domingo 13 de enero de 2019 - 12:00 AM

No se atormente cuando las cosas se le salgan de la mano

La clave no es sentirse frustrado sino entender cuál lección puede sacar de ese traspié.
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Cuando algo no le sale como esperaba a pesar de que le había ‘echado ganas’ al asunto y tenía toda su confianza en ello, ¿Cuál es su reacción?

¿De pronto se ‘baja de nota’, se aburre e intensifica sus miedos?

¿También siente unos deseos enormes de desistir de todo y se abandona a su mala suerte?

Ha de saber que si bien muchas cosas dependen de usted y de las ganas que le imprima... hay otras que no.

¡Y es así de literal!

¿Qué pretendo decirle?

Que no tiene sentido castigarse por eso. Tampoco debe dejarse atrapar por la tristeza o la depresión. Lo peor que puede hacer es caer en la enfermedad del desánimo que, al final, terminará por complicarle el panorama.

Le recalco que si insiste en permanecer frustrado por ese supuesto fracaso, se hundirá cada día más en el lodo.

¿Sabe cuál es una de mis estrategias? La oración. Cualquier barrera que se me presenta me hace elevarle una plegaria a Dios para que me dé la fortaleza necesaria para entender la situación, recomenzar o simplemente redireccionar mi proyecto.

En su caso, la prudencia y la reflexión deben arropar el momento, entre otras cosas, para aprender las lecciones de dicho traspié. Si es capaz de asimilar lo que le pasó tendrá más serenidad para ver el horizonte despejado.

Asumir esa realidad a la que se enfrenta, y que no es la que había soñado, es el primer paso para reinventarse.

No ver las cosas tal y como son es como fabricar una cruz más pesada e intentar cargarla. No obstante, el hecho de que acepte las cosas no quiere decir que tenga que resignarse a ser un perdedor. Desde ningún punto de vista le estoy diciendo que se vuelva apático. Es todo lo contrario, debe enfocarse mejor y decidir actuar para no quedarse con las manos cruzadas.

Hagamos un repaso: Es cierto que lo inevitable hay que aceptarlo. Luchar contra eso sería tanto como querer derribar una muralla de piedra a cabezazos.

Pese a ello, la vida continúa y en ese orden de ideas hay que enfrentar la situación con la mayor dignidad posible... ¡Y debe hacerlo con los pies en la tierra!

Puede ser que la solución no llegue fácilmente, pero si hay alguna esperanza de remediar un mal tiene que mirar hacia el frente.

No importa qué tanto le corten las ramas, usted sí podrá renacer. ¡Claro! Eso será posible si tiene suficiente abono para que sus hojas sigan germinando.

Una última inquietud: ¿Alguna vez estuvo en una situación muy problemática sin tener idea de cómo resolverla y, de buenas a primeras, la solución apareció?

¡Fue Dios quien tomó sus problemas en sus manos!

Eso lo menciono para que, más allá de la adversidad por la que atraviese, sepa que su fe deberá ser lo suficientemente sólida como para saber que la vida no termina en ese momento.

El Creador siempre lo cobijará entre sus brazos y le despejará el camino para que pueda levantarse.

Recuerde: Las cosas son mejores cuando usted permite que sea Dios quien esté al frente de todo y, por supuesto, cuando usted decide levantarse y crecer.

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