sábado 10 de agosto de 2019 - 12:00 AM

No nos neguemos a ver la realidad

A veces aceptar es dejar de sufrir. ¿Qué sacamos con enemistarnos con la vida? Mejor levantemos la mirada, observemos nuestros horizontes y sigamos creciendo.

Pese a que la vida ‘suele cantarnos la tabla’, por física necedad nos la pasamos dando ‘palos de ciego’ que al final nos sumergen más en nuestras amarguras.

Le damos la espalda a la verdad, entre otras cosas, porque nos encaprichamos con causas perdidas.

¿Por qué será que no atendemos las señales que el mundo nos da?

Eso nos suele suceder no solo con los proyectos fallidos, sino también con muchos sucesos incómodos y difíciles que alteran nuestra armonía.

En síntesis estoy hablando de que no somos capaces de aceptar la realidad.

Es como si pretendiéramos acomodar a como dé lugar cada cosa que nos ocurre o como si quisiéramos ignorar lo que la vida nos está mostrando.

Nos hemos empecinados a forzar situaciones, a pesar de que el entorno nos advierte que no todo se puede hacer a nuestro modo.

En el fondo cada traspié solo evidencia ciertos problemas personales, emocionales o laborales que no tomamos en cuenta.

Aunque cada fracaso o cada suceso adverso nos enseña algo, no caemos en cuenta que estamos fallando por algún motivo o circunstancia.

Luego, cuando nos estrellamos, nos frustramos.

Bastaría con asumir que debemos enmendar y encontrar el camino correcto para crecer.

No podemos insistir en querer tapar el sol con las manos o pensar que debemos escapar a toda costa.

Los problemas solo se resuelven favorablemente cuando tenemos el coraje de enfrentarlos con mentalidad adulta, con valentía de guerrero y con corazón noble y generoso.

En lugar de huir de las situaciones nos corresponde abrir bien los ojos y procurar sacar el máximo provecho de cada lección.

¿Qué sacamos con ofrecer tanta resistencia a lo inevitable?

Resistir es oponerse a la cruda realidad. Lo peor es que proceder de esta forma nos llena de más rencores y amarguras que, en últimas, nos aceleran y nos quitan la serenidad y la paciencia que requerimos para seguir adelante.

Todas las situaciones, sobre todo las imprevistas, retan nuestra capacidad de acción para descubrir otras formas armoniosas de enfrentar las dificultades del diario transcurrir.

Si no queremos perder la objetiva y exitosa perspectiva de la verdadera realidad debemos dejar de ser tan obsesivos, ser más resilientes y tener claro que la vida continúa.

Cuando nos encontremos con problemas por resolver abramos la mente, seamos propositivos y tengamos la suficiente dignidad para manejar cada momento con el mayor decoro.

Si logramos actuar con maestría estaremos capacitados para enfrentar aquellas situaciones futuras que para otros parecerían inabordables, pero que podremos resolver con total eficacia.

¿Qué les estoy proponiendo hoy?

Que nos conectemos con la realidad. O dicho de otra forma, que pongamos los pies sobre la tierra y encaremos cualquier situación, más allá de lo difícil que ella sea.

Lo anterior implica cerrar círculos, abrir otras puertas, entender que alguien tuvo que partir, aceptar renuncias, mirar otros horizontes, en fin...

¡Les envío a todos un fuerte abrazo!

¡CUÉNTEME SU CASO!

Las inquietudes asaltan nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad para afrontar la vida, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíeme su testimonio al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En este espacio, yo mismo le responderé. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Siempre había vivido con energía, entusiasmo y optimismo; de hecho trabajaba mucho y era muy activo en mi vida social. Sin embargo, he comenzado a sentirme desencantado; es como si mi vida pareciera haber perdido todo su significado. Podría resumirle que se me ha ido la chispa de las cosas con tanto lío económico y estrés. Lo que antes era emocionante, ahora es aburrido. Debo aclararle que no creo que se trate de un tema médico, sino de la pérdida de la importancia de muchas cosas. Yo les hecho la culpa a ciertas personas que, de alguna forma, ‘me cortaron las alas’ y me quitaron las ganas de vivir. Desde su perspectiva, qué me aconsejaría. Le agradezco que atienda mi caso”.

