jueves 01 de diciembre de 2022 - 12:00 AM

No permitamos que las crisis nos hagan estallar

Las crisis, esas que llegan como consecuencia de los problemas económicos y de las constantes afugias de nuestro tiempo, parecen ‘bombas de tiempo’ y casi siempre nos hacen estallar.

Tras los duros momentos que hemos vividos con la pandemia y con los demás dolores de cabeza que se nos han presentado, se podría decir que la salud mental de muchos de nosotros se ha visto resquebrajada.

Por eso, no me resulta extraño que muchas personas hoy digan que se sienten tristes, desanimadas y desorientadas; y que incluso estén presas de la ansiedad, del estrés y de la desazón.

Así las cosas, siempre será una buena terapia desahogarnos para liberarnos de las tensiones que nos agobian.

Las preocupaciones con el bolsillo, con los asuntos laborales y sentimentales o con las dificultades que se nos presentan en la cotidianidad nos generan confusiones.

La verdad es que todos hemos querido tirar la toalla en algún momento de las crisis. Nadie es ajeno al sentimiento de impotencia y al de frustración, ni a ese estrés que, a veces, parece no tener fin.

Y aunque somos humanos y tenemos derecho a lamentarnos, no podemos quedarnos ‘rumiando’ nuestras penosas situaciones.

En consecuencia, lo primero que debemos hacer es dejar a un lado los pensamientos obsesivos, entre otras cosas, porque ellos se convierten en ‘bolas de nieve’ que terminan aumentando nuestras angustias.

Pongamos las cosas en contra a favor. ¡Así como lo lee! Es decir, no es carreta eso de que “las crisis también son oportunidades”. Cada piedra en el camino puede ser utilizada para construirnos un nuevo trayecto. Todos deberíamos rediseñar nuestros recorridos.

Sigamos el ejemplo de las flores, que crecen en la adversidad y aún así ellas logran convertirse en las más bellas de todas. Y lo más interesante es que jamás se ‘quejan’, ni de los malos vientos ni de los cortes sorpresivos de sus tallos.

Aniquilemos los pensamientos negativos y evitemos recriminarnos por los errores cometidos. Procuremos encontrar alivio en nuestro corazón y miremos hacia el frente con optimismo.

Recordemos que cada momento difícil tiene una razón de ser. Encontremos el ‘por qué’ de los problemas y salgamos victoriosos de todos ellos.

Lo más recomendable es que nos sentemos a analizar cuáles son las razones por las que hemos llegado al estado en el que nos encontramos.

También recurramos a la oración. La plegaria, sumada a acciones concretas, nos harán ver el panorama más alentador.

¡Si nos lo proponemos, encontraremos soluciones a nuestros apuros y calmaremos a nuestros afanes!

REFLEXIONES CORTAS

No permitamos que las crisis nos hagan estallar

* Cuando algo malo le suceda, tiene tres opciones: 1. Dejar que eso que lo marque todo el tiempo; 2. Permitir que lo que le pasó termine destruyéndolo; y 3. Procurar convertir eso ‘malo’ por lo que atravesó sea una valiosa herramienta para hacerse más fuerte.

* Debemos ser fuertes para que nadie nos derrote; nobles, para que ninguna persona se atreva a humillarnos; y auténticos, para que la gente nos recuerde con agrado. Si somos resilientes y fieles a nuestras ideas, siempre nos veremos como mujeres y hombres coherentes.

* La vida es como un pocillo de café: usted decide si lo quiere dulce o amargo, frío o caliente o solo o acompañado. Finalmente usted ve el mundo que quiere o el que lleve en su corazón. Por eso, el mejor consejo es que deje de quejarse y disfrute cada instante que Dios le regale.

* Señala el Salmo 91 que: “El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente”. Esta frase lo protege de los días de peligro, de los problemas y de las maldades. Si se aferra esta oración, tendrá la protección las veinticuatro horas del día.

EL CASO D EHOY

No permitamos que las crisis nos hagan estallar

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos duros tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Durante estos últimos años he comenzado a sentirme triste y diría que eso me pasa sin una razón aparente. Es como un vacío existencial que no logro explicar. Nada me entusiasma y ante cualquier cosa me dan ganas de llorar. Eso me tiene angustiado. No hago sino pensar en cosas malas para mi mundo. ¿Qué me aconseja? Muchas gracias”.

Respuesta: ¡Tenga calma! Recuerde que la tristeza es una emoción relativamente ‘normal’ y, como tal, ella aparece en distintos episodios de nuestra cotidianidad.

No obstante, no puede seguir centrando sus pensamientos en los aspectos negativos, porque ellos no lo conducirán a nada bueno.

En su carta me dice que no encuentra las razones de ese grado de tristeza. Por lo tanto, le corresponde indagar en lo más profundo de su ser los motivos reales de esos ‘bajonazos’ en su estado de ánimo. Esa tristeza puede ser la respuesta natural a alguna situación vivida, de pronto un problema o tal vez alguna frustración por alguna forma de pérdida en su entorno.

Tal y como lo describe en su misiva, a usted esta emoción se le está manifestando con falta de motivación, desgano y llanto. Total: esos son indicios de una temporada difícil que debe enfrentar y solucionar.

Y como la experiencia concreta de la tristeza puede variar de persona en persona y de situación en situación, es mi deber decirle que debe descartar, con prescripción médica, que no esté padeciendo alguna patología.

Se lo digo porque debe saber si está o no pasando por un trastorno depresivo mayor. Además, lo que experimenta puede ser el síntoma de otros trastornos que deben ser tratados con la sabiduría de un profesional en la materia. Pídale a Dios serenidad y claridad para salir de ese estado.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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