sábado 25 de julio de 2020 - 12:00 AM

Nos corresponde aplicarnos una dosis de humildad

Debemos apreciar la vida tal y como ella es. Y si bien somos frágiles, podemos desarrollar todo nuestro potencial de transformación y de resiliencia para salir adelante.
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La pandemia nos ha enseñado cuán vulnerables somos. Nos mostró el lado flaco que todos tenemos y que así nos sintamos perfectos e imprescindibles el mundo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

Tal vez no hubiese sido necesaria la llegada de ese virus para comprobar esa gran verdad. Al final la confianza excesiva, la petulancia y ese afán por controlar todo dejan al descubierto nuestras debilidades.

Nos creemos indestructibles por una falsa vanidad, que no es otra cosa que la espuma del orgullo. De manera precisa, es esa arrogancia la que sale a flote y nos desnuda ante un duro revés.

El creernos invencibles nunca nos deja resultados positivos. Por eso, no podemos olvidar que lo que ahora tenemos, mañana puede que ya no esté en nuestras manos: hoy gozamos de un trabajo estable, mañana quién sabe; hoy vivimos perdidamente enamorados, más tarde ese amor puede alejarse de nuestro lado; hoy tenemos vida, mañana no sabremos.

¡Cuántos se han visto pobres de la noche a la mañana!

Porque aún con grandes fortunas, encontraremos situaciones que nos pueden hacer trastabillar. De eso hoy dan fe muchas empresas que han tenido que cerrar sus puertas ante la mirada estupefacta de todos sus socios.

Las palabras de Jesús, las cuales se pueden leer en las Sagradas Escrituras, son muy claras y reveladoras: “Todo aquel que se ensalza, humillado será”.

Nos viene bien un poco de humildad en todas las acciones que emprendamos, con pandemia o sin ella. Así seamos los grandes ejecutivos de una empresa o los modestos lustrabotas de esa misma compañía nos es preciso admitir que tenemos puntos débiles.

Lo importante es estar satisfechos con lo que hacemos, más allá de los títulos, los apellidos o la plata que tengamos.

Podemos querer ser invencibles pero al final todos, de alguna forma o en algún momento, somos vulnerables.

Les aclaro que debemos tener conciencia de nuestra fragilidad, pero al mismo tiempo podemos acudir a la energía emocional que hay dentro de nosotros para sobreponernos a la adversidad.

Si bien hay que admitir la fragilidad de nuestra especie ante las fuerzas de la naturaleza y de la fecha de caducidad de nuestro cuerpo, no podemos salir corriendo despavoridos ante tales verdades.

Es preciso que nuestro poder de voluntad aumente cada día, con la fe puesta en Dios y con la certeza de que nos irá bien.

Enfrentémonos a esta tarea con la confianza en que saldremos adelante y recordando que hoy somos lo que ayer no éramos y que mañana seremos lo que hoy no somos.

Aceptemos las circunstancias con humildad, pero sin permitir que nos acobarden los problemas cotidianos.

Reconozcamos que la idea no es desfallecer ante esta pandemia; la clave es no permanecer caídos, pues la felicidad es un estado mental que no depende de los demás, sino de nosotros mismos. En ese orden de ideas, tengamos presente que la sencillez y la humildad son nuestras mejores riquezas.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Acostumbraba a rezar. Sin embargo, siempre sentía como si estuviera hablando solo y pese a que me concentraba mi espíritu jamás sintió la paz o la alegría que -según sus escritos- se siente con el arte de orar. No entendí por qué no conseguí que mis súplicas se me concedieran a través de las plegarias. Esto me decepcionaba mucho y desistí. ¿En qué pude haber fallando? Agradezco una respuesta”.

Respuesta: Usted y muchas otras personas se sienten algo ‘decepcionadas’ porque creen que al orar Dios no los escucha. Sin embargo, Él sí atiende todos los requerimientos.

En las Sagradas Escrituras he leído que mientras le pidamos ayuda genuinamente en oración, Dios nos ayudará en tiempos difíciles. De hecho, en la Biblia se consignan muchas historias que dan cuenta de situaciones en las que los problemas se resolvieron a través de la oración.

Si usted dice que no ha conseguido una respuesta efectiva por intermedio de la plegaria es porque tal vez no es el tiempo oportuno para que eso se le otorgue. El mismo Abraham tuvo que esperar 40 años, para recibir la promesa que Dios le había dado. Recuerde que todo se da en el tiempo del Señor, no en el suyo.

A veces verá las respuestas rápidamente, en otras ocasiones necesitará paciencia y perseverancia. Pero de todos modos, jamás dude que Dios lo oye.

Le sugiero que siga orando pero con serenidad y sin vacilar, porque el que duda queda a la merced de su inseguridad.

Yo le pregunto: ¿Qué tan sinceras eran sus conversaciones con el Creador? ¿Tal vez sólo mencionaba sus preocupaciones y se olvidaba de que debe darle gracias por la vida misma? Reflexione sobre estos cuestionamientos.

Muchas oraciones son sólo balbuceos que se recitan una y otra vez, pero que se hacen sin convicción. Si es así, no puede obtener las salidas para sus problemas. El propio Moisés le enseñó a su pueblo que debía confiar en el apoyo del Señor y fue así como los israelitas se liberaron del yugo egipcio.

Pienso que debe orar hablando con las palabras que estén dentro de su corazón y pidiendo que siempre se haga la Voluntad de Él en usted. Debe sentirse cerca de Dios, pero para ello no podrá perder jamás la fe.

De igual forma, no se trata de orar y punto. Hay que pasar a la acción y trabajar para salir adelante, pues del ‘cielo nada le caerá’. ¡Ponga de su parte!

Finalmente quiero invitarlo a pronunciar una linda oración que me enseñó un gran amigo y que suelo leerla en mi corazón, de manera precisa, cuando se me debilitan las fuerzas o se desvanece mi entusiasmo. Ella dice así:

Señor mío y Dios mío, aquí estoy una vez más ante su presencia con la convicción de que me oirá. Este es un encuentro nuevo. Hoy más que nunca deseo hablarle con palabras sinceras, expresándole todos los sentimientos que tengo en el corazón y mostrándole mis mejores acciones. Quiero que este momento tenga ese halo sublime que debe tener siempre el diálogo con Mi Padre Celestial. Quiero ser un mejor ser humano y para eso necesito de su Amor, de su Poder, de su Misericordia y, sobre todo, de su Impulso. Bendiga mis sueños, mis proyectos y deme la posibilidad de realizarlos. Le suplico que me ayude a superar los obstáculos y a no dejar que nada me quite las ganas de seguir adelante. Por eso, abro mi corazón para que actúe en él. Amén.

REFLEXIONES CORTAS

* Lo que hoy es una dificultad, pronto será una bendición. ¡Dios hará milagros en usted con una gota de fe!

* Dicen que todo caos esconde una oportunidad, una enseñanza, un cambio y una nueva forma de ver la vida.

* La fe es esa luz que nos permite ver la salida a nuestra crisis. Es la llave que abre todas las puertas.

* El dolor se irá y seremos más agradecidos, más solidarios, más empáticos, más humildes y mejores personas.

* A veces una sonrisa detiene todo un mar de nostalgia. Es mejor tener el espíritu alegre y motivado.

* Espero que Dios llene su corazón con la estrella del Espíritu Santo y que ella lo conduzca por buenos pasos.

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