martes 04 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Nos estamos transformando y vamos para adelante

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No podemos pretender regresar a la ‘normalidad’ que vivíamos antes de la pandemia, pues el virus definitivamente nos cambió.

Es hora de desterrar las distracciones superficiales que nos ataban. Hay que avanzar con asertividad, dando pasos firmes rumbo a una sana transformación.

Obviamente el temor y la incertidumbre siguen latentes. No obstante, hay que vencer el miedo y despejar las dudas que hoy nos frenan.

Sufriremos si insistimos en apegarnos a lo que teníamos antes. Es decir, si seguimos aferrados a lo que éramos el camino será tortuoso.

No insistamos en apegarnos cada vez más de los recuerdos. ¡Nada lograremos con tales añoranzas!

Hay cosas que tenemos que aprender a dejar ir. Lo que ayer era verdad, hoy es mentira.

El apego es adictivo y nos frena. Ese estancamiento es el que nos produce ansiedad, lo que acaba por hacernos sentir vacíos y huecos por dentro.

Si bien no debemos resignarnos a ver nuestros sueños y anhelos frustrados; no obstante, urge el diseño de nuevas estrategias para lo que desde ya se conoce como la ‘pospandemia’.

Lo que ya no es útil tiene que desaparecer. Para vivir una nueva época, desprendida o libre, no debemos considerar nada como de nuestra propiedad.

El ‘desapego’ es la vacuna para este nuevo virus del alma, que es sinónimo de la conciencia de libertad para crear y para crecer aún en medio de la adversidad.

La verdadera riqueza es la capacidad de tener todo lo que deseamos sin forzar nada y sin que por ello tengamos que anularnos.

La vida nos movió el piso en un abrir y cerrar de ojos. Y aunque en el pasado ciertas formas de hacer las cosas nos funcionaron, ya es hora de deshacernos de ellas y de inventarnos otras estrategias que nos aporten más plenitud y bienestar.

Reitero que es tiempo de cambios y de grandes transformaciones. Asumámoslos con gallardía y sin eludir responsabilidades. De no hacerlo estaremos levantando una gran barrera para nuestro progreso personal, emocional y profesional.

Tenemos la capacidad y todo el poder para trabajar en ambientes que nos permitan descubrir otras posibilidades, sin necesidad de agazaparnos en las tinieblas o en el rol de esas víctimas que acostumbran a quejarse por todo.

Queda prohibido negarse a las oportunidades. Una dosis de valor será conveniente.

También con nuestra fuerza de voluntad podremos vencer todos los aspectos negativos, aún en lo económico o en lo financiero.

Atrevámonos a avanzar sintiendo que las cosas son posibles para explorar una nueva realidad, pero teniendo los pies sobre la tierra para no volver a cometer los mismos errores.

Descubramos esa fuerza anímica que yace en nuestro corazón y que palpita lo suficiente como para explotar todo nuestro potencial y nuestras capacidades.

Dejemos que esa energía se convierta en actividad creadora, en cambio y en evolución constante, sobre todo en la época actual, en la que debemos soltar las ‘taras’ del ayer.

¡Tengámonos fe!

Hay que recurrir a las reservas espirituales para no desfallecer en estos duros momentos.

De la seguridad, del positivismo y de la resiliencia con las que actuemos dependerán nuestros mañanas.

Sigamos confiando permanentemente en la vida misma y sobre todo en la Divina Providencia, pues así encontraremos la serenidad que requerimos.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, le responderemos. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Tengo ganas de salir corriendo y de dejar tirado todo a mi alrededor, sólo para huir de esta horrible crisis. Antes de la pandemia tenía muchas ideas en mi empresa, las cuales me daban estabilidad; pero hoy mis miedos y mis angustias me desaniman cada día más y me hacen desistir. No sé qué me pasa, pues nunca me comporté así. Lo cierto del caso es que llevo más de cuatro meses confinado, haciendo todo desde la casa y con un ‘mar de dudas’ que no me deja concentrar. Creo que mi entorno colapsará y que en el fondo no me levantaré de esta dura realidad. ¿Será que debo ‘mandar todo a la porra’? Aconséjeme”.

Respuesta: Siempre habrá una ‘excusa’ que le diga que no puede o no debe hacer lo que había soñado. Me parece que el aislamiento preventivo hoy lo tiene ‘preso’ de la ansiedad.

Aunque es relativamente ‘normal’ lo que le sucede, huir jamás será la solución. Lo que sí debe ‘mandar a la porra’, como usted dice, son los pensamientos y los sentimientos negativos, al igual que esa visión catastrófica del mañana.

Necesita reconectarse con su vida y tener una dosis de decisión para sobreponerse a la adversidad y seguir mirando hacia el frente con tesón.

Antes de tomar decisiones precipitadas, espere a que la situación se aclare un poco y permita que su corazón y su vida dejen de estremecerse.

Lo que le está ocurriendo demanda entereza y una actitud valiente para aceptar la realidad y para asumir los inconvenientes del diario vivir.

¡Este es un llamado a actuar con calma y prudencia! Si no reflexiona bien podría estar realizando sacrificios inútiles, impulsado por su afán de salir cuanto antes de ese estado de agobio en el que está.

Para comprender lo que le está ocurriendo debe buscar en su interior. Indague en lo más recóndito de su corazón para llegar al origen de ese sentimiento y para enfrentarse a él con la mayor serenidad posible.

Debe tener claro que anímicamente esta es una época de altibajos, pero ello no debe impedirle realizar aquellos deberes y tareas que le proporcionan

estabilidad.

Le recalco que un brusco reaccionar puede repercutir negativamente en su vida y por eso conviene proceder con calma. Aprenda a llevar las cargas con paciencia y con mucha fe. ¡Dios no lo abandonará!

Quiero invitarle a elevar al cielo esta sencilla plegaria: Señor, deme prudencia, serenidad y sabiduría para actuar. Haga que, por encima de las adversidades, encuentre el valor suficiente para resistir y ver más allá de los problemas. Le pido su Bendición. Amén.

REFLEXIONES CORTAS

* Cuando el juego termina, las fichas vuelven a su caja. En esta vida, más allá del cargo que tengamos, todos somos iguales.

* Aquí no gana el más astuto ni el más robusto, tampoco el más joven. Persiste el que sabe adaptarse a la evolución del mundo.

* No juzgue a alguien por cómo es; detrás de esa personalidad hay una historia que usted desconoce.

* Deje de llorar: de lo ‘malo’ y ‘negativo’ algo bueno puede aprender.

* No jure durante la prosperidad, no tome decisiones en medio del pesar y no conteste durante un enfado.

* Las cosas mejores y más bellas del mundo no pueden ser vistas o tocadas, deben ser sentidas con el corazón.

* Hay quienes piensan que el dinero “lo es todo” y se rebajan a cualquier cosa por hacerse ricos.

* El zapato que le calza a una persona, le aprieta a otra. Así las cosas, no hay una receta para vivir que sirva en todos los casos.

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