jueves 27 de enero de 2022 - 12:00 AM

No se trata de darnos golpes de pecho, sino de enmendar

Cuando causamos algún daño, además de arrepentirnos, debemos reconocer la falta cometida, y pedir perdón a Dios y a la víctima. Al mismo tiempo tenemos que comprometernos a no volver a lastimar a nadie más.

Uno de los refranes que más delatan a las personas en sus supuestas intenciones de redimir sus culpas es el de ‘pecar, rezar y empatar’. La vida no es una fórmula matemática para estar libre de responsabilidades.

Muchos quieren alcanzar la indulgencia de Dios pronunciando una retahíla de palabras que, en la mayoría de los casos, ni siquiera comprenden y, peor aún, creen que haciendo eso quedan absueltos de todo pecado.

¡Pero no hay tal! Pasársela con la oración en la boca, si bien es recomendable para lograr cierta serenidad en momentos de angustia, no es suficiente para estar en paz con nuestra conciencia.

Creo mucho en el Santo Rosario y sigo paso a paso todos sus misterios, entre otras cosas, porque soy un hombre de fe. Lo que no comparto es que pretendamos convertir esas plegarias en la salida para cometer una y otra vez las mismas acciones fraudulentas.

En las Sagradas Escrituras se plantea que quien confiesa sus faltas con una verdadera intención de enmendar y de apartarse de su mal accionar, alcanzará la misericordia; pero el que encubre sus acciones de mala fe con plegarias que no siente, jamás recibirá el indulto.

Y para los que pretenden encubrir sus atropellos haciendo actos como los ayunos, las vigilias, la predicación o diezmando les diría que son acciones aplaudibles, pero si no las realizan con absoluta responsabilidad y compromiso de cambio, nada lograrán.

Tengo claro que seguramente usted y yo podremos pasar como piadosos ante los demás, pero a Dios no lo podemos burlar, porque actuar sin convicción es una simple obra teatral. Este mensaje no solo va para los que oran sin saber el significado de las plegarias; también les cae a los que hacen promesas de amor que nunca cumplen, a los que se comprometen con ayudas que jamás cristalizan e incluso a los políticos que prometen el cielo y la tierra y nunca aterrizan lo que escriben en sus programas de gobierno.

¡Recapacitemos! Ojo con la esfera en la que se ha convertido la vida espiritual de muchos, la misma que pareciera tener etapas cíclicas: un rato se portan bien y se vuelven sensibles; después hacen las cosas al revés, para más tarde hacer penitencia y luego volver a delinquir y seguir el círculo.

Es cierto que nos podemos equivocar y hasta reinicidir. Al fin y al cabo la vida es una sucesión de altas y bajas; pero, en ese ir y venir no podemos transgredir las leyes divinas.

Seamos conscientes de portarnos bien, de no cometer ilícitos y de que, si obramos de manera errada, tenemos que resarcir el daño y no creer que con solo rezar quedaremos libres de culpa.

No podemos terminar de orar y luego salir a pelear, a chismear y a criticar a todo el mundo; para luego regresar al confesionario en pro de nuestra redención.

A veces actuamos de forma agresiva, con burlas y rechazos. Debemos ser conscientes del daño que hacemos al comportarnos así.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. Pero con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

No se trata de darnos golpes de pecho, sino de enmendar

Testimonio: ”Salgo en un día de sol y me llueve. No sé, pero siempre he sido un tipo con mala suerte, pues mis asuntos se me estropean. No sé por qué me sucede eso, sabiendo que hago las cosas bien y las estudio, pero al final se arruinan. ¿Qué me aconseja? Gracias por atender mi caso”.

Respuesta: Si vive pensando a toda hora que le irá mal, con seguridad seguirá atrayendo cosas negativas a su vida.

En cambio, si piensa de una manera propositiva, le garantizo que el universo entero hará que todo se ajuste para que las cosas fluyan de una manera halagüeña.

El pensar siempre en negativo supone una auténtica tortura para usted y puede llegar a acarrearle consecuencias a niveles emocionales y sicológicos.

Creo que pasa por episodios continuos de estrés y de ansiedad. Debe cuidarse para que no padezca algún trastorno mayor.

¿Qué creo que le pasa?

Que al atribuirse que es un hombre ‘con mala suerte’, tiende a ser demasiado analítico y le dedica demasiado tiempo a la situación, lo que termina convirtiéndose en una gran desventaja y en una carga de estrés que se le va multiplicando.

Así las cosas, relájese. Le hago una propuesta: ¿Por qué mejor no se siente un hombre afortunado? Como optimista, debe esperar lograr el éxito en todos los proyectos que emprenda.

Puede que no le funcione siempre, pero tener una actitud positiva lo ayuda a seguir adelante, incluso en momentos difíciles.

Procure hacer todo bien y espere que las cosas le resulten; esa convicción se convertirá en usted en una profecía autocumplida. ¡Hágame caso!

REFLEXIONES CORTAS

No se trata de darnos golpes de pecho, sino de enmendar

* Deje sus angustias y problemas más difíciles en manos de Dios. Pero al menos un día a la semana tómese un minuto para no pedirle nada y, en lugar de ello, agradézcale por tantas bendiciones recibidas. Aunque no lo pueda ver, Dios está obrando milagros en su vida.

* Hay personas con las que a veces ni hablamos, pero les guardamos un cariño especial y cada vez que las recordamos deseamos que ojalá les esté yendo bien. Eso sí, procuremos que el extrañar no nos vuelva dependientes, sino que ello sea un signo sano de aprecio.

* En ocasiones, quien se marca altas expectativas corre el riesgo de no deleitarse de los triunfos cotidianos, esos que solo las personas sencillas pueden apreciar, como el cariño, la amistad y la tranquilidad. La vida no tiene que ser perfecta para ser maravillosa.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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