sábado 20 de febrero de 2021 - 12:00 AM

¡No podemos acostumbrarnos a sufrir!

Puedo entender que existan momentos difíciles en la vida, pero es inadmisible no hacer algo para superar esas etapas adversas a las que nos enfrentamos.
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Hay gente que se está mojando en medio de una borrasca y, en lugar de buscar algún refugio, prefiere taparse los ojos con las manos y deja que el temporal le carcoma el alma. Es algo así como tener una herida física y, con tal de que nadie diga nada, optar por esconderla.

Por alguna razón a muchas personas las han hecho creer que están condenadas a sufrir y, tal vez por eso, se acostumbran a sumir el rol de las ‘víctimas’ y asumen que un sino trágico los acompañará hasta el fin de sus días.

De manera inexplicable hay hombres y mujeres que deciden soportar los maltratos de sus parejas; y algunos viven en carne propia matoneos o vejaciones y no hacen algo para sacudirse de ellos.

Total: hay quienes se dejan sumergir en absurdos entornos de abandono y creen que la vida que les corresponde asumir es la del llanto y la de la zozobra.

Y aunque el sufrimiento nos rodea, no creo que nadie deba refugiarse en él, ni mucho menos está obligado a llevar sobre sus hombros cargas que no le corresponden.

¡Es todo lo contrario!

Hay que hacer lo que sea posible para liberarse de los ‘tragos amargos’ y no dejar de sonreír.

Algunos, de manera errada, argumentan que Dios “nos condenó a la tragedia”. ¡Qué tal! En ninguna parte de las Sagradas Escrituras he leído que estamos predestinados a sufrir, ni mucho menos que debamos buscar deliberadamente los caminos del dolor, del castigo o de la pena.

Lo que la Biblia explica es que debemos tener entereza y hacer acopio de fortaleza cuando las tribulaciones o las duras pruebas aparezcan en nuestra existencia.

El sufrimiento nos puede llegar, pero no por eso debemos acostumbrarnos a vivir en un ambiente de pesadumbre y de melancolía.

Hay que salir de esos estados de desolación y procurar lo que todos anhelamos en este mundo: ser felices.

Por más que la adversidad nos haya trastocado, nadie vino a este mundo a padecerla.

La vida no solo es bella sino que hay que aprender a disfrutarla, con sus ‘pro’ y sus ‘contra’.

Entiendo que nuestros asuntos tiendan a complicarse, pero eso no quiere decir que por eso tenemos que padecer ‘las mil y una angustias’.

Un estómago hambriento, una cartera vacía y hasta un corazón roto pueden enseñarnos muchas cosas, pero no tienen por qué tatuarse en nuestro ADN para que, de por vida, estemos condenados a vivir bajo tales circunstancias.

Más allá de que el dolor que experimentemos sea físico, emocional o mental es preciso sanarnos, entendiendo los propósitos que llegan con cada revés.

Comprendo que, a veces, nuestro ánimo decaiga y que nos sintamos defraudados porque las cosas no van como habíamos imaginado; pero eso no implica que nos quedemos de brazos cruzados o aburridos.

Debemos aceptar lo que ha pasado en nuestra vida, el daño que nos ha hecho, el que hemos hecho, lo que ya no está y lo que ha cambiado; pero no quedarnos solo en ello.

Hacer conscientes nuestros motivos de tristeza es un primer paso; luego es preciso curarnos.

Hay tiempos difíciles y seguramente con ellos podríamos perder la fe y la esperanza. No obstante, el llamado de Jesús es a no desfallecer, a confiar en su Misericordia y a ponernos manos a la obra, para levantarnos y disfrutar cada día de nuestra vida.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Cuéntenos qué es lo que aflige su estado de ánimo en la actualidad. La idea no es solo que se desahogue, sino que pueda compartir con nosotros unas sanas estrategias para recomponer su espíritu y de paso alentar a otras personas que estén pasando por su misma situación. El objetivo es claro: que pueda mitigar los efectos de esas solitarias angustias por las que pasa. Envíe su testimonio al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, Euclides Kilô Ardila le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Todos los días hago lo mismo y, en cierta medida, afronto un tedio que no logro superar. Pasan los meses y no salgo del mismo círculo, al punto que siento que no llego a ninguna parte. A pesar de que soy joven y de que tengo posibilidades de cambiar, algo me frena. Las cosas que solían gustarme ya no son tan interesantes y en lugar de ir hacia mis metas, me veo en pleno retroceso. No sé qué debo hacer. ¿Debería cortar todo de tajo y emprender otro perfil de vida? Me gustaría leer alguno de sus consejos, porque la verdad hay épocas en las que el aburrimiento me carcome. Muchas gracias por su ayuda”.

Respuesta: No se angustie más de la cuenta; de hecho, todas las personas pasamos por períodos en los que sentimos que estamos anclados en la rutina, ya sea por ‘x’ o ‘y’ razón.

Dedíquele un tiempo prudencial a indagar o a reflexionar sobre la razón por la que ha perdido interés en lo que hacía y que tanto gozaba en el pasado.

Si siente desgano es porque el organismo y la misma mente le están enviando signos de alerta. Se lo planteo porque no puede permitir que la costumbre lo haga vivir en una jaula.

Además, leo entre sus líneas que tiene la puerta de su vida abierta para volar. Es decir, no me explico por qué permite que la rutina lo tenga anquilosado.

Eso sí, espero que no sea un ‘tema de salud’. Y de ser así, debe ponerse en tratamiento médico.

No creo que tenga que cortar “nada de tajo”, tal y como me lo expone en su carta; sin embargo, es claro que debe hacer algo diferente para mitigar el tedio.

Asuma el autocontrol y relájese, pues así será más fácil mantener la ‘cabeza fría’ y podrá pensar qué es lo mejor para salir de ese atolladero.

En otras palabras, diría que debe experimentar un cambio en la conexión que hoy tiene con su alrededor.

La propuesta es transformar esa sensación de aburrimiento en agendas entretenidas o hacer cosas que le hagan sentir la debida pasión y emoción.

No se trata de hacer nada extraordinario, sino de encontrar actividades sencillas, divertidas o menos rígidas.

Haga programas que le gusten o que no lo aten a rutinas laborales. Podría hacer ejercicio, escuchar música, leer un libro, ir al cine, compartir más con los amigos, en fin... Lo ideal es aprender a controlar la mente y garantizar que ella no lo controle a usted.

Está comprobado que el ‘ocio motivador’, entendido como dedicarse más tiempo para consentirse, es clave a la hora de superar el tedio.

No permita que las circunstancias del aburrimiento lo sobrepasen y cumpla agendas que le despierten un interés o una motivación más acorde con lo que quiera hacer con su vida.

REFLEXIONES CORTAS

* Su actitud ante la vida suele ser más importante que sus riquezas, su belleza, su poder o su realidad.

* Sus grandes éxitos en la vida no son casuales; ellos se dan cuando hace todo lo posible por superarse.

* No diga que no merece tantas bendiciones; recuerde que Dios no sabe dar poco y siempre es equilibrado.

* ¡No sea falso! La mejor forma de inspirar a los demás consiste en mostrar su verdadero rostro.

* Nada de lo que pueda escuchar será más importante que su sonrisa. ¡No permita que nada lo amargue!

* Usted puede ser muy elocuente y dar argumentos de peso; pero si no da ejemplo, todo quedará en vano.

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