martes 09 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

Nos preocupamos por cosas que no ocurrirán

Muchas veces percibimos falsas alarmas, ya sea porque nos inventamos amenazas ante situaciones que realmente son inofensivas o porque no sabemos cultivar nuestra fe.
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Solemos angustiarnos más de la cuenta por el mañana. Por alguna extraña razón, nos la pasamos percibiendo más amenazas de las reales y minimizamos nuestras posibilidades y capacidades de afrontar cada cosa que la vida nos depare.

En ese orden de ideas, vivimos en un ‘mar de afanes’ por lo que aún no ocurre. El estrés no sería tal si entendiéramos que, según lo dictan las estadísticas, el 90% de lo ‘malo’ que creemos que nos va a pasar nunca sucederá.

Ojo: la manera como tomemos las riendas de lo que afrontamos hoy resulta más importante que el supuesto ‘negro destino’ que nos vivimos inventando con nuestras erradas premoniciones.

No estoy hablando de volvernos irresponsables, porque ser precavidos sí puede facilitar el adelantarnos a la ocurrencia de algunos peligros; pero no por eso debemos nublarnos con una atmósfera pesimista.

Es decir, la propuesta es no convertir nuestro presente en un infierno por cuenta de esa ‘montaña’ de angustias inoficiosas que diseñamos en nuestra mente.

En lugar de preocuparnos por lo que seguramente no nos ocurrirá, todos los días dediquemos un minuto para hablar con nosotros mismos. La idea es alejarnos de esas absurdas ‘telarañas’ mentales que tejemos a cada instante y le encomendemos nuestro ‘día a día’ a Dios. Al hacerlo comprobaremos que los temores que nos dan vueltas en la cabeza se desvanecerán.

Las soluciones a nuestros problemas fluyen a su debido tiempo. Con el correr de los días, lo que era una advertencia de tragedia no será más que un falso presentimiento.

Eso sí: las cosas suceden cuando tienen que ocurrir y, desde esa perspectiva, no tenemos por qué amargarnos la vida de una manera inútil.

A los problemas hay que hacerles frente a medida que vayan apareciendo, no antes ni después.

¿Queremos una respuesta sobre lo que puede ser nuestro futuro? Les planteo modificar la pregunta y respondernos de manera creativa si tenemos claro en dónde estamos parados y qué seremos capaces de hacer el día de hoy.

La Divina Providencia, como decían nuestras abuelas, nos irá dando las soluciones respectivas. Veremos que, sin casi notarlo, sobre el camino se nos van arreglando las cargas.

Eso sí, de cada traspié que vivamos aprendamos la lección que nos corresponda; pero sin olvidar seguir adelante.

Segundo a segundo y en el momento preciso iremos abriendo las puertas de nuestro futuro y daremos los pasos firmes que se requieran.

Dios y nuestros propios corazones son los que nos mostrarán el camino a seguir. ¡Tengámonos fe y vivamos cada día con la mayor serenidad posible!

REFLEXIONES CORTAS

Nos preocupamos por cosas que no ocurrirán

* Hable sin acusar, perdone sin castigar, prometa sin olvidar, conteste sin discutir, ore sin bostezar, comparta sin presumir, escuche sin interrumpir, dé sin escatimar, confíe sin titubear y ame sin exigir.

* Dios nos dio el regalo de la vida y depende de cada quien darse el regalo de vivir bien. Lo anterior implica ser feliz sin hacerle daño a nadie y aprovechando cada situación como una oportunidad para crecer.

* No dejemos de admirar a todas esas personas que son capaces de darles la mano a quienes lo necesitan, sin pedir nada a cambio. Por fortuna, aún nos quedan muchos seres solidarios.

* Pregúntese a usted mismo qué es lo más importante en su vida. Y después de que tenga la respuesta, tenga el valor y la sabiduría de construir cada una de sus agendas y acciones bajo esa filosofía de vida.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Nos preocupamos por cosas que no ocurrirán

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. Pero con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que hoy lo afectan? Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Inquietud: “Yo intento escuchar eso que llaman la ‘palabra de Dios’, pero no la puedo percibir. No es que sea un incrédulo, pero sí considero que en medio de todo el entorno hostil en el que vivimos resulta difícil estar en esa sintonía celestial. ¿Qué puedo hacer para poder escuchar la voz del Padre? Gracias”.

Respuesta: La palabra de Dios es una dulce melodía que está grabada dentro de su corazón. Esa voz lo irradia, lo corrige, lo perdona y, al mismo tiempo, lo llena de mil bendiciones.

Yo sé que el entorno actual es bastante hostil, pero eso no quiere decir que usted sea sordo y considere que no puede escuchar al Creador.

El Señor lo invita a que escuche desde sus propias reflexiones sus designios y consejos. Se lo digo, entre otras cosas, porque la palabra de Él es viva y eficaz. Además, Jesús siempre le hace un llamado para que incorpore su voz a su vida a través de la oración y pueda conducir su vida por los caminos del bien.

Tal vez su voz no sea tan estridente, hablando en términos de decibeles, pero su expresión tiene un efecto tan potente que logra conquistar su espíritu y su alma.

Lo mejor de la voz de Dios es que ella no solo se pronuncia, sino que también construye su ‘día a día’.

¿Cómo asimilar su palabra si, con relativa frecuencia, se enfrenta a situaciones tensas en el mundo actual?

El secreto es muy fácil: ¡Solo hay que querer escuchar a Dios! Ahora bien, con el Creador el asunto no es solo un asunto de sonidos. Muchas veces su mensaje llega en situaciones que parecen hablar.

Usted también encuentra su sabiduría y su voz en La Biblia, pues allí puede leer su testimonio. ¡Conéctese con su fe y póngase en la sintonía de Él!

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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