Respuesta: Su caso se asemeja al diagnóstico de muchas personas de nuestro tiempo. Los problemas económicos, la desconfianza en todo, la falta de oportunidades, los trabajos exagerados y con poca remuneración, las infidelidades, en

fin... Todo suma para que el estado de ánimo se vaya al piso.

No obstante, su desencanto debe tener una causa precisa que, de pronto, usted no se admite a reconocer. Examínese y sacúdase, porque eso que tiene le está pasando una elevada factura de cobro y no debe seguir nadando en la fatiga crónica, la desilusión, el descontento y la falta de compromiso.

¿Qué hacer? Considero que debe ponerse en la tarea cuidar de usted mismo y, entre otras cosas, se debe lanzar a la búsqueda de su equilibrio para cultivar más su mente y corazón.

En el fondo está descuidando ciertas facetas importantes de su vida, especialmente aquellas que podrían servirle para obtener la energía vital que necesita.

Por esta razón ha visto cómo a veces siente que no dispone de la suficiente fuerza para vivir con la intensidad de otras épocas. Si busca en su interior la energía que requiere, su modo de vivir cambiará significativamente, permitiéndose mayor alegría y felicidad.

Recuerde que usted es el único dueño de sus acciones, razón por la cual no debe andar culpando a los demás de sus errores y fracasos.

Le sugiero hacer un esfuerzo consciente para volver a empezar. Desentierre su espíritu aventurero del ayer y póngalo en marcha. Haga ejercicio, lea libros interesantes, viaje, comparta más con las personas que ama, reinvéntese en el trabajo y haga aquellas cosas que antes lo hacían feliz.

La oración también es una gran herramienta, pues con ella el Creador lo dotará de serenidad y de paz para poder continuar con su vida. Hágame caso y decida emprender hoy el día con una buena dosis de emoción. ¡Dios lo bendiga!

REFLEXIONES CORTAS

Disculparse a tiempo

Hay disculpas que llegan tan tarde, que ya no encuentran eco en nadie. Cuántos se arrepienten de algo que le hicieron a un ser amado y solo atinan a decirlo cuando esa persona ha partido. No deje pasar la oportunidad de estar en paz con quien tanto quiere. Yo sé que no es fácil pedir perdón, pero no alcanza a dimensionar lo que ese paso significa. Derribe el ego personal y admita que ha hecho algo mal.

Interesantes inquietudes

¿Por qué se complica tanto? Usted solo tiene una vida y no la debe malgastar por ningún motivo.

¿Está aburrido? Haga algo para salir de esa ‘modorra’.

Si extraña a alguien, ¿Por qué no lo llama de una buena vez?

Si quiere reunirse con alguien, invítelo a salir.

¿Tiene alguna duda de algo? Resuélvala.

¿No le gusta algo? ¡Dígalo! ¿Qué saca con quedarse callado?

¿Quiere algo? Vaya por eso. Luche por cada uno de sus sueños.

¿Le gusta algo? ¡Disfrútelo! Nada le impide disfrutar la vida.

¿Ama a alguien? ¡Dígaselo!

Se puede recomenzar

En la vida ni se gana ni se pierde, ni se fracasa ni se triunfa; en lugar de eso se aprende y se descubre.

Uno puede escribir, luego borrar si es necesario y también tiene el derecho a reescribir. Se hila y deshila y se vuelve a hilar. Todo es un recomienzo y no tiene por qué echarse a la pena. Hay que estar dispuesto a comenzar de nuevo, a superarse a usted mismo y a realizar las cosas mejor que antes.

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