Dios.

Y si ha cometido errores, recuerde que tiene el día de hoy para corregirlos todos y para aprender por medio de ellos las enseñanzas que correspondan.

En cualquier trayecto que siga deberá dejar su marca, no importan las circunstancias o las condiciones; debe continuar edificando su vida y, de paso, honrando la memoria del Creador.

Crea en usted mismo y en los hombres de buena voluntad, en las mujeres laboriosas, en los niños que ríen y en los jóvenes que estudian. Crea en la vida y sobre todo en la semilla que germina en su propio corazón.

REFLEXIONES CORTAS

* Recuerde que todas las bendiciones que hoy tiene se las debe a Dios. ¡Cada día agradézcale al Creador!

* A veces se gana, en otras ocasiones se aprende. No tener éxito no es fracasar, es solo un llamado a mejorar.

* Al final las piezas terminan encajando. Mientras tanto, ríase de la confusión y viva cada momento.

* El mayor error de las personas es intentar sacarse de la cabeza aquello que no es capaz de sacarse del corazón.

* ¿Por qué será que nadie aprecia el valor de los momentos hasta el día en que se convierten en recuerdos?

* Suele suceder que nos aferramos tanto a alguien, que se nos olvida que podemos conocer a alguien mejor

¡CUÉNTEME SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Hábleme de ellos para reflexionar al respecto en esta sección de Espiritualidad. Envíeme su testimonio al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “En medio del desdén en el que ando, siento que mi vida carece de sentido. Todo es rutina, solo hay trabajo y cada día me aburro más. Lo más grave es que no he podido sacudirme de esta situación. Con el paso de los años he ido perdiendo el entusiasmo y no veo claro mi futuro. ¿Qué debo hacer?”.

Respuesta: Si hoy su vida no tiene sentido, nada impide que pueda hallarle alguno a partir de ahora mismo. Si se siente así es porque está inmerso en alguna insatisfacción, tal vez por metas no cumplidas.

Todo esto puede haber surgido de la frustración o de la desesperación por algo que no marche según lo que usted había soñado y, en el fondo, eso lo pudo desanimar. Le corresponde escudriñar al respecto sobre esto que le digo.

Haga una autoreflexión profunda para detectar qué fue lo que le ocurrió o por qué que cayó en ese tedio “en el que anda”, según sus propias palabras.

¡Renuévese! Mire su entorno con optimismo. Piense en grande y sus hechos crecerán, so pena de quedarse atrás. Cambiar su vida solo depende de su voluntad, de nadie más.

Al final, el entusiasmo en la vida es un acto de amor con usted mismo, que le permite elegir ser feliz y vivir enamorado de su mundo.

¡Por eso, debe cambiar de actitud! Y ese gran cambio va de adentro hacia afuera. Usted tiene más que alas para volar, solo basta con encender el gran fuego que hasta ahora tiene apagado. Para ello, sea consciente de que usted es el capitán de su vida.

Si la oportunidad no viene hacia usted, debe ir hacia donde ella esté. No existen límites para la mente, solo aquellos que de manera inexplicable usted mismo admite.

La filosofía del ‘no puedo’ ha sido la causa de muchas ruinas. En cambio, la confianza es la llave mágica que abre las puertas del éxito y de la felicidad.

Hay muchas maneras de entusiasmarse nuevamente, sin contar que por fortuna tiene un empleo. Si quiere reconciliarse con las ganas de vivir, debe descubrir otras perspectivas.

Por lo que interpreto entre las líneas de su carta, veo que su vida está impregnada de un absurdo desgano que lo lleva siempre a hacer las mismas cosas.

Es normal quedarse atrapado en la cotidianidad, sobre todo cuando se está desorientado. Estas cosas pasan, pero eso no significa que tenga que estar condenado a vivir aburrido. ¡Ni más faltaba!

¡Ya es hora de dedicarse más tiempo! Y la tarea que le propongo es fácil: se trata de elegir actividades que le devuelvan la vida y le hagan recuperar el matiz de su rostro.

Los verdaderos placeres son los que lo reconectan con las ganas de vivir. Hablo de aquellas actividades que, sin siquiera sospecharlo, se convierten en una forma sana de conseguir energía.

Elegir actividades que le devuelvan el entusiasmo es la solución al fuerte hastío que siente.

La vida se disfruta con pequeñas cosas y en sus propios ‘cuarteles de paz’. La magia consiste en nutrir esas ganas de ser feliz con un poquito de sazón y chispa.

También aprenda a valorar las bendiciones que ha recibido y agradezca por cada día, cada experiencia y cada acontecimiento que deba enfrentar.

Pídale a Dios sabiduría y serenidad para saber cómo actuar. No desperdicie su vida aburriéndose; decida sonreír. ¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

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Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